EDWARD HOPPER

The Circle Theatre

1936

Oil on canvas

27 x 36 inches

Private collection

 

 

 

 

 

Mark Strand

 

Hopper

Traducción y prólogo de Juan Antonio Montiel

Lumen ensayo

Primera edición: mayo de 2008 

de la presente edición en castellano para todo el mundo:

Random House Mondadori, S. A.

Barcelona

 

IX

 

A pesar de la presencia de una calle en primer plano, y la atención que se presta a la arquitectura,

El cine Circle es distinto de otros cuadros de Hopper.

Las variadas formas que contiene, presentadas con sorprendente detalle, se aprietan unas contra

otras, y el espacio que comparten es inusualmente poco profundo.

Este es el único Hopper que tiene la apariencia de un collage. Las formas, en vez de convencernos

de su tridimensionalidad, parecen más bien planos que se solapan dando lugar a un orden en el

cual la ilusión de peso y solidez está ausente.

Prevalece el aplanamiento, y predomina una frontalidad casi tan estricta como la de Primeras horas

de una mañana de domingo. Y este aplanamiento se extiende a lo largo de toda la calle, en medio

de la cual hay una pequeña glorieta en la que se sitúa la entrada de una estación de metro.

Experimentamos esta entrada no como una entidad independiente, sino como parte de una

serie de solapamientos y oclusiones.

La entrada del metro y la pequeña cabina frente a esta, junto con la marquesina del teatro,

se reúnen dando lugar a una forma predominantemente oscura. Al mismo tiempo, sin embargo,

y con idéntica evidencia, la entrada está separada de la marquesina. La bloquea parcialmente, de modo

que solo alcanzamos a ver la C y la E del letrero de CIR-CLE, un homónimo alfabético de

see (mirar). Es posible que Hopper esté apelando al humor para recordarle a quien observa

el cuadro lo que se espera que haga.

La importancia de mirar es enfatizada, además, por la pequeña figura de una mujer que observa

el cartel rojo colocado a un lado de la puerta del teatro, y por la figura del hombre en el quiosco,

que está leyendo, o quizá intentando decidir qué periódico comprar. Se trata de signos inequívocos

de que hay un mirar real que acontece en el cuadro.

Menos obvia, y quizá incluso cuestionable, es la posibilidad de que el par de ventanas, los dos

agujeros de ventilación, los ojos de buey de la marquesina y las luces de la calle parezcan también

estar mirando -mirándonos, en algún caso-. Esto sería al mismo tiempo inquietante y divertido:

estar siendo observados por la misma pintura que tenemos ante los ojos.