tiros de gracia

pequeña antología de francisco umbral

 

   

canibalismo estético

Solo robando de otro se aprende a escribir, y, por eso, la literatura está entre los delitos comunes. El estilo es una cosa de juzgado de guardia. A la burguesía y a los críticos burgueses siempre los han ofendido los estilistas como cosa personal, y los denuncian en la comisaría. Críticos como Clarín necesitan novelistas como Galdós. Prefiero el robo a la influencia. El robo y el asesinato. La literatura se erige sobre un crimen o no es verdad. El robo o el asesinato de otro autor es lo que puede nutrir de sangre y adjetivos toda una obra.

Toda gran obra es un botín múltiple. Al artista le está permitido llevarse el oro de los palacios, siempre que no lo empeñe al día siguiente en Veguillas, sino que haga, de un tenedor, una miniatura a lo Cellini.

el periodista

Nosotros, los chicos, como teníamos poco dinero para libros, leíamos muchos periódicos, muchos artículos, y así, por razones económicas, no hicimos articulistas. El artículo era la flecha rápida que se dispara al aire. Para conseguir un buen artículo hay que quemar un ensayo, un soneto y una noticia. Así era como nos hacíamos articulistas. Una idea rápida, un dinero rápido, la guerra de guerrillas, la lucha de cada día. Se da el golpe aquí y se sale huyendo hacia el otro extremo de la ciudad. Unos artículos pegaban mucho, y entonces convenía salir con unos lirismos refrescantes. El descubrimiento del artículo fue vital para uno, como forma de vida, como forma de lucha, como arma de trabajo, como instrumento de guerra, como explosión lírica, siempre entre el estilismo y el terrorismo, que es como debe moverse un articulista.