edward hopper

room in new york

1932

Oil on canvas

29 9/32 × 36 5/8 in.

73.7 x 91.4 cm.

Sheldon Memorial Art Gallery and Sculpture Garden

University of Nebraska–Lincoln

Anna R. and Frank M. Hall Charitable Trust

 

 

 

Mark Strand

 

Hopper

 

 

Traducción y prólogo de Juan Antonio Montiel

Lumen ensayo

Primera edición: mayo de 2008 

de la presente edición en castellano para todo el mundo:

Random House Mondadori, S. A.

Barcelona

 

 

 

 

XXVII

 

 

Habitación en Nueva York contiene otra de esas escenas que uno podría encontrarse

en un paseo por la ciudad, o mirando desde la ventana de un apartamento.

Una pareja descansa en el salón de su casa. Él se inclina hacia delante para leer el

periódico. Ella se sienta al otro lado de la pequeña habitación, mirando hacia abajo

mientras toca las teclas del piano con un dedo.

Se trata de una escena de tranquilidad doméstica en la cual un hombre y una mujer

se dejan absorber por sus propios pensamientos y parecen cómodos en el encierro

de su pequeño apartamento.

Pero ¿están realmente cómodos? El hombre lee atentamente; sin embargo, la mujer

no toca el piano con la misma concentración. Solo lo hace para perder el tiempo,

presumiblemente hasta que su marido termine de leer el diario.

Se trata de uno de esos momentos muertos que son más característicos de nuestras

vidas de lo que estamos dispuestos a reconocer. Entre todos los cuadros de Hopper,

este es el que más recuerda a Vermeer, especialmente a Mujer escribiendo una carta,

con su dama.

Allí, la mujer escribe mientras su criada, igual que la esposa de Habitación en Nueva

York, espera. La disposición de los objetos, la luz y la postura de los personajes difieren

considerablemente, igual que el hecho de que una escena sea atestiguada a través

de la ventana y otra desde un punto de vista indeterminado pero omnisciente.

Sin embargo, están emparentadas en su sugerencia de que el aislamiento puede florecer

en compañía de otro. El hombre y la mujer de Habitación en Nueva York están al mismo

tiempo juntos y separados, igual que la barca y la boya de Mar de fondo.

Pero este tiene algo que decir sobre el hábito del distanciamiento: que no solo existe entre

las parejas, sino que florece de modo calmo, casi bellamente, entre ellas.

El hombre y la mujer están atrapados, fijos en un equilibrio triste. Nuestra mirada no se

dirige a cada uno de ellos, sino precisamente a un punto entre los dos, a la puerta,

que no se ha cerrado para cada uno, sino para ambos a la vez.

 

 

 

 

Durante toda su vida Hopper declaró que su arte no era una transcripción exacta de la naturaleza, sino una condensación de muchas escenas e impresiones. “Siempre me pierdo cuando me piden hechos sobre cualquiera de mis pinturas o que describa cómo se hizo uno de ellos”, le contó a Lloyd Goodrich. “A menudo es un proceso mental muy complicado que no interesa a la gente”.

El arte de Hopper dependía de la memoria tanto como de la inspiración. Buscaba una escena típica, no única, y se encontraba que, con frecuencia, tenía que eliminar una serie de experiencias y reducirlas a un denominador común para hacer su arte. El mundo real era a menudo demasiado único, y un lugar específico a menudo no traducía la comunidad de la verdadera “escena americana”, un término que más tarde aprendió a odiar porque se asoció en la mente de muchas personas con una visión nostálgica y romántica del mundo. Su descripción a Lloyd Goodrich de los orígenes de Habitación en Nueva York (1932) subraya su método de creación:

La idea de Habitación en Nueva York había estado en mi mente mucho tiempo antes de pintarla. Fue sugerida por vislumbres de interiores iluminados cuando caminaba por las calles de la ciudad por la noche, probablemente cerca del distrito donde vivo (Washington Square), aunque no es una calle o casa en particular, sino más bien una síntesis de muchas impresiones “.

 

El espectador implicado en esta pintura es un habitante de la ciudad que, como un voyeur, conoce aspectos íntimos de la vida de los extraños. Hopper ha optado por desdibujar los rasgos faciales de la pareja y los muestra como tipos, lo que indica que nuestra visión de su mundo no nos permite entenderlos como individuos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

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