Santo Tomás de Aquino

 

Suma teológica – Parte Ia – Cuestión 53

 

Sobre el movimiento local de los ángeles

 

 

 

Artículo 1: El ángel, ¿puede o no puede moverse localmente?

 

Respondo: El ángel bienaventurado puede moverse localmente. Pero así como estar en un lugar

conviene tanto al cuerpo como al ángel equívocamente, otro tanto ocurre cuando se trata del movimiento

local. Pues el cuerpo ocupa un lugar en cuanto que en él está contenido y por él delimitado.

Por eso es necesario que el movimiento local del cuerpo sea medido por el lugar acomodándose a sus

exigencias. De ahí que la continuidad del movimiento dependa de la continuidad o magnitud del espacio,

y que al antes y al después del espacio le corresponda el antes y el después del movimiento local del cuerpo,

Pero el ángel no está ni delimitado ni contenido en un lugar, sino más bien como quien lo contiene.

De ahí que el movimiento local del ángel no se mida por el lugar mismo o por sus exigencias de continuidad,

sino que es un movimiento discontinuo. Puesto que el ángel no está en un lugar más que por contacto virtual,

es necesario que el movimiento local del ángel no consista más que en diversos contactos sucesivos y no

simultáneos, ya que el ángel no puede estar simultáneamente en muchos lugares.

Así, este tipo de contactos no necesariamente tienen que ser continuos.

Sin embargo, en estos contactos puede haber cierta continuidad. Porque nada impide poder asignar al ángel

un lugar divisible por contacto virtual, como se asigna un lugar divisible al cuerpo por contacto dimensional.

Por lo tanto, así como el cuerpo abandona sucesivamente, y no todo a la vez, el lugar en el que estaba antes,

de ahí la continuidad de su movimiento local, así también el ángel puede abandonar sucesivamente el lugar

donde estaba, y, así, su movimiento será continuo. También puede abandonar súbitamente un lugar y ocupar

totalmente otro. Así, su movimiento no será continuo.

 

En cambio, en cuanto que el movimiento del ángel es considerado continuo, puede concederse que el ángel,

mientras se mueve, en parte está en el punto de partida, y en parte en el de llegada (entendiendo que parte no se

refiere a la sustancia del ángel, sino al lugar).

Porque, al empezar su movimiento continuo, el ángel está totalmente en el lugar divisible en el que empieza a

moverse; pero, mientras se mueve, está en parte del primer lugar que deja, y en parte del segundo lugar que

ocupa. Por qué pueda ocupar parte de dos lugares, se debe a que al ángel le corresponde ocupar un lugar divisible

por contacto virtual, como el cuerpo lo ocupa por contacto dimensional. De donde se sigue que, tratándose del cuerpo

móvil, en cuanto al lugar es divisible en razón de su magnitud. Pero, tratándose del ángel, su virtud puede aplicarse

a cualquier lugar divisible.

 

 

 

Artículo 2: El ángel, ¿pasa o no pasa por el medio?

 

Respondo: Tal como dijimos el movimiento del ángel puede ser continuo o discontinuo. Si es continuo,

el ángel no puede moverse de un extremo a otro sin pasar por el medio, porque el medio es a lo que llega quien

se mueve con movimiento continuo antes de alcanzar el último extremo.

El orden de lo anterior y de lo posterior en el movimiento continuo, corresponde a lo primero y segundo en lo extenso.

Si el movimiento del ángel no es continuo, es posible que se traslade de un extremo a otro sin pasar por el medio.

Se demuestra de la siguiente manera: Entre dos lugares extremos hay infinitos lugares intermedios tanto si se trata

de lugares divisibles como indivisibles. Es evidente al tratarse de lugares indivisibles, porque entre dos puntos

cualesquiera hay infinitos puntos intermedios, ya que nunca habrá dos puntos distintos sin lugar intermedio entre ellos.

Lo mismo hay que decir tratándose de lugares divisibles. Esto resulta claro por el movimiento continuo de un cuerpo

cualquiera. Pues el cuerpo no se mueve de un lugar a otro más que en el tiempo. Durante el tiempo que mide el

movimiento del cuerpo no hay dos ahora en los que el cuerpo que se mueve no esté en lugares distintos, porque si

estuviera en el mismo lugar durante dos ahora, estaría en reposo, ya que estar en reposo no es más que estar en un

mismo lugar antes y después.

Por lo tanto, como entre el primero y el último ahora hay infinitos ahora, es necesario que entre el primer lugar, en el que

empezó el movimiento, y el último lugar, en el que el movimiento terminó, haya infinitos lugares.

Esto lo demuestra la misma experiencia. Si un cuerpo mide un palmo, y el camino que ha de recorrer mide dos, es evidente

que el lugar en el que empieza el movimiento mide un palmo, y un palmo mide también el lugar en el que el movimiento

termina. Es evidente que cuando el cuerpo empieza a moverse, va abandonando el primer palmo deslizándose por partes

al segundo. A medida que va dividiéndose la extensión del palmo, se irán multiplicando los lugares intermedios, porque un

punto cualquiera que se tome en la extensión del primer palmo es principio de un lugar, y el correspondiente en la magnitud

del otro es su término. Pero como la magnitud es divisible hasta el infinito, y en toda magnitud hay infinitos puntos potenciales,

hay que deducir que entre dos lugares cualesquiera hay infinitos lugares intermedios.

