umbral

las palabras de la tribu

1994

VALLE-INCLÁN, MANCO Y ZURDO

 

Cuando Valle-Inclán cambia de estética y empieza a ser un gran escritor es cuando comienza a escribir con la mano que le falta, a trabajar su obra con el brazo que no tiene, y entonces le sale un Modernismo zurdo que es ya el esperpento: La guerra carlista, Luces de bohemia, las comedias bárbaras, El Ruedo Ibérico.

Es útil analizar cómo el Modernismo originario deriva hacia otra cosa, mejor o peor, en los grandes modernistas españoles, Valle y Juan Ramón, hasta llegar a Aleixandre, como ya se ha dicho en este libro. Juan Ramón espiritualiza a Rubén, suprime la orquesta. Valle tremendiza a Rubén, principia a hacer la estética del horror. En Aleixandre hay música rubeniana bajo el hervor surrealista, y él no lo negaba. Valle-Inclán es un pájaro piparro y galaico con los ojos de Quevedo, la barba de los quietistas, el dandismo desplanchado de los malditos y la dignidad aventajada de los hidalgos, con manchas de café.

Sobre el bastidor modernista, Valle borda sus primores galaicos y sentimentales, lo que le enseña a escribir. Ortega le aconseja prematuramente que se deje de «bernardinas». Las «bernardinas» y los palotes le son necesarios a todo escritor para ir encontrando su propia caligrafía.

Sólo robando de otro se aprende a escribir, y por eso la literatura está entre los delitos comunes. El estilo es una cