martes, 8 de enero de 2008

 

Crítica de “Eros es más”

Juan Antonio González Iglesias.

Visor

XIX Premio Loewe

 

 

[… ] la crítica a “Eros es más”, el libro que tanto Babelia como El Cultural

han elegido como el mejor poemario del año. Publica Visor.

[… ]

comenzamos este análisis del libro poema por poema

[… ]

empieza el poemario con el poema “Exceso de vida”  [… ] comienza con

tres versos magníficos:

 

“Desde que te conozco tengo en cuenta la muerte.

Pero lo que presiento no se parece en nada

a la común tristeza”

 

A partir de ahí, sin embargo, el poema se va diluyendo poco a poco por un exceso

de sentimentalismo que llega a rozar la cursilería y, lo que es peor, con versos que

no aportan nada nuevo al terreno poético del amor sino que suenan a leídos muchas

veces en poemarios olvidados, incluso a versos escuchados en alguna radio-fórmula:

“los besos que quedaron sin darse”, “en mi vida no cabe este exceso de vida”.

De hecho, el propio poeta -hablando a su yo poético- le dice en el siguiente poema,

“Contracandela”:

 

“Fiarme una vez más de las viejas metáforas”

 

Sabemos de la formación clasicista del poeta. Quizás sería bueno que desconfiara

algo más de esas viejas metáforas para que su poesía avanzara.

Resulta discutible la tesis sobre la que sustenta el poeta su tercer poema,

“Teoría de la fiesta” al aseverar que la fiesta se parece al universo porque es única.

Se le nota la edad y el ser miembro a una generación distinta a la nuestra.

[… ]

en el apartado poético, este poema pasa sin más con la excepción de dos versos

bellos y acertados:

 

“una vez que se ha revelado inservible la serie de los números naturales,

o la reiteración del santoral sobre las cabezas perfectas”

Mejora notablemente el nivel Juan Antonio en su siguiente poema, You Light Up My Life,

una poema de tono narrativo en su comienzo que logra su máxima expresión lírica casi

al final, cuando el tono narrativo cambia al reflexivo:

 

“creo que el filósofo no se refiere

sólo a la epifanía en el espacio,

al golpe único de la materia…”

 

Nos sobra la repetición final de los primeros dos versos. No será la única.

En “La tabla de la diversidad de los días”, el poeta comienza de manera elegante y

original para ir difuminándose, en su metadiscurso, hasta la cita intertextual de Valery,

a quien hubiera sido mejor dejar dormido en sus versos.

Idealismo por una parte, irregularidad en la calidad, por otra, marcan este poema.

 

“Octubre, mes sin dioses” es un canto con cierta originalidad a dicho mes, con

algún verso brillante

 

“las escalas coinciden con nuestras estaturas”

 

y alguno ya leído “Escribamos las cosas con letras minúsculas”.

De nuevo, el poeta se nos muestra irregular aunque su reflexión poética tiene,

en este caso, una mayor originalidad.

En “Doncel con dálmata” de nuevo el poeta comienza muy bien:

 

“Con la seguridad de los que han sido

dibujados por una sola línea”

 

Pero a partir de ahí, tanto el estruendo poético que nos producen las nike air 

como el final, tan importante como el principio, querido poeta, en donde la

ausencia de originalidad hace que el poeta funda a las dos criaturas en una sola,

nos decepcionan.

“Cuestión cuya respuesta no importa” haciendo honor a su título, pasa por

nuestros dedos sin dejar huella.

De nuevo una reflexión metapoética traída desde la anécdota filosófica y

la insistencia en la minúscula, preocupación que debe ser de carácter metafísico

porque el libro titula los poemas completamente en mayúscula y Juan Antonio

hace un uso ortodoxo de las mismas.

De nuevos, versos ya oídos en algún olvido:

 

“y este raro

placer que proporcionan

las cosas del espíritu… “

En “Ha estado en la vendimia” el poeta vuelve a repetir la figura retórica de

comenzar y acabar el poema con los mismos versos.

Lo que queda en el medio nos deja indiferentes.

En “Felicidad natural” hay ciertos ecos horacianos del beatus ille, estropeados

por una anáfora que se hace pesada y antigua.

