francis bacon: birth copulation and death

 

 

luca della casa

 

 

 

 

 

 

EXISTENCIAS CONSUMIBLES

 

 

 

Los autores revolucionarios sufrieron bastante en la vida. Si bien, como declaraba

Charles Bukowski, un artista se expresa mucho mejor con una chuleta en el

estómago, es innegable que las dificultades, la marginación y el dolor amplificadas

por las sensibilidad del genio, contribuyen a la grandeza de sus obras.

Cuando se habla de Francis Bacon, la mayoría subscribe en resumir su labor bajo

el lema del dolor. En efecto, aunque el artista, por intransigencia hacia su propia

pintura, haya destruido muchos de sus cuadros, nos ha dejado un amplio testimonio

de sus atormentadas visiones.

 

Las razones de esta trágica manera de ver las cosas pueden ser debidas a la época

histórica en la cual Bacon ha agotado su existencia, caracterizada por un gran

fermento cultural y por las masacres de la guerra.

 

 

También a la violencia de la cual ha sido víctima, desde su padre pasando por las

tempestuosas relaciones con sus compañeros, culminando con el suicidio de

George Dyer. Seguramente el hecho de ser homosexual en aquellos tiempo debe

haber ayudado; siendo causa de la marginación más terrible, más allá de la culpa

de ser mujer, negro, drogadicto, u alcohólico… Un “vicio enfermizo” que la sociedad

reaccionaria, la minoría que detenía el poder, no perdonaba.

También influyeron las circunstancias que ninguna promesa de la era moderna

estaba cumpliéndose, siendo el pintor unos de los pocos que pudieran considerarse

existencialistas.

 

El hombre moderno, en las pinturas de Bacon, se mueve en ambientes enrarecidos,

en el vacío de la soledad de apartamentos minimalistas, bajo la luz cruel de

bombillas desnudas. Sus tintas suelen ser obscuras, pero muchas veces

engañosamente brillantes: como para subrayar la ambigua mentira que nos rodea:

el naranja, ampliamente utilizado por el artista, todavía se maneja en publicidad

para reflejar optimismo.

 

 

 

 

 

 

 

LA DESESPERACIÓN ES UN SENTIMIENTO DEFORME

 

Figuras aparentemente inacabadas flotan como espectros y nos dirigen muecas incrustadas en el tiempo, como en una

lenta apertura diafragmática de larga exposición reproducida por los pinceles del autor. En un sistema que prima la

producción industrial, la verdadera tragedia se consuma por medio del paradigma de la obsolescencia programada de

los objetos, tan asimilable a la obsolescencia programada de los individuos.

Un artefacto debe poseer una vida limitada para tener activas las cadenas de montaje, un ser humano con más de

40 años ya no es mercancía atrayente para la sociedad del consumo que lo abandona a la soledad y a la incertidumbre.

 

¿Para qué todo el esfuerzo de producir bienes superfluos que se obtiene a cambio?

Según Marcuse ”Nada que merezca la pena”… El filósofo alemán, contemporáneo de Bacon, en su “Hombre

unidimensional” afirma que el sistema moderno se apodera de nuestra vida y nos recompensa con bienes inútiles

propios de una sociedad alienante que ha reemplazando a la familia e inculcado a los hombres valores que no interesan

a ellos mismos, sino al capitalismo.

En la obra de Bacon, los gestos de las actividades cotidianas se convierten, por su escualidez y obsesiva repetición,

en imágenes esquizoides, víctimas de todas las paranoias solitarias.

 

Bacon retrata sus modelos en movimiento y con una técnica de vértigo, engendra la esencia de criaturas que salen

de sí mismas. Austeros hombres con corbata, rígidos trajes negros, desnudos o en mangas de camisas, se deshacen

frente a la cámara lenta del artista confluyendo en el desenfoque deforme de la desesperación.

 

Los cuadros de estos hijos de la modernidad son muchos más vehementes que todas las demás obras, trasudan una

violencia sorda, latente que estalla en mil fragmentos de soledad, en la oscuridad y la falta de cognición de

existencias que se arrastran sin motivo.

Bacon es unos de los raros artistas que consigue congelar los sentimientos de quien observa sus obras, lo lleva más

allá de las apariencias, hasta los confines próximos al núcleo creador que coordina el caos aparente del universo,

causando el bloqueo de nuestro sistema lógico.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“BIRTH, and COPULATION, and DEATH”

 

 

 

 

 

El arte, como decía Malraux, “es la parte victoriosa del único animal que sabe que va

a morir.” Francis Bacon está considerado entre los pintores más potentes del siglo XX.

Sus imágenes de sexo, desesperación y brutalidad no pierden fuerza con el paso del

tiempo y permanecen en la vanguardia.

Ahora más que nunca, con la crisis material e intelectual en la cual la globalización y

el neoliberismo nos han sumisos a todos, la obra de Bacon sigue ganando fuerza y

razones.

