Todos tienen un jefe de oficina con el chiste siempre inoportuno y el alma fuera del universo en su conjunto.

Todos tienen un patrón y la amiga del patrón, y la llamada al teléfono en el momento siempre inoportuno

en que la tarde admirable cae y las amantes […] se arriesgan a hablar al amigo que está haciendo pipí

como sabemos los demás.

 

Pero todos los que sueñan, aunque no sueñen en oficinas de la Baja, ni delante de un escrito del almacén de tejidos,

todos tienen un Libro de Caja delante de sí —sea la mujer con quien se han casado, sea la […] de un futuro que le

viene por herencia, sea lo que sea siempre que positivamente sea.

 

Después los amigos, buenos chicos, buenos chicos, tan agradable estar hablando con ellos, cenar con ellos, y todo,

no sé cómo, tan sórdido, tan bajo, tan pequeño

 

 

siempre en el almacén de tejidos aunque en la calle,

siempre delante del Libro de Caja aunque en el extranjero,

siempre con el patrón aunque en el infinito.

 

 

Todos nosotros, que soñamos y pensamos, somos ayudantes de contabilidad de un almacén de tejidos,

o de otra cualquier mercancía en una Baja cualquiera.

Inscribimos y perdemos; sumamos y pasamos; cerramos el balance y el saldo invisible está siempre en contra nuestra.

 

Escribo sonriendo con las palabras, pero mi corazón está como si se pudiese partir, partir como las cosas que se rompen,

en fragmentos, en trozos, en basura, que el cajón se lleva con un gesto de por encima del hombro al carro de lo eterno 

de todos los Ayuntamientos.

 

 

 

 

fernando pessoa, Libro del desasosiego 117

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

1 Comentario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

Publicar comentario