El poema “Demasiadas cosas” es uno de los mejores del libro.

El poeta es original, moderno, no abusa de estructuras retóricas gastadas ni de

versos usados, y, lo más importante, conmueve y emociona.

Habla en él de la persona asceta, con algunos versos tan buenos como:

 

“Cada casualidad se convierte en un vínculo”

 

El siguiente poema, “El tiempo engendra décadas”, está dedicado a todo un

gran poeta: Rafael Pérez Estrada. Comienza de nuevo el poeta muy bien:

 

“El Tiempo engendra décadas

lo mismo que el Poder engendra caballos”

 

pero el resto del poema no está a la altura de su comienzo.

 

En “Campus Americano”, Juan Antonio hace una descripción larga, para lo que

suele ser la media del poemario, de la vida en una universidad americana y termina

con una breve reflexión sobre el tiempo, nada original y que no traspasa las

fronteras de la página, es decir, está muy lejos de emocionar el poeta en su

cuarenta cumpleaños.

La segunda referencia a la resurrección, la primera se encuentra en “Exceso de vida”,

tampoco está trabajada como para sacar la punta que podría haber sacado.

“En los ojos del asceta”, el poeta insiste en su edad y hace una breve reflexión

sobre el paso del tiempo.

De nuevo, lo que más falla es la poesía. No hay transmisión.

“Stripper vestido”, la desilusión de la bajada del escenario de un stripper, tiene cosas

muy interesantes. Para empezar, cierta ironía (“Al vestirse ha hecho voto de pobreza”)

que se echa de menos en otras partes del poemario, cierta maldad (“no se le acerca nadie”)

y algún verso magnífico (“Acaba de entrar en el tiempo lineal de la historia”).

En el poema “Es la segunda vez”, en el que el poeta narra el encuentro con un

pájaro azul, los toques pop que Juan Antonio introduce no terminan de quedarle bien

 

“Su breve cuerpo es más

azul que las cabinas telefónicas

de Qwest.”

 

Es como si un piloto acostumbrado a conducir coche de época se sentara a los

mandos de un moderno monoplaza. Y resulta sorprendente, casi una broma, esta

comparación: “más azul que el cielo de este día”. O usamos comparaciones gastadas

hasta la saciedad o lo comparamos con “la señal del carril bici”, en un intento popero

en que tanto al poeta como al poema se les sale la cadena, por seguir con las metáforas

malas.

 

“Difícilmente” es un poema de varios versos pero que forma una única frase.

Cierta reflexión implícita sobre el papel de la poesía y del periodo que te toca vivir.

No aporta nada.

“Vltimvs romanorvm” es una breve narración sobre una canción de Robbie Williams

en la que pronuncia unas palabras de San Agustín.

Un brevísimo canto a la carne, que se queda a mitad, como si esperáramos que

algo nos fuera a emocionar en algún momento. Pero no lo hace.

 

El poema “Málaga” va dedicado a María Victoria Atencia, una de los miembros del jurado.

Qué bonito. De nuevo un poema de corte horaciano, de alegría, de canto a la vida,

de lo sencillo, pero todo, de nuevo, leído ya muchas veces, sin atisbo de originalidad,

lo que hace difícil que la poesía llegue.

 

En “Destinados al olvido”, el poeta, a través de un banco y de su inscripción, hace

una pequeña reflexión sobre el tiempo y el olvido.

El nivel poético sube respecto a la media del libro y en la tercera vez que el poeta usa

la palabra resurrección, su uso es mucho más acertado.

Hay por fin otoño de verdad en el poema. Hay poesía.

“Correspondencia” saca de nuevo una anécdota universitaria, de biblioteca, para alabar

tanto a Frontón como a Marco Aurelio, y de paso, todo lo que representan.

Se pasa con cierta indiferencia.

“En el jardín cristiano” un breve paseo por una mansión moderna nos lleva de lleno

al corazón de Eros con claras referencias bíblicas. Pero le falta algo al poema para

que la fruta que a Juan Antonio le es apetecible por primera vez lo sea también para

nosotros.

“Si me despierto en medio de la noche” continua la referencia al Eros en un tema

muy tratado en la poesía: la contemplación del amado mientras duerme.

