Nocturnamente único,

el corazón, sin cuello, en la cabeza,

caminas por el mundo con un traje sonoro,

sabor vestido de aguas vivas,

machacando la luna sepia de los muertos.

 

Andanza que es estar,

sin girasol ni tumbas por los astros,

un pie raíz y otro pie nube,

los ojos corazón palabra cosa,

las manos animales

en su selva de manos.

 

Y entre cuervos, lisiados e instrumentos,

tu puño en la montaña de ser uno,

despierto aunque te duermas,

aclaración de la palabra hombre

en el lugar humano de la duda de todo.

 

Al verte, sí, me acuerdo.

No importa de qué, de quién: me acuerdo.

La piel es un viento sólido que comunica por adentro y afuera

con la piel.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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