Oye la tierra

cómo gime larga. Son pasos, o su idea. No consigo

decir aún lo que en el pecho vive.

Vive tu sueño y mira tus cabellos. ¿Son ellos los que ondulan

cuando los pienso? ¿O es la noche a solas?

Oh tú la nunca vista y siempre hallada.

La no escuchada –y siempre ensordecido.

De tu rumor continuo voy viviendo.

Cumplí los años, oh, no, cumplí las luces.

Cumplí tus luces misteriosas, y heme

ciego de ti. Mis ojos fatigados

no ven. Mis brazos no te alcanzan.

Después que te cumplí, como una vida, solo

debo de estar, pues miro y tiento, y nadie,

nada. El ojo ciego un cosmos ve. ¡No viera!

 

 

 

 

 

 

 

 

Vicente Aleixandre

De Diálogos del conocimiento

Obras completas, Vol. II, Aguilar, Madrid, 1978


 

 

 

 

 

 

 

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