A pesar de ser un tema manido, Juan Antonio nos logra situar en la cama con su amado

y nos hace partícipes de sus sentimientos y desvelos.

El mismo nos dice en unos versos muy acertados:

 

“En medio de la noche,

tengo de pronto un indeterminado

número de minutos

para quererte

con el aturdimiento y la clarividencia

de los desvelados”

 

Lástima que de nuevo, el poeta abuse de la retórica y comience y termine el poema

con los mismos dos versos. Innecesario. Aún así, uno de los mejores poemas del libro.

“Aikido” habla de nuevo de la relación alumno-maestro que aparecía en el poema

de Marco Aurelio y Frontón. No tiene mayor interés.

“40” nos habla de modo descriptivo de lo que hicieron tres personajes al cumplir

los cuarenta años.

Parece que el poeta se da ánimos a sí mismo. Nos parece bien pero como poema

nos pasa sin rozarnos. Debe ser la edad. Esperemos que de los tres ejemplos,

ni se le ocurra el tercero ni haga caso al primero. El segundo le pega más.

“Cumplimiento” es un breve ejercicio de ingenio, gracioso en el buen sentido.

La vida como paradoja.

En “El reinado de Adriano” el poeta nos describe algunas de las cosas que le inquietan

del mundo que le ha tocado vivir, pero es tal la brevedad, y son tan comunes los lugares,

y tan paradójico que esto se escriba en un libro premiado con el Loewe, que no sentimos

la cercanía que deberíamos sentir con el poeta, teniendo inquietudes parecidas.

En “Arte de traducir”, el poeta, traductor, hace una reflexión sobre su oficio. Sin importancia.

En “Jueves Santo” el poeta “yuxtapone” una procesión de Semana Santa con unas

personas desnudas en la playa que se encuentran cerca. Aunque la idea es original el

desarrollo se queda a medias, en nuestra opinión.

Lástima. Cuarta vez que el poeta comienza y termina un poema con el mismo verso.

“Gimnasta” es un poema narrativo, sobre como puede cambiar la vida un sólo

acontecimiento, en este caso, ganar una medalla y pinchar en una discoteca.

Sólo hay transmisión narrativa sin que haya comunicación poética. No nos llega.

“In joyful memory” podría ser muy bien el último poema del libro, pero es el penúltimo.

En él, el poeta reflexiona sobre el amor en un tono similar al del prólogo.

Un pequeño canto al amor. Hermoso y optimista.

El último poema del libro es “Hay algo en el amor”, un bello poema reflexivo sobre

el amor, sobre su lado físico, y sobre su lado metafísico, lado que el poeta insinúo

desde el primer poema. Es un buen colofón.

En resumen, nos encontramos con un libro irregular, algo deslavazado por el

hecho de que algunos muchos poemas se alejan, o aparentan alejarse, de la temática

principal del libro (la ausencia de estructura es nefasta señor Angel Luis y realmente

poco funcional), con cuatro o cinco poemas buenos, no extraordinarios, con algunos

versos sueltos también de gran calidad, pero en el que detectamos grandes carencias.

 

Por una parte, le falta originalidad al libro (el uso etimológico, es de perogrullo señor

Angel Luis, y el uso contemporáneo, pocas veces coinciden), tanto a nivel poético

como a nivel reflexivo.

Le falta también brillantez al poemario. Hay un abuso de ciertas figuras retóricas que

dan un toque antiguo al conjunto y que no aportan nada. Sólo en el encabalgamiento,

sutil, el poeta se muestra realmente bueno. Y le falta interés en muchas ocasiones.

Hay muchos poemas que nos dejan indiferentes, y que pierden en la reelectura.

Sinceramente, no creemos que “Eros es más” sea el mejor poemario publicado

en 2007. Nos parece, a nosotros, un libro sobrevalorado.

Pensamos que la crítica no ha leído todo lo que debía y que ha habido mucho

conservadurismo en esta elección.

 

¿Es un libro malo?. No. No lo es. Pero está lejos, muy lejos, de ser un libro brillante,

excelente y/o original. De ahí nuestra nota: 6,25 / 10

 

 

 

 


 

 

 

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