Cuando tenía cuatro o cinco años yo entonaba

esa popular canción infantil /que llueva la vieja está en la cueva

con la música de la sexta sinfonía de Beethoven. Mi padre

miraba a mi madre y se sonreía orgulloso.

Una vez me hizo cantarla delante de sus amigos intelectuales, 

que lo felicitaron por la sólida educación clásica que me propiciaban.

Muchos años después vi “Amada Inmortal”.

De esa manera me enteré que Beethoven quedó sordo

por las palizas que le daba su padre por no ser un niño prodigio

como Mozart. Por algún motivo que todavía no comprendo, en aquel momento

no pude explicarle a mis hijos por qué lloré tanto con esa película. Algo entre mi niñez

y la sordera de Beethoven estaba sórdida, diminutamente entrelazado.

 

 

yo nena

 

 

 

María Laura Prelooker

 

 

 

 

 


 

3 Comentarios

  1. Wow, María Laura, son textos como este los que tendrían que enseñarnos en

    la escuela, inmediatamente después del b con a ba. Tendrían que sumergirnos en el lenguaje

    que está vivo quizá porque nace dentro de la vida y, en buena medida, puede, sabe expresarla.

    Gracias por compartirlo, son esos pedazos de escritura que te reconcilian con algo o, quizá en este

    caso, hacen una justicia que era necesaria ¿?

    Un abrazo. Seguí escribiendo mucho, que tengo que aprender argentino deprisa, oyés? 😎

    Narciso

  2. Disculpa: ha sido por extensión: creo que es podés -en español puedes-

    pero claro, oyés no me suena bien: oís, oíste… en español nos vamos a oyes, has oído…

    En todo caso quédate con el resto del mensaje, a ver si dejo de torturar el lenguaje 8.)

    Gracias. Narciso

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