La vida me importa enormemente para vivirla,

pero no tanto para recordarla y menos todavía

para describirla. Todo es seguramente más

complejo que esto, pero no puedo evitar cierta

alergia ante mi propia biografía.

No me interesa mi biografía. La biografía es

narración y espec­táculo. La vida y la poesía

son mucho más que eso. Hay en cada hombre

algo mayor que su escuálida biografía, aunque

ese hombre sea un santo, un sabio, un héroe

o un poeta.

 

Roberto Juarroz

 

El escritor, por el solo hecho de escribir, sedujo siempre a otros,

pero esto ocurre cada vez menos. La escritura ha dejado de ser,

para la vista de la mayoría, una ce­remonia misteriosa y

desconcertantemente atractiva. Se ha convertido en forma progresiva

en una práctica de la soledad, irreemplazable para quien la experimenta,

pero sin la sugestión que antes ejercía sobre los demás. Esta

disminución de su efecto irradiante, constituye otro síntoma de la

desvalorización creciente de la palabra y del hecho creador en nuestra

cultura. En medio de la confusión que nos envuelve, también el escritor

pasa a ser poco a poco un personaje secundario.

Este fenóme­no se disimula en parte por la resonancia centrípeta que

conserva aún la escritura en el gheto de los escritores o por el papel,

muchas veces ancilar, que le conceden los medios de comunicación

masiva. De cualquier modo, se reconoce aquí otra evidencia de la

progresiva marginación del poeta y el escritor (Juarroz, 1997: 152).

 

 

 

Clea Rojas Freites

 

POESIA VERTICAL

DE ROBERTO JUARROZ

Aproximación a su tercera dimensión poética

 

Todo poeta tiene una visión fundante. A través de ella,

como si fuera un cristal último, pasarán

todas las otras visiones.

Roberto Juarroz

 

 

     
     

En la obra de muchos grandes poetas es posible encontrar varias constantes temáticas u obsesiones que se van retomando moldeando a través del tiempo y que de alguna forma desarrollan un hilo conector que se mantiene más allá de la posible diversidad textual, si bien no siempre esta reiteración obedece a un ejercicio o a una búsqueda voluntaria y consciente del escritor.

Esta condición reiterativa se hace evidente en la Poesía Vertical de Roberto Juarroz, donde pueden precisarse claramente temas tan universales como Dios, la muerte, el hombre, el Ser, el Pensar, entre otros, pero siempre cuestionados en sus paradojas, desde la característica visión de este autor que pone en relación los valores contrarios y sus contrastes en las dicotomías del ser hasta tal punto que, más allá de esos temas y sus universos semánticos, en la base que trasciende el puro contenido, reconoce y afirma su obsesión por la búsqueda de un espacio otro que está por encima de la concepción binaria del mundo.

En este libro se busca estudiar, a través de una revisión de sus poemas, la comprensión que Juarroz hace de todas las cosas (incluso de esas temáticas tan universales) a través de la validación y reubicación de sus reveses, por una parte; y por otra, analizar su concepción de un espacio potencial que él ha llamado Tercera Dimensión Poética y que por su presencia profundidad dentro de la

obra viene a constituir, más que un tema u obsesión, una poética. El estudio se centrará en mostrar la relación directa que hay entre las concepciones de esa poética y la condición reiterativa en la disposi­ción de la estructura formal de una buena cantidad de poemas verti­cales, como una estrategia de presentación de la misma poética.

Este acercamiento a esa particular dimensión es fundamen­tal para la comprensión de una obra importantísima dentro de la poesía hispanoamericana contemporánea, pues la originalidad de la Poesía Vertical no proviene de la pertenencia o participación de su autor en algún movimiento literario particular, ni de ninguna mani­festación de contenido o de forma que la asimilen a determinadas vanguardias poéticas,[1] sino que proviene de la profunda concepción que tiene Roberto Juarroz de la creación poética, en relación con la realidad y el Ser, expuesta con voluntaria continuidad en toda su obra y reconocida por él mismo como una búsqueda existencial “que no es un fracaso” (Silva, 1968).[2]

