La belleza decide cuándo revelarse,
pero el empeño hurga
impertinente y romántico
sobre la hoja en blanco
hasta que la mano la arruga
la tira y la ignora
y entonces, te ves a ti mismo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

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