Era más romántico quizá cuando

arañaba la piedra

y decía por ejemplo, cantando

desde la sombra a las sombras,

asombrado de mi propio silencio,

por ejemplo: “hay

que arar el invierno

y hay surcos, y hombres en la nieve”

Hoy las arañas me hacen cálidas señas desde

las esquinas de mi cuarto, y la luz titubea,

y empiezo a dudar que sea cierta

la inmensa tragedia

de la literatura.

 

 

 

 

 

Lepoldo María Panero

El que no ve

Ediciones de la Banda de Moebius

Madrid, 1980

 

 

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