El concepto de la Tercera Dimensión Poética ha sido men­cionado no siempre con el mismo nombre por la mayoría de los autores que se han acercado a la obra de Juarroz. Foffani (1989) ya lo ha precisado magnífica y resumidamente:

La poesía de Juarroz es un salto de la razón, el salto que permite borrar los límites entre lo posible y lo imposi­ble, la vida y la muerte, el sueño y la vigilia, la palabra y el silencio. El poema crea un espacio ideal donde lo imposible se hace posible, no porque en realidad se opo­nen, sino porque la relación entre ambas dimensiones se establece sin nunca abol irse, es apertura a una tercera dimensión: el sitio ilimitado.,. En este espacio es posible otro evangelio donde la fe es la fe en la fe; una fe de pérdidas y ganancias; dicho de otro modo: la pérdida es ganancia, (p. 151)

[1]     Por el contrario, en lo que a vanguardias literarias se refiere, Juarroz puede pecar, en su sobriedad, de desconfianza y hasta de escepticismo. En relación a esto ha afirmado, por ejemplo, “una cosa es que la poesía sea siempre experimental, y otra, creer que por­que hay experimento hay poesía” (Cabrera 1983: 221).

[2]

Esta afirmación la hizo Juarroz en un prólogo que le envió a Ludovico Silva y que éste anexó en un artículo suyo.

 

 

   

Y en la Antología de la Poesía Hispanoamericana Moderna (Ed, Monte Ávila, 1993), leemos también;

Toda la obra de Juarroz apunta a develar, a descubrir una realidad más profunda, más compleja; un espacio o real verdadero donde todo está unificado, integrado por una inextricable red de correspondencias. En este espacio el revés de -“lo real verdadero”- existirían simultáneamente todas las oposiciones… pero no enfrentándose dialécti­camente, no conduciendo a una síntesis, sino convivien­do como las caras de una posibilidad mayor… Por otra parte, es el poema la puerta de acceso a este universo…

(p. 479)

Pero, aunque varios autores han señalado la relación de esta posibilidad mayor con la estructura reiterativa de los poemas de Roberto Juarroz, esto no se ha analizado con mucha profundidad. Esta Aproximación… se detendrá en esa relación, haciendo un aná­lisis comparativo y más detallado de una cantidad significativa de sus textos, analizando la coincidencia estructural que tienen entre sí y cómo ésta se aplica, a manera de fórmula, a la búsqueda de la Tercera Dimensión Poética: de qué manera la unifican, con qué pro­cedimientos la proponen, cuánto dicen los propios poemas acerca de ella y en qué medida son parte de ésta.

En la parte final, se ha establecido una estrecha relación entre el concepto de Tercera Dimensión Poética sus características, su naturaleza, su origen y hasta su finalidad con otro espacio cro­nológicamente anterior al que llamamos Unidad Perdida, y al que la Poesía Vertical se refiere con cierta nostalgia (tal espacio habría existido como anterior a una fractura del universo de la que se des­prendió la posterior concepción binaria del mundo) y que resulta ser el origen unitario equivalente de esa dimensión que está más allá. Se reconoce allí, además, la intermediación de la poesía para el alcance del objeto buscado y en qué medida el autor la considera fuente, medio, fin y estandarte de la vida.

Desde otro punto de vista, que en este libro apenas se mencionará, conviene señalar que algunos críticos han insistido en que por su reivindicación del silencio, de lo no dicho y sobre todo de lo que no es, la poesía de Juarroz es una manifestación directa de la filosofía zen. Y por su búsqueda vital, por su visión del valor y de la función de la poesía y por su manejo de dicotomías ontológicas, se ha dicho, además, en varias oportunidades, que existe una estre­cha relación entre sus contenidos y algunos conceptos propios de la filosofía. De hecho, Juarroz mismo afirma que Heidegger es un pa­radigma; se hace maravillado partidario de su famosa expresión: “La palabra es la casa del ser”, y lamenta la separación de la poesía y la filosofía, criticándole a esta última su empeño en encontrar sistemas definitivos (Juarroz, 198O: 26-27); aunque, sin embargo, afirma que “de alguna manera, cuando un hombre cae en su propia hondura entiende que esas dicotomías, esos maniqueísmos son falsos, ya que pensamiento y poesía en último término constituyen un tronco úni­co” (Cabrera, 1983: 221).

