mark strand

[murió en noviembre de 2014]

 

la vida incesante
y otros poemas 

 

the Continuous Life
and Other Poems

 

 

Trad. de Katherine M. Hedeen

y Víctor Rodríguez Núñez

El Tucán de Virginia

México

2013

 

 

periódico de poesía UNAM

No. 77 / marzo 2015

 

 

 

 

la poesía como convergencia de encantos

 

 

 

 

                                                                                                   20. If a man does not fear death,

                                                                     he may or may not be saved by his poems.

 

La vida incesante y otros poemas presenta una muestra importante de la poesía de Mark Strand (1934-2014) de solo cuatro poemarios en un lapso de dieciséis años, aquel que va de The Continuous Life (1990) hasta Man and Camel (2006).

La antología forma parte de la colección Bífidos de El Tucán de Virginia que agrega un título más a su interesante acervo.

 

Tal selección permite darnos cuenta de la importancia de Strand en tanto que se ve manifestada –sobre todo en Dark Harbor– por un lado, una busca de voz mística y, por el otro, un apego a la concisión y a la claridad del lenguaje.

 

Strand, en sus últimos años, vivía en Madrid retirado de la poesía, según se lee en una entrevista que le hizo Ezequiel Zaidenwerg para Letras Libres (enero 2013); su último trabajo Casi invisible culmina un proceso que se columbra, en su conjunto, desde La vida incesante y otros poemas, una serie de tientos para una poética de la ausencia, esto es, una forma de preparar su partida y explicarse todo aquello que lo conforma.

En esta antología mexicana podemos leer textos como “Orpheus Alone”, una explicación particular del surgimiento del primer poema, “como todo el mundo sabe”, en que el tracio está representado como hacedor de luz y de canto:

 

La voz de la luz
Había surgido de las entrañas del fuego, y cada cosa
Se levantó de sus profundidades y brilló como nunca.

 

El poeta sabe que, si bien en cada presencia de poesía hay un elemento revitalizante, después puede llegar un elemento destructivo; parece que indica los contrastes: hay regocijo ante el poema y desesperación con la ausencia. Así, pues, dice en “Puerto oscuro, XXVIII”, donde vuelve a recurrir a la figura órfica:

 

Hay una luminosidad, una convergencia de encantos,
Y el mundo se hace mejor y árboles,
Ríos, montañas, animales, todos encuentran su verdadero lugar,

Pero solo mientras Orfeo canta. Cuando termina la canción
El mundo retoma sus viejas fallas, y las cosas vuelven a estar
Malcasadas y perdidas…

 

La presencia y vitalidad editoriales de Mark Strand son dignas de atención.

 

En los últimos años es uno de los autores copiosamente traducidos al español, labor que han realizado Elisa Ramírez Castañeda, Dámaso López García, Eduardo Chirinos, Gerardo Deniz [para Vuelta, 18 de julio de 1988] y, recientemente, Julio Trujillo y K. Hedeen y V. Rodríguez Núñez.

 

Es importante mencionar el poema de reciente difusión, “The New Poetry Handbook”, (de donde proviene el epígrafe) actualizado por el ilustrador Grant Snider –”Understanding Poetry (After Mark Strand)” [9 de abril de 2104]–, que puede dar cuenta de la relación que el poeta traza entre los libros y los lectores.

Este último es un elemento bien marcado en la antología es la figura y la importancia del libro como objeto de aprendizaje y formación vital.

 

Las referencias a la página escrita y la que escribimos, al libro que leemos, a la escritura que somos son, al parecer, importantes para Strand y, también, para los antologadores y traductores. Es de agradecer la aparición de varios poemas de “Se la vita è sventura…?”, “The Night, the Porch” o “The Next Time”, en que apunta:

 

 

El tiempo se desliza; nuestras penas no se convierten en versos,
Y lo que es invisible se queda así. El deseo huyó,

Dejando solo una traza de perfume como estela,
Y tantas personas que amábamos se fueron,…

 

La poesía de Strand permite vernos reflejados en cada verso, pues éstos nos aluden, se nos parecen, se nos quedan grabados. Poemas que nos recuerdan constantemente la presencia –incluso podría llamarse necesidad– de la poesía:

 

…piensas que quizás no seas lo que pensabas, que a partir de ahora
Cualquier idea de ti mismo debe incluir un cuerpo que encierra una canción.

 

O bien, nos insiste que debemos tener cuidado cuando viajemos por la oscuridad insonora porque

 

las leyes
Sobre la tierra se mantienen para aquellos a punto de partir,
Que es mejor estar preparados, pues la ceniza
Del cuerpo no vale nada ni llega muy lejos.

 

Finalmente, hay que decir que La vida incesante y otros poemas es un buen texto, con salvedades.

Al leer un poemario bilingüe se corre el riesgo (para el editor y los traductores; para el lector resulta una aventura) de que una versión (el original o el nuevo texto) quede empequeñecida ante la otra, ya por el talento del autor, ya por el del traductor.

 

Los poemas en inglés, al menos en mi caso, me dicen más que los textos en español; quizá haya sido mi culpa por conocerlos primero en su lengua original y, al leerlos en traducción, hay muchos versos que no poseen una buena cadencia.

No obstante, La vida incesante funciona en la medida en que presenta al lector americano poemas de Mark Strand, lo que quiere decir que la traducción posee un español más cercano (sin tantos sesgos regionales).

 

Sin duda, este libro merece, con una previa corrección y revisión cuidadosa y esmerada (hablo de ambos textos, inglés y español), una nueva edición, acaso un poco más amplia; esencialmente porque la poesía de Strand es una que, como su copa de vino, nos devuelve “a nuestra majestuosidad anterior, al pozo de nuestros deseos/ donde nos reflejamos”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

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