AVES NOCTURNAS

 

Luis Antonio de Villena

No es la noche la vital fanfarria del estrépito

ni el espumoso vino que cobra o regala juventud…

La noche es la morada del solitario,

la siempre ancha casa de las estrellas errantes…

Aunque he gozado de horas de disipación y de belleza,

nunca sentí la noche, tan rica y tan profunda,

como en esos días de entresemana

en que salgo solo, raramente feliz,

y observo semidesiertas calles otoñales,

hermosos y puros árboles pelados,

frío soplando en los vientos del norte,

gente (muy poca) con las manos guarecidas 

en guantes y bolsillos, bufandas, gabanes…

Bares vacíos o prácticamente vacíos,

donde inmóviles figuras bajo el foco de luz,

se miran quietas en el espejo frontal de la barra

o contemplan la copa a medio terminar

como si fuera una pose o una actitud eternas…

La soledad habla con cada uno hondo

y, a ratos, quizás una sonrisa te recuerda otra vida.

No es mentira. Mas es tan honda esta verdad

de noche y soledad extrema, de música callada

y soliloquios íntimos

donde, recorriendo la inmensa ciudad,

oscura y vacía, eres más real y más tú

que nunca…

(Pensaba Edward Hopper: París allá. Remoto, infencundo,

perdido. No era su mundo.

Su reino fue consuetudinario, trivial. Vidas y abismo.

Lo que todos saben y ninguno lo dijo.)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

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