En particular,4 se ha vinculado lo metafórico de su poesía con la filosofía de los presocráticos, especialmente con Heráclito. Esto se manifiesta “no sólo en lo que respecta a su actitud intelec­tual, a su postura como hombre pensante que no se expresa a través de la ciencia ni pretende teorizar, sino que se manifiesta en metáfo­ras” (Silva, 1968: 115). En cualquier caso, la noción y la importancia del pensamiento están siempre presentes en la poesía de Juarroz y determinan en mucho la sencillez y sobriedad que caracteriza toda su escritura “no dominada por el vértigo de la originalidad, mucho menos por el de la experimentación de nuevas técnicas verbales (Sucre, 1985; 115), que desconfía de la efusión y los adornos y se concentra en el pensamiento, armonizando y jerarquizando pero no supeditando el cómo se dice el qué.

“¿ Qué son: filósofos o poetas?” -se pregunta Juarroz- (Cabrera, 1983: 221).

 

 

     
   

En una entrevista con Luis Bravo (1999), el autor comenta:

El poeta y los lectores durante bastante tiempo estuvie­ron acostumbrados a que lo principal fuera la efusión. Yo tengo la sensación de que se ha desconfiado de la presencia de la inteligencia y de la razón en el poema y pienso que es un error.

Pienso que también lo intelectual juega con intensidad en la escritura. F.1 poema no es un delirio más o menos configurado de búsquedas caprichosas, sino que mucho de lo que entendemos como pensamiento es uno de las factores principales que hacen a la conjunción de lo que el hombre lleva dentro y es lo que lo hace diferente. 

El estilo de Juarroz es por eso siempre transparente, está hecho para dejar ver con claridad hasta los más densos pensamien­tos: “no un estilo, sino una ética verbal”, como lo ha definido Gui­llermo Sucre (1985: 218). Con esta ética, el autor de Poesía Vertical construye toda su obra: en cada poema se reitera la misma visión, y en cada poemario. “Nadie (…) ha emprendido sus indagaciones con una visión más resuelta ni con una autolimitación más rigurosa que Juarroz (Running, 1983: 853)

La repetición, la reiteración que algunos autores han criti­cado en él, es, en cambio, motivo de interés en muchos otros; bús­queda voluntaria, el volver sobre lo mismo tiene en este poeta un sentido en sí mismo: la creación y la aceptación de una clave, de un modo de acceder a las cosas por medio del estudio exhaustivo y mi­nucioso de un único funcionamiento de contrastes que es aplicable a todas ellas y del que no quiere distraerse:

 

“El poeta capta los contrastes de la realidad sin provocar alteraciones estilísticas; de allí que toda la poesía de Juarroz parezca un “continuum* expresivo, como si el autor pro curara desmenuzar los reflejos intercambiables entre sí para mantenerse siempre en los mismos temas*.

“O poeta capta os contrastes da realidade sem provocar mutaçoes estilísticas; daí que toda a poesia de Juarroz pareja um continuum expressivo, como se o autor procurasse comiucar as reflexos íntercambiáveis a pairar sempre sobre os mesmos temas’1 (Bastos, 1998: 2).