 

Pero un móvil no puede recorrer una infinidad de lugares más que por la continuidad del movimiento. Esto es así porque, si

bien los lugares intermedios son infinitos en potencia, es asimismo posible encontrar cierta infinidad potencial en el movimiento

continuo. Así, pues, si el movimiento no es continuo, todas las partes que lo componen están numeradas en acto. Si un móvil

se mueve con movimiento discontinuo, es necesario o que no pase por todos los lugares intermedios, o que recorra infinitos

lugares intermedios. Esto último es imposible. Por lo tanto, cuando el movimiento es discontinuo, el ángel no recorre todos los

lugares intermedios.

Pasar de un extremo a otro y no por el medio, es algo que no le puede corresponder al cuerpo, pero sí al ángel, porque el cuerpo

está contenido y delimitado por el lugar, y, así, es necesario que, al moverse, esté sometido a las leyes de dicho lugar.

En cambio, la sustancia del ángel no está sometida a un lugar como contenido, sino que es superior a él como continente.

Por eso es dueño de aplicarse al lugar del modo que prefiera, bien sea pasando por el medio o bien sin pasar.

 

En el movimiento continuo, haberse movido no es parte del movimiento, sino su término; de este modo es necesario moverse

antes de haberse movido. Así, dicho movimiento necesariamente pasa por el medio. En el movimiento discontinuo,

estar en el término es parte del movimiento, al igual que la unidad es parte del número. Por eso, dicho movimiento

está constituido por la sucesión de diversos lugares sin necesidad de lugares intermedios.

 

 

 

Artículo 3: El movimiento del ángel, ¿es o no es instantáneo?

 

Respondo: Algunos dijeron que el movimiento local del ángel es instantáneo. Pues decían que el ángel,

al moverse de un lugar a otro, durante todo el tiempo que precede al último instante está en el punto de partida,

y que en el último instante está en el punto de llegada. Tampoco es necesario que haya algo intermedio entre

los dos extremos, como tampoco es necesario que haya algo intermedio entre el tiempo y su término.

Entre dos ahora del tiempo, hay un tiempo intermedio, y por eso, dicen que no es posible indicar el último ahora

en el que estuvo en el punto de partida. Tampoco en la iluminación o en la generación sustancial del fuego se puede

indicar el último instante en el que el aire fue oscuro, o en el que la materia estuvo privada de la forma del fuego.

Pero sí se puede indicar el último momento en el que hubo luz en el aire o forma de fuego en la materia. Por eso,

la iluminación y la generación sustancial son llamados movimientos instantáneos.

 

Esta teoría no es aplicable en nuestro caso. Se demuestra de la siguiente manera: Al concepto de reposo pertenece

el que lo que reposa no sea de distinta manera ahora y antes. En cada uno de los ahora del tiempo medido por el reposo,

lo que reposa está igual en el primer momento, en el intermedio y en el último. Pero a la razón de movimiento pertenece

que el móvil esté de distinta manera ahora y antes; por eso, en cada uno de los ahora del tiempo que mide el movimiento,

el móvil tiene una disposición distinta. Por eso es necesario que en el último ahora tenga una forma que antes no tenía.

Resulta claro que reposar algo en un estado, por ejemplo, en la blancura, es permanecer en tal estado en cada uno de

los instantes de aquel tiempo; por eso no es posible que algo repose en uno de los términos durante todo el tiempo

precedente, y que después, en el último instante, esté en otro término. Pero esto es posible en el movimiento, porque

moverse durante todo un tiempo no es estar en la misma disposición en cada uno de sus instantes. Así, pues, todos estos

cambios instantáneos son términos de un movimiento continuo, y, así, la generación es el término de una alteración de la

materia, y la iluminación es el término del movimiento local del cuerpo iluminado.

Pero el movimiento local del ángel no es el término de ningún otro movimiento continuo, sino que, por sí mismo, es un

movimiento distinto e independiente de todo otro movimiento. Por eso, es insostenible decir que durante todo un tiempo

dado está en un lugar y en su último instante está en otro, sino que es necesario determinar el último instante en el que

estuvo en el lugar precedente. Pero donde hay muchos ahora, necesariamente hay tiempo, ya que el tiempo no es más

que la enumeración de lo primero y de lo segundo en el movimiento. Por lo tanto, hay que concluir que el movimiento del

ángel se realiza en el tiempo, el cual será continuo o discontinuo según lo sea el movimiento, puesto que la continuidad del

tiempo proviene de la continuidad del movimiento, pues el ángel puede moverse de ambas maneras.

Pero este tiempo, sea o no continuo, nada tiene de común con el tiempo que mide el movimiento del cielo y por el que se

miden todos los seres corpóreos cuyos cambios dependen del movimiento del cielo, porque el movimiento del ángel no

depende del movimiento de los cielos.

 

Aquella objeción se refiere al tiempo continuo. Pero el tiempo que mide el movimiento del ángel puede no ser continuo, y,

en este caso, en un determinado instante el ángel puede estar en un lugar, y en otro instante en otro, sin necesidad que

entre ambos medie tiempo alguno. En el caso que el tiempo, del movimiento del ángel sea continuo, el ángel, durante todo

el tiempo que precede al último instante, pasa por una infinidad de lugares. Sin embargo, si en parte está en uno de los

lugares continuos y en parte en otro, no se debe a que su sustancia sea divisible, sino a que su virtud se aplica a una parte

del primer lugar y a otra del segundo, como también dijimos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

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