hotel window

 

edward hopper

 

1956–1956

 

Oil on Canvas

Size 101.6 x 139.7 cm. (40 x 55 in.)

The Forbes Magazine Collection, New York

 

 

Mark Strand

 

Hopper

 

Traducción y prólogo de Juan Antonio Montiel

Lumen ensayo

Primera edición: mayo de 2008

de la presente edición en castellano para todo el mundo:

Random House Mondadori, S. A.

Barcelona

 

 

 

 

 

 

XXIV

 

Ventana de hotel quizá nos recuerde de algún modo Motel en el Oeste: vemos a una mujer sentada

ante un enorme ventanal, a cuyos costados cuelgan cortinas de un naranja pálido. Más allá de eso,

sin embargo, los cuadros tienen poco en común.

Una de las mujeres está sentada en el cuarto de un motel, la otra en el vestíbulo de un hotel.

Las ventanas detrás de cada una de ellas ofrecen vistas que no pueden ser más distintas entre sí.

La ventana del motel deja ver un coche y algunas colinas sinuosas; la ventana del hotel nos enseña

una oscura calle cítadina.

En la parte de la calle más próxima a nosotros, hay un gran pilar parcialmente iluminado por las luces

del vestíbulo, o por alguna fuente de luz que estaría más allá del límite izquierdo del cuadro.

En el lado más lejano de la calle distinguimos apenas la fantasmagórica fachada de un edificio.

El vestíbulo, a pesar de la presencia del sofá azul en el que la mujer está sentada, de una mesa,

una lámpara y una pintura partida por la mitad por el límite derecho del lienzo, parece sorprendentemente

vacío, incluso austero. Igual que la joven de Motel en el Oeste, la canosa anciana de Ventana de

hotel elegantemente vestida con su sombrero rosado, su traje rojo oscuro y su capa a rayas azules,

parece haber sido captada en la situación de esperar.

Debe de tratarse de una espera mucho más importante. A pesar de que su postura apunta a que

está lista para partir, también sugiere que está igualmente preparada para continuar ahí, aguardando.

Ha encontrado un lugar para descansar en un momento meramente transitorio. Dirige su vista hacia

la izquierda, mira atentamente en aquella dirección, pero todo lo demás parece estar deslizándose

hacia la derecha.

En una entrevista realizada por William Johnson en 1956, Hopper hizo algunos comentarios sobre

la soledad de la mujer de esta pintura:

«¿Sola? Sí; probablemente más de lo que yo había planeado que estuviera».

Tenemos la opinión del maestro, pero no una explicación.

Desde mi punto de vista, la resistencia de la mujer frente a la direccionalidad que domina en

el cuadro termina por aislarla, la deja suspendida en un instante cuyo fin no podemos siquiera imaginar.

En Ventana de hotel, por otra parte, también hace su aparición la figura favorita de Hopper:

el trapecio; no solo como un imperativo formal, sino, incluso, como una remisión a la fatalidad.

 

 

 

 

 

De Ventana de hotel Edward Hopper escribió: “No es nada exacto en absoluto, sólo una improvisación de las cosas que he visto. No es un vestíbulo particular del hotel, pero he caminado muchas veces en los años treinta de Broadway a la Quinta Avenida y hay muchos hoteles allí, probablemente lo sugirió, solo, sí, supongo que es más solitario de lo que realmente planeé.

Hotel Window es un ejemplo clásico de la exploración evocadora de Hopper del tema del aislamiento en la vida urbana americana en el siglo XX. Representando a una mujer mayor elegantemente vestida sentada en un sofá en un vestíbulo anónimo del hotel mirando fijamente fuera de una ventana oscurecida.

El 11/29/2006 en Sotheby’s ante una sala de ventas llena de gente, Hotel Window se vendió por $26.896.000, muy por encima de la estimación previo de $ 10/15 millones y estableciendo un récord para el artista en una subasta. Hablando de Ventana de hotel, Dara Mitchell, directora de Sotheby’s, ha escrito:

El estilo audaz, realista y el formato destilado de composición de Hopper refuerzan el poder psicológico de Hotel Window y tienen estrechas conexiones con muchos elementos del cine negro.

La luz dura y la figura femenina solitaria crean una atmósfera de intranquilidad y vacío que caracteriza a este género, una marca particular de desconexión humana. La soledad autoimpuesta, resultado de la decepción de la persona en la interacción humana, fue un mal social que definió la experiencia estadounidense como la representada por Hopper y los autores de la ficción y el cine contemporáneos. El interés de Hopper no es contar una historia, sin embargo, está en la imagen y sus posibilidades evocadoras.”

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

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