 

La escritura de este poeta argentino ha sido casi unáni­memente calificada como extraordinaria y poco común dentro de la poesía latinoamericana moderna, no por su innovación formal o por su originalidad temática, como ya se dijo, sino por su visión que, como acabamos de señalar, engloba toda su poesía en una sola dirección, en una unidad completa de sentido. Autores de la talla de Guillermo Sucre (1985) consideran que, dentro de la ac­tual poesía hispanoamericana, la obra de Juarroz no se asemeja a ninguna otra:

El suyo es un discurrir que se repite incesantemente, un lenguaje que no varía de manera sensible que no “evo­luciona’, dirán ciertos críticos… Su primer libro podría ser el último y viceversa. Si, como se cree lo estimable, una obra es sobre todo expansión y diversidad, la suya aparentemente, no sería una obra. No obstante, es una obra que se hace o se hará cada vez más presente en nuestra experiencia de la poesía. Lo mejor de esa obra merecería, en verdad, una frase de Baudelaire: ‘ Como no ha progresado no envejecerá”, (p. 205)

Rivera (1981) reafirma y complementa esta idea al sugerir:

Las posibles lecturas de esta obra tienen que tomar en cuenta el mecanismo que la hace funcionar plenamente: el de la intratextualidad. Sería difícil encontrar en la poesía latinoamericana actual un libro que, compuesto de pequeños mosaicos, tuviera una mayor unidad dentro de una heterogeneidad verdaderamente sor­prendente. Forma y contenido (divisiones falsas del pensamiento binario) se funden aquí en un todo orgánico, en una idea, como diría Yuri Lotman, que se realiza dentro de una estructura perfec­tamente adecuada y que no puede existir fuera de esa estructura, Cp. 42)

 

 

Por último, el mismo Juarroz ha insistido en dar unidad a su obra: ninguno de sus poemas tiene título individual,[1] sino que se reúnen todos bajo uno solo que engloba sus catorce poemarios: Poesía Vertical.

“Vertical” porque “el poema actúa como un tiempo de otra dimensión, un tiempo Vertical”, explica el autor (Bravo, 1999: 2), quien ve en todas las cosas del mundo un movimiento finalmente inevitable: la caída. El caer es universal, pero el poema representa el rebote, el movimiento ascendente que contrarresta esta caída. La poesía es, por tanto, recuperación de la caída y posibilidad de ascen­so. De allí el título de Poesía Vertical que recoge toda su obra. Por estas razones, en este análisis la obra de Juarroz será estimada como un todo, como un libro único, en procura de su visión unitaria.

El estudio constará básica y simultáneamente de dos nive­les: el primero se basará en la estructura formal de los poemas y por lo tanto empleará la orientación de métodos centrados en el análisis intrínseco del texto, tales como el análisis lógico y el estructuralismo, pero empleados de una manera bastante general (y, si se quiere, elemental) sin atenerse a lineamientos demasiado extremistas ni es­pecíficos de las corrientes y teorías literarias que sustentan este tipo de análisis. Por este motivo se ha recurrido básicamente a dos exce­lentes textos[2] que permiten una idea global y didáctica, pero no por eso incompleta, de las teorías literarias más importantes y la postura de sus principales representantes. La síntesis de algunos conceptos y definiciones de autores como Jakobson, Levin y Rifaterre[3] aplicadas al corpus seleccionado para este trabajo (desde la Séptima a la De­cimocuarta Poesía Vertical, señalándose cada poema con el número arábigo que lo identifica en cada libro y el libro con número roma­no) permitirán ver esa unidad rigurosa que conforma la poética de Juarroz, presentada en estos textos a través de una estructura cuya disposición (aparición de un elemento uno; aparición de su opuesto; suposición de un tercero que los reúne y del procedimiento para ello, casi siempre en este mismo orden) y reiteración facilita que el contenido y la forma, lo ontológico y lo fenomenológico, se conci­lien para crear esa otra dimensión que sólo es posible en la poesía.

[1] En respuesta a Jacques Munier, quien en una conversación le preguntó si la repetición del título buscaba manifestar la continuidad y casi la obstinación de una partida, Juarroz respondió: “Chaqué titre, surtout en poésie, est une espéce d’interuption, un motif de distraction qui nf a pas de vraie néccssitcquc” (cada título, sobre todo en poesía, es una especie de interrupción, un motivo de distracción del cual no hay realmente necesidad), (Munier, 1993).

De Pozuelos Ivancos (1992) y Fokkema D. W (1987)

[3] Tomadas de los dos libros señalados en la nota anterior.

