Adelántate a toda despedida, como si la hubieras dejado

atrás, como el invierno que se está marchando.

Pues bajo los inviernos hay uno tan infinitamente invierno

que, si lo pasas, tu corazón resistirá.

 

Sé siempre muerto en Eurídice, cantando sube,

ensalzando regresa a la pura relación.

Aquí, entre los que se desvanecen, en el reino de lo que declina,

sé una copa sonora que con sólo sonar se rompió.

 

Sé, y sabe al mismo tiempo la condición del no-ser,

el infinito fondo de tu íntima vibración

para que la lleves al cabo del todo, esta única vez.

 

A las reservas de la Naturaleza en plenitud, a las usadas

como a las sordas y mudas, a las indecibles sumas,

añádete jubiloso y aniquila el número.

 

 

 

 

 

 

 

 

Rainer María Rilke

Sonetos a Orfeo XIII – II