the english astronaut

 

 

He splashed down in rough sea of Spurn Point.

I watched through a coin-op telescope jammed

with a lollipop stick as a trawler fished him out

of the waves and ferried him back to Mission

Control on a trading estate near the Humber Bridge.

He spoke with a mild voice: yes, it was good to be

home; he’d missed his wife, the kids, couldn’t wait

for a shave and a hot bath. “Are there any more

questions?” No, there were not.

 

I followed him in his Honda Accord to a Little

Chef on the A1, took the table opposite, watched

him order the all-day breakfast and a pot of tea.

“You need to go outside to do that,” said the

waitress when he lit a cigarette. He read the paper,

started the crossword, poked at the black pudding

with his fork. Then he stared through the window

for long unbroken minutes at a time, but only at the

busy road, never the sky. And his face was not the

moon. And his hands were not the hands of a man

who had held between finger and thumb the blue

planet, and lifted it up to his watchmaker’s eye.

 

 

 

  el astronauta inglés

 

 

 

 

Amerizó en el agitado mar de Spurn Point. Observé por un telescopio

de monedas atascado con un palo de piruleta cómo una trainera lo sacó

de las olas y lo transportó de vuelta a Mission Control, a un parque comercial

cerca del Humber Bridge.

Hablaba con una voz suave: sí, era bueno estar en casa; había echado de

menos a su esposa, los niños, no podía esperar para un afeitado y un baño

caliente. “¿Hay más preguntas? ” No, no hay.

 

Lo seguí en su Honda Accord a un Little Chef en la A1, cogí la mesa de enfrente,

y le vi pedir el desayuno del día y una taza de té.

“Tienes que ir afuera para hacer eso”, dijo la camarera cuando encendió un cigarrillo.

Leyó el periódico, empezó el crucigrama, clavó el tenedor en la morcilla.

Luego miró por la ventana durante muchos minutos ininterrumpidos de una sola vez,

pero solamente a la carretera ocupada, nunca al cielo.

Y su rostro no era la luna. Y sus manos no eran las manos de un hombre

que había sostenido entre el índice y el pulgar el planeta azul, y lo levantó hasta

su ojo de relojero.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Seeing Stars

POEMS

Simon Armitage

ALFRUD A. KNOPP NEW YORK 2011

 

Originally published in

Great Britain by Faber and Faber in 2010

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

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