       

 

El segundo nivel del análisis comprenderá la lectura e in­terpretación de los poemas seleccionados, según algunos conceptos generales de la estética de la recepción literaria, tomados de autores como Ingarden e Iser, y algunos otros de Umberto Eco.[1] Conceptos como los de emisor, receptor, destinatario, la idea de la participación del lector en la búsqueda del sentido del texto según su horizonte de expectativas y la cooperación interpretativa, junto con el apoyo de otros ensayos, artículos y entrevistas acerca del autor y su obra, podrán permitir estudiar la llamada Tercera Dimensión Poética de Juarroz, estableciendo un análisis equilibrado que se centre en el texto pero sin olvidar al autor y haciendo participar al lector, sin caer en especulaciones extra-textuales: “No hay propuestas del poe­ta afuera de la poesía que él crea” ha afirmado Juarroz (1980: 133); pero tomando en cuenta que la poesía en particular, más que ningún otro género literario, es, por su mismo carácter, como dice Juarroz, “cosa de hombres, no de ángeles, y es un modo de vida o es nada: si es un modo del lenguaje, de la expresión, es por tanto un modo del ser, no del hacer” (González, 1988: 31-32).

 

Abordar en este trabajo la obra de un escritor que ha cues­tionado tan duramente la crítica literaria, afirmando desalentadora­mente que ésta y las tesis universitarias sólo proporcionan una “au­reola de lata”[2], es tarea harto difícil, porque el autor descalifica la mayoría de las tendencias de la crítica: “Todo comentario sobre la

[1]     Ltxs conceptos de estos autores están tomados también de los dos libros señaladcxs en la nota anterior.

[2]     Respuesta de Juarroz a la encuesta “pourquoi écrivez-vous ?” del diario parisino libéra- tiort, que fue incluida en el libro de Dueñas y Toledo (1998 79) Juarroz prefirió respon­der el por qué no escribía y estos fueron algunos de sus argumentos.

 

 

   
  

poesía es retórica, un andamiaje que se ha preparado para sostener algo que sólo admite moverse sin sostenes” (Juarroz, 1980: 90), afir­ma, y dice también que:

…para la creación no hay mas acceso que la recreación.

De modo que no hay reglas de análisis o normas didác­ticas para entrar a la poesía, llámense estilística, estructuralismo, método simbólico o crítica impresionista. Son pretendidos sistemas para lo que no admite sistema. No hay resortes fáciles: estamos en el antisistema. Hay una única forma de entrar en la poesía: estar adentro. (1980: 91-92)

Este estudio reconsidera esa postura del autor; se ha bus­cado “pasear” a la Poesía Vertical por algunas de las corrientes lite­rarias más importantes y hallar en su aplicación sobre ella algunas coincidencias que maticen ese divorcio crítica/poesía; pero procu­rando sobre todo, y en lo posible, un acercamiento a la obra desde adentro y dejándola moverse, precisamente porque “la crítica de la poesía se mueve casi sin andamiaje, casi en la desnudez. Por eso es la más arriesgada forma de la crítica” (Juarroz ,1980: 156).[I]

Aquí se correrá ese riesgo en la aventura y la intención de respetar, por un lado, y de seguir, por otro, esta suerte de lineamien­tos y también de pistas que por suerte se han recibido a través de las propias palabras de tan extraordinario “crítico” que, diciendo lo in­decible, nos ofrece el privilegio de sugerir las claves de lo que debe ser el verdadero acercamiento a lo poético, un acercamiento funda­mental que aquí se recreará sobre su propia poesía, en lo posible con un tono y una clave “que residan en ser la rigurosa expresión creadora de una libre tentativa de acercamiento a una obra literaria” (Juarroz, 1980: 156).

[I] Esta afirmación aparece en un texto de Juarroz titulado La Critica de la Poesía, publi­cado en la página literaria del diario Ua Gaceta (Tucumán, 1960), que se incluye en los textos complementarios de Poesía y Creación (Juarroz, 1980: 156) .

También aparece en La Critica de la Poesía, texto referido en la nota anterior.

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

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