Se dio a conocer por el horror y el choque que producían sus exposiciones, hasta que

finalmente fue reconocido por su capacidad de reflejar la soledad y fragilidad humana.

 

Amante y estudioso de la fotografía, Bacon fue más allá de la mera reproducción

mecánica de las cámaras y creó imágenes híbridas hijas del óleo, que rellenaran el

vacío que separa la fotografía de la cinematografía.

Expresó el dolor ateo del vivir en un mundo sin Dios, ni esperanza de vida después

de la muerte, y la terrible pregunta sobre las razones de todo esto.

Sin Dios los hombres están sujetos a las mismas necesidades de violencia, deseo y

miedo de los animales y esto se reflejaría en el tríptico “Tres estudios para figuras

como base para una crucifixión” de 1945, la obra que entabla su evolución pictórica

inimitable.

Si bien el artista afirmara que: “…las imágenes van apareciendo. Me vienen sin saber

qué son. Si me gustan las conservo y sino las rechazo…” se puede imaginar que

extrajera fuente de inspiración de fotografías, libros, manuales y revistas (catalogadas

en más de 7000 piezas por el museo de Dublín) que tenía amontonados en el estudio

y en el garaje.

 

Bacon hizo también referencia, innumerables veces, a la obra de Eadweard Muybridge

y a sus investigaciones, mediante la fotografía, del movimiento de los hombres, de los

animales y de las máquinas.

  

 

 

 

En sus pinturas desde principios de los años 50, el artista introduce elementos de

decoración y colocas a sus sujetos en espacios claustrofóbicos y minimalistas. Las

figuras vienen enjauladas o posicionadas en cajas de cristal que acentúan la

sensación de asfixia. En esta época realiza una extensa serie de reinterpretaciones

del retrato de Innocenzo X de Velásquez.

Bacon nunca ha explicado su obsesivo interés por la representación del “Sumo

Pontífice” dejándonos a nosotros adivinar las verdaderas razones. “El estudio sobre

el retrato del Papa” de 1953, proyecta la angustia de ser Ministro de Dios, significada

por el grito del preso en la jaula.

De otra manera, en “Figura con carne” el máximo depositario de la integridad carnal

del hombre, aparece en una escenografía de carcasas descuartizadas, colgadas y

listas para la venta.

 

Acercándose a los años 60 un negro sentimiento de angustia se apodera de la obra

del artista. La serie “The man in blue” retrata una calma tensa y amenazadora. Bacon

conduce su existencia con el espantajo de la guerra fría, los excesos alcohólicos, el

rechazo por su homosexualidad y las violentas relaciones con su compañero Peter

Lacy. Todo inquietante sentimiento se destila en un hombre anónimo, aislado en

escenarios oscuros. Bacon comunica con prosa surrealista la combinación de horror y

objetos banales con la emociones de una aguda ansiedad.

 

 

 

 

 

       

En la década de los 60 una amplia parte del trabajo del pintor se concentra en los retratos

de sí mismo, de amigos y conocidos. Hay un gran esfuerzo en representar la condición

humana, intentando reinventar su comunicación mejorando la técnica de captura del movimiento.

Vuelven los colores puros y brillantes. De esta época proceden los trabajos sobre George

Dyer, un escalofriante testimonio acerca la sensación de aislamiento, fragilidad y absurdidad

de la existencia. George Dyer, que fue el más importante modelo y compañero de Francis Bacon,

con el cual tuvo relación durante una década, se quita la vida en 1971.

 

La muerte se hace evidente en los cuadros de los anos 70. Hay muchas referencias a la poesía

de T.S. Eliot y a las tragedias de Esquilo. Bacon produce unas labores imbuidas de poesía violenta

y dramática. El artista pone sobre la tela las emociones que le comunican sus autores preferidos.

En 1979 el pintor cumple los setenta años, queda una intensa vida de trabajo y de excesos.

Siente que se acerca el fin, realidad que se hace patente con la extinción de los conocidos que le

rodeaban.

 

El dolor es algo mitigado por la presencia de su joven amigo John Edwards que se convierte en

modelo y fotógrafo personal en la década de los 80.

Bacon, considerado como el artista vivo más importante, no para: explora nuevas técnicas, realiza

nuevas obras y viaja. En 1990 por fin visita, en Madrid, la gran muestra dedicada a Velázquez.

Y es en Madrid, que fue por largos tiempo la ciudad de Velázquez, que en 1992, el ateo declarado

Francis Bacon encuentra la muerte, irónicamente, asistido en sus últimos momentos por dos

monjas de la orden de las Siervas de María.

 

 

 

 

PINTO COMO UN MÉDIUM, ACEPTO LO QUE SE ME OFRECE

 

 

   

– ¿Nunca ha asistido a una escuela de Bellas Artes?

– Por suerte nunca, nunca. Me habría costado por lo menos diez años olvidar, intentar olvidar

lo que habrían intentado enseñarme.

– ¿Cómo empezó a pintar? En seguida hubo un estilo Bacon, ¿no?

– Empecé justo antes de la guerra, vi una exposición de Picasso, en la Rossenberg, me interesó

mucho. En ese momento desee pintar yo también. Mis primeros cuadros estuvieron

influenciados por Picasso.

Cuando empecé, el arte abstracto aún no había ocupado el mundo, como ahora. No había

tanta influencia americana sobre el arte, en ese momento.

El arte abstracto no me ha interesado nunca. Porque creo que no puede convertirse en

nada más que en decoración. Puede ser muy bonita la pintura abstracta. Pero nunca se

acerca a la verdad, no toca nada. No puede resultar nada más que decoración.

– ¿Está seguro?

– Absolutamente. A ver, dígame alguien que siendo abstracto haya escapado a la decoración.

– Kandinsky.

– Ah, no me gusta Kandinsky. No me dice nada.

– Paul Klee.

– Tampoco. Y en todo caso, Klee no era verdaderamente abstracto. No siempre. A veces.

En todo el arte hay un lado abstracto. Si miras un Poussin, hay todo un lado abstracto en él,

pero no me refiero a esta forma de abstracto. Hablo de cuando se quiere eliminar la

apariencia. No se trabaja sobre nada en el arte abstracto. Simplemente se trabaja el color.

Pueden hacerse cosas muy bonitas, pero yo no podría quedarme con esos cuadros. Me

molesta mirarlos. Más que molestarme, me aburren.

…Uso las fotos como un diccionario, no para copiarlas, como hacen los hiperrealistas,

simplemente como un diccionario, de referencia…

– ¿Y qué hay del dibujo en todo esto?

No he dibujado nunca. Empiezo directamente sobre la tela. Dibujo, quizás, con la pintura.

Pero si dibujara, las imágenes no saldrían iguales para mí. Porque sabe, el dibujo es muy

cerebral. Para usar realmente el dibujo hay que tener una noción exacta de lo que se quiere

hacer. Y yo me fijo más bien en si funcionan las cosas que me salen. Yo lo llamo accidente.

Cuando empiezo a pintar, y no hablo de retratos, tengo una cierta idea de lo que querré

hacer. Pero pintando esta idea cambia continuamente y las imágenes van apareciendo. Me

salen sin saber qué son. Si me gustan las conservo y sino las rechazo.

…Las imágenes llegan por accidente, por lo que yo llamo accidente y el accidente no

funciona siempre. Hago la pintura para mí mismo. Espero siempre que me excite. Si por azar

lo consigo, estoy contento, pero no ocurre a menudo…

– ¿Le llama inspiración a esto?

– Es una palabra tan difícil. No puedo hablar de sentirme inspirado. Pinto como un médium.

Acepto lo que se me ofrece.

– ¿Se siente poseído en algún momento, por algo que le sobrepasa?

– Del subconsciente no se sabe nada. Creo que mis visiones proceden del subconsciente.

No sé cómo llegan, pero llegan. Si no se puede enseñar a pintar es porque procede de

alguna parte del sistema nervioso. Es algo difícil de explicar, se intenta pero no se puede.

Yo ni trato ya de explicarme a mí mismo lo que hago. No lo vendo, lo hago.

Cada generación está forzada a rehacer lo que llamamos realidad. Queremos deformarla

para dar fuerza a la realidad. Ilustrar no cuenta para nada: se puede hacer mejor en

el cine…

– Le molesta que la gente insista en el aspecto violento, macabro y desesperado de su pintura…

– Si se piensa eso de mi pintura es que no se entiende la vida. Nada es más violento que la

vida mismaCreo que mis cuadros pueden producir alivio, como al final de una tragedia

griegas, o de Shakespeare, de las que sales feliz. Es una manera de purificarse por el horror.

Esquilo, Sófocles, te recomponen, algo.

– Habla de su arte como accidente. ¿Piensa lo mismo de su vida?

– Sí, es un accidente. Como no soy nada religioso creo que nacemos y morimos y entre el

nacimiento y la muerte se puede llegar a hacer algo interesante para uno mismo y de

vez en cuando para los otros.

– Pero la vida ¿no tiene sentido?

– No, no para mi…

– Ciertas personas hablan de su pintura como la de un loco, enfermo, drogado… ¿Se droga?

– No. Cuando vivía en Tánger intenté probar la marihuana, pero como soy asmático, no la

pude fumar. Una vez hice un tríptico, muy borracho, tardé dos semanas. Pero en el

fondo creo que el alcohol no me ayudó. Eres menos crítico con las imágenes que pintas

o que te salen cuando estas borracho o drogado.

– Francis Bacon, en 1977 se le consideró uno de los mejores pintores vivos. Ha sido el primer

artista que en vida haya expuesto en el Metropolitan de Nueva York. ¿Cómo se llega a

ser un gran pintor?

– Trabajando.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

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