EARLY SUNDAY MORNING

1930

Edward Hopper

 

Oil on canvas

Dimensions

Overall: 35 3/16 × 60 1/4 in. (89.4 × 153 cm)

Whitney Museum of American Art, New York;

Purchase, with funds from Gertrude Vanderbilt Whitney

 

 

 

 

 

Mark Strand

Hopper

 

Traducción y prólogo de Juan Antonio Montiel

Lumen ensayo

Primera edición: mayo de 2008 

de la presente edición en castellano para todo el mundo:

Random House Mondadori, S. A.

Barcelona

 

 

 

VIII

 

 

Desde el otro lado de la calle, vemos un edificio de dos plantas que va de un extremo

a otro del lienzo. Por encima se extiende una franja de cielo azul, interrumpida a la

derecha por un cuadrángulo oscuro que sugiere una construcción aún más alta.

Es domingo, temprano por la mañana. Se proyectan sombras alargadas. La calle está vacía.

El poderoso empuje horizontal del bordillo y de las cornisas que dividen las dos plantas

del edificio y el tejado, nos hace sentir que la calle y el edificio se extienden mucho más

allá de lo que alcanzamos a ver en el espacio de la pintura.

Cuán lejos, no interesa, porque como observadores nos ubicamos aproximadamente

en el centro del cuadro, en algún lugar entre el hidrante de los bomberos y el poste

que sirve de anuncio a la barbería. Podemos estar seguros de que, en caso de ser

más extensa, la pintura solamente ofrecería una repetición de los rasgos que ya

nos resultan familiares.

No hay ninguna progresión, explícita o implícita, en las ventanas cerradas o abiertas,

en las puertas o en los escaparates. En este caso, como en otros cuadros de Hopper,

la ciudad es idealizada. La gente aún duerme. No hay tráfico. Una maravillosa suma

de quietud y silencio hace que parezca que un momento mágico está teniendo lugar,

y que somos sus privilegiados testigos.

 

 

 

 

 

Por su parte, el Whitney Museum of American Art, New York, escribe sobre la pintura: 

 

 

 

Early Sunday Morning is one of Edward Hopper’s most iconic paintings.

Although he described this work as “almost a literal translation of Seventh Avenue,”

Hopper reduced the New York City street to bare essentials.

The lettering in the window signs is illegible, architectural ornament is loosely

sketched, and human presence is merely suggested by the various curtains

differentiating discrete apartments. The long, early morning shadows in the

painting would never appear on a north-south street such as Seventh Avenue.

Yet these very contrasts of light and shadow, and the succession of verticals and

horizontals, create the charged, almost theatrical, atmosphere of empty buildings

on an unpopulated street at the beginning of the day. Although Hopper is known

as a quintessential twentieth-century American realist, and his paintings are

fundamentally representational, this work demonstrates his emphasis on simplified

forms, painterly surfaces, and studiously constructed compositions.