1

Anoche tuve un sueño. Acompañaba a mi padre

por un camino de tierra. Los dos íbamos a caballo

y apenas cruzábamos palabras. A lo lejos se veía

la sombra de unos sauces, las luces de un pueblo

desconocido y remoto. De pronto, mi padre detuvo

su caballo y preguntó si yo sabía a dónde íbamos.

Le contesté que no. Entonces vamos bien, me dijo.

 

2

Los caballos del sueño sabían de memoria

el recorrido. Era cuestión de abandonar las

riendas, de dejarse llevar. Eso me causaba un

poco de aprensión, incluso un poco de miedo.

Mi padre, en cambio, parecía muy tranquilo.

Pensé, parece tranquilo porque está muerto.

 

3

Aquí es donde vivo, dijo como si me quitara

una venda. Fue muy poco lo que vi. Sólo un

páramo de piedras, remolinos de arenisca,

huesos de caballos amarillos. ¿Qué te parece?

No supe qué decir. Tenía sed y me dolía un

poco la garganta. Es un lugar hermoso, dijo,

pero a veces me gustaría regresar. ¿Por qué

no regresas, entonces?, pregunté. Porque es

más fácil que tú vengas me dijo. Y desapareció.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Eduardo Chirinos

un poema

de Otro páramo


 

 

 

 

 

 

 

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