Leopoldo María Panero
en Rosa enferma.
Huerga & Fierro.

 

 

leopoldo maría panero: rosa enferma

Prólogo de Antonio Marín Albalate.

Huerga & Fierro.

Madrid, 2014. 96 páginas

colección “La rama dorada”.

 

 

‘Rosa enferma’ reúne 18 poemas en sus casi 90 páginas.

 

Un libro por cuyas páginas pasa el nombre de Evelyn, amiga del poeta, el asidero de Panero en Gran Canaria, quien, en muchas ocasiones, le pasaba sus poemas al ordenador.
Y ha sido Evelyn, quien también entregó en 2011 al editor Antonio Huerga un conjunto de poemas escritos por Panero, que forman un libro con el título ‘La flor es una mentira’, con una poesía muy cercana a ‘Rosa enferma’, pero más literario, en palabra de Huerga.
Este sería otro poemario inédito de Panero, de alto calado, que está siendo revisado por los editores para ordenarlo, contrastarlo.

 

Las citas introductorias del libro:

 

 

“Me autodestruyo para saber que soy yo y no todos vosotros”

Artaud

“El objeto del psicoanálisis no era el pan sino el bollo aquel del que hablaba una reina en tiempo de hambre”

Lacan

“Me enamoré de Cleobulo el de los dulces blancos ojos y estoy loco y no estoy loco y deliro y no deliro”

Anacreonte

 

 

El criterio o la opinión de Luis Antonio de Villena:

 

Rosa enferma son XVIII poemas que podían ser uno solo en partes. Vemos (con su fuerza y riesgo) al Leopoldo de los últimos años que opone el poema a la vida, desdeña a la raza de los hombres y piensa en la nada como reino final. “Zumo de rosas demacradas”, dice. Todo es muy suyo mentalmente: “Mi madre malamada Felicidad” (…) “La espuma que borra el crucifijo paterno” (…) “Buenas tardes, don Leopoldo, su casa ha sido derruida”, obvia alusión a Luis Rosales. “Aunque la verdad sea que no hay nada peor que la vida” (…) “Todo hombre es castillo de una princesa muerta”. Y por supuesto la frase de Derrida otra vez: “Todo poema corre el riesgo de carecer de sentido y …”. Como se vuelve a citar la destrucción como Beatriz ‘mallarmeana’… El poema “que escupe contra la vida y contra el hombre”. Y el final:

 

“Como si estuviera por fin solo

Colgado del último verso”

 

Si me preguntan y debo ser sincero, leyendo estos finales poemas con ternura y daño, diré que el gran Leopoldo está en “Narciso en el acorde último de las flautas” (1980), antes de los manicomios.

 

 

I

 

 

En cuanto a la poesía y sus registros del mal y la razón

Diré que mi cabellera es rubia como la de San Juan

Y todos los muertos rezuman incienso

Y la desnudez se opone a la diadema

Y la verdad es obscena como la muerte

Extraña fruta, Gimferrer lo dijo

Mostrando a los muertos una diadema

Para celebrar su boda con los ángeles

Con los ángeles oscuros del sepulcro

Que comulgan con piedras preciosas

Y rezan a la luna

¡Ah Juliano el Apóstata! ―Para qué vivir si me esperan llorando

Los espíritus de las estrellas―

Creo solo en ti, te rezo solo a ti

Guardián de la luz

Y señor del espejo

Porque solo en las noches canta el ruiseñor

Y solo la luna habita la miseria

Atroz del existir

En vano como una luna

En vano como un hombre hostil a sí mismo

Enseñando a otros hombres

El pez incompleto que lleva en la mano.

 

 

III

 

 

Cuando la luna se enciende en el verso

Lloran los ladrones y una red cae al suelo

Componiendo un ruido como de cristal

Qué vana es la caída, digo al verso

Qué vano es el Cristal de Bohemia masticado en la boca

Qué vano el caballo hípico que cabalga sobre las tumbas

Rezándole a la nada

Sartre lo dijo y yo lo leí en la cárcel en clase de matemáticas

“La nada corroe al ser como un gusano”

Y allí supe por boca de mi madre mallamada Felicidad

Que el hombre volverá a reinar sobre la nada

Y la nada enseñará a los hombres su mano

Que tiene el rostro pálido de la locura

Y el temblor del verso

Y el temblor del sexo diminuto de las hadas que aún no sangran

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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