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Crucifixion, 1933. Oil on canvas, 62 x 48.5 cm. Private collection

 

 

 

 

 

 

 

Me gustó enseguida este Cristo temprano: qué pintura más indecisa, una criaturilla fantasmal hecha

con tanta torpeza, que tiene los pies de gato y los bracitos cortos, flojos, que no pueden estar clavados,

y una cabeza minúscula, de cerilla.

Un Cristo que tiene algo incompleto de medusa que se deshilacha, o de telaraña, o de algodón de

azúcar, y que está de pie, como apoyado en el suelo, erguido y equivocado de brazos.

Como si Bacon no se hubiera atrevido a clavarlo en la cruz y hubiera hecho, más bien, un resucitado

prematuro, con cierto resplandor fantasmal sin gracia, sin tensión, con los brazos de bailar una sardana.

Algo que se podría llamar sustancia y que es más bien inmaterial, indefinido, indeciso, sin rasgos,

un ser trasmutado sin acierto en algo posmortal: una criatura límite.