la edad

anaranjada

marosa di giorgio

Primera edición: octubre, 2012

Fondo de Animal Editores, 2012

GuayaquilEcuador

CoLECCIÓN

AvE Roc

 

clavel y tenebrario

 

27

 

Siempre, me gustaron los ladrones. Pero, no me atrevía a robar, no sé porqué. A veces, de niña,

secuestré algo de la tierra de los vecinos, una cebolla anacarada, un ramo de nísperos. Pero,

esas cosas, apenas robadas, se transforman. La cebolla es una licorera, un florero, tiene varas de lirio,

y si la sigo mirando, florece.

Los nísperos se hinchan, se entreabren, se vuelven una golosina sensitiva, difícil de dominar.

Así, que abandonaba todo, en medio de la noche fría.

Pero, los ladrones son audaces, cruzan la chacra, de punta punta, con el bolso al hombro, se entran

a la misma casa, se llevatodo.

Pasan en medio de nosotros, los dormidos. Los vemos nítidamente a través de los párpados cerrados;

si alguno se despierta, finge seguir soñando. Una vez, cuando ya íbamos a dejar el huerto, me enfrenté a uno;

no sé cómo, le dije:

-¿Qué llevas?

Él se rió.

Huí, a esconderme, horrorizada.

Tienen las orejas en punta, los ojos brillantes; son como gatos, como liebres; a veces, se enmascaran, pasan

el jardín de luciérnagas, bajo un capuchón, o usan grandes melenas, o se pintan de muchos colores.

Me gustan los ladrones.

No sé, extraño a las huertas.

Tal vez vuelva.

Pero, para el lado de los ladrones.