Excursion into Philosophy — Edward Hopper

 

Excursion into philosophy
Edward Hopper, 1959
Huile sur toile, 76,2 × 101,6
Collection privée

 

La luz siguió fascinando a Hopper en las pinturas que hizo durante los últimos quince años de su vida. De Cape Cod Morning (1950) a Seawatchers y Morning Sun (1952) a Sunlight in Cafeteria (1958), Excursion into Philosophy (1959), Second Story Sunlight (1960), People in the Sun (1960), A Woman in the Sun (1961), y finalmente Sun in a Empty Room (1963), Hopper se ocupa de las personas que se sientan, se paran y esperan a pleno sol o en habitaciones donde las formas abstractas de la luz son tan visibles en las paredes como en el suelo.

En sus últimos años, Hopper consideró la luz como un elemento importante que a veces se convierte en una forma prosaica de espiritualidad (los adoradores del sol en People in the Sun) y sexualidad (la historia de la Anunciación Cristiana o la historia grecorromana de Zeus apareciéndose a Danae como un rayo de oro que parece informar a High Noon, Morning Sun y A Woman in the Sun).

 

Excursion into Philosophy sugiere otro enfoque de la luz. En los libros de contabilidad, Jo [la esposa de Hopper] registró crípticamente, “El libro abierto es Platón, releído demasiado tarde”, dejando para considerar el dilema desconcertante de este hombre que mira a un parche casi abstracto de luz en el suelo. La mujer a su lado parece ser una musa moderna, joven y muy sexy, así como la amante del hombre.

Y la referencia a Platón hace que uno se pregunte si el hombre está contemplando el significado de la realidad y la abstracción, lo cual fue ciertamente importante para Hopper, que en los años cincuenta había estado sujeto a muchas declaraciones de artistas abstractos sobre el papel que desempeñaba la luz en su trabajo. Puesto que Platón elogió el reino de las ideas como la forma última de la realidad y relegó las manifestaciones físicas de ellas a un reino inferior, el hombre en la pintura parece estar cuestionando la idea de la luz versus un haz real de ella y la idea de la belleza frente a la Presencia de la voluptuosa hembra en la cama, a su lado.

Uno se pregunta si Hopper ha intentado condensar la cuestión de la luz, como ocurre en tantas de sus obras, en el argumento platónico. En su historia sobre Sócrates y la cueva, Platón compara las obras de arte con las sombras proyectadas por objetos ordinarios que en sí mismos son sólo reflejos pálidos de la verdadera realidad que es el reino de las ideas. Y en Excursion into Philosophy Hopper contrarresta las sombras de Platón con un bloque de luz que se representa a sí mismo y que simboliza el potencial de la comprensión (iluminación).

 

[de Edward Hopper, de Robert Hobbs]

 

 

 

Mark Strand

 

Hopper

 

Traducción y prólogo de Juan Antonio Montiel

Lumen ensayo

Primera edición: mayo de 2008 

de la presente edición en castellano para todo el mundo:

Random House Mondadori, S. A.

Barcelona

 

 

XXXVIII

 

En Digresión filosófica, un hombre, a todas luces preocupado, está sentado en el borde de un sofá cama en el que una mujer, con el trasero y las piernas desnudas, yace de espaldas a él. La luz de una ventana abierta ha quedado impresa en el suelo, delante de los pies del hombre, y en la pared que está detrás del sofá. A un costado del hombre hay un libro abierto.

Está claro que aquí hay una historia que contar, pero, a diferencia de muchas otras pinturas sobre las que hemos hablado, no se trata de una historia narrada a través de la hábil disposición de elementos formales o abstractos.

En este caso, la carga del significado recae sobre el hombre, la mujer y el libro; y para leer el cuadro debemos reconstruir el relato de la relación entre unos y otros. ¿Está la mujer cansada de aquel hombre? El hombre, ¿se ha cansado del libro? ¿Buscaba usar el libro para suplir de alguna manera a la mujer? En un instante hemos dejado atrás la pintura y nos hallamos inmersos en la banalidad de un melodrama que, desafortunadamente, tiene como punto de partida el gesto de desilusión que se ha depositado en la cara del hombre. Sin embargo, quizá su expresión de exagerada inquietud es necesaria para transmitir lo que el plácido y sereno carácter del resto del cuadro no puede.

A diferencia de Aves nocturnas, Digresión filosófica no impone a los observadores sentimientos de aislamiento o exclusión. Nos invita a su estático centro, donde el hombre, la mujer y el libro se reúnen en una rara triangulación de fuerzas.

¿Y qué con el libro? ¿Y qué con el título del cuadro? La mujer de Hopper, nos dice un crítico, comentó alguna vez que «el libro abierto es de Platón, releído demasiado tarde». Otro crítico reporta que fue el propio Hopper quien subrayó que el hombre «ha estado releyendo a Platón, quizá tarde en su vida».

Personalmente, soy incapaz de reconocer qué tiene de malo leer o releer a Platón tarde en la vida. Soy incapaz de reconocer qué daño puede causar Platón en cualquier etapa de la vida. Pero quizá se ha dado demasiada importancia a la mención de Platón. Puede ser que su nombre haya sido el primero en venir a la mente de Hopper, porque incluso la gente que no sabe de filosofía ha oído hablar de Platón.

Y quizá se mencionó a Platón a la ligera, en tono humorístico o de una manera deliberadamente engañosa. Después de todo, el cuadro no se llama Digresión platónica o Depresión postcoital y platonismo. Es un defecto de la pintura que el peso del significado recaiga tan solo en una figuración narrativa. Se convierte en una caricatura, en una mirada irremediablemente reductiva… ¿sobre qué? ¿La vida de la mente contra la vida carnal? ¿Lo espiritual contra lo físico?

El ceño groseramente fruncido del hombre parece a cada momento más y más una sobreactuación, y el trasero toscamente dibujado de la mujer, un chiste.

 

Mark Strand