House by the Railroad

Casa junto a las vías del tren

Edward Hooper. 1925. Óleo sobre lienzo. 61 x 73 cm. MoMA. New York

 

 

 

 

Mark Strand

 

Hopper

 

Traducción y prólogo de Juan Antonio Montiel

Lumen ensayo

Primera edición: mayo de 2008 

de la presente edición en castellano para todo el mundo:

Random House Mondadori, S. A.

Barcelona

 

 

 

Con excepción de Aves nocturnas, Casa junto a las vías del tren es el cuadro más famoso de Hopper. Muestra la clase de escenario -una casa solitaria y aislada- con el que podríamos habernos topado en un viaje por tren, como sugieren las vías que aparecen en primer plano. Pero en este cuadro las vías pasan muy cerca de la casa.

Puede ser que sus dueños hayan sido víctimas de lo que solíamos llamar «progreso», y se hayan visto obligados a vender una parte de sus tierras (en este caso para que pasaran por ahí las vías). La casa parece fuera de lugar, aunque imperturbable, incluso digna: una superviviente, al menos por el momento. Se yergue al sol, aunque resulta inaccesible. Su ocultamiento es iluminado, pero no revelado.

Irguiéndose apartada, como una reliquia de otro tiempo, la casa es el monumento de una arquitectura condenada al fracaso, un lugar con una historia que nos está vedado conocer.

Ha sido tratada con indiferencia, y su entereza la convierte en la imagen de la rebeldía. No podemos decir sí está habitada o no. No hay ninguna puerta a la vista. Su elaborada fachada aún es hermosa, especialmente cuando el sol cae sobre ella, acentuando los detalles de su arquitectura y otorgando al conjunto de la estructura una solidez que probablemente no tenga en realidad.

Pero la luz no es convencionalmente descriptiva. El fulgor de la casa es pasajero. No podemos hacer nada: su rebeldía es de tal manera absoluta que los intentos -y ha habido muchos- de asociarla con la soledad no hacen más que trivializarla.

Del mismo modo que otras pinturas de Hopper que hemos visto, esta se organiza según proporciones geométricas. El habitual trapecio isósceles también aparece aquí, formado por los rieles en la base del cuadro y la cornisa de la casa en la parte superior, sugiere un movimiento hacia la izquierda, hacia el lugar de donde proviene la luz, pero en esta ocasión solo vagamente.

Esta direccionalidad es contrarrestada por la sólida verticalidad de la casa, su estabilidad y centralidad. La casa se resiste al movimiento, lo mismo al pasajero arrebato de la luz que al empuje del progreso o al de nuestra propia continuidad incesante.

Puede que este áspero aire de rebeldía sea lo que hace que Casa junto a las vías del tren sea tan popular.

La casa no espera nada de nosotros; de hecho, parece dar la espalda al lugar al que nos dirigimos, cualquiera que este sea. Define, con los medios más simples, más directos, una actitud de resistencia, de recusamiento de las jerarquías y, al mismo tiempo, una rendición llena de dignidad ante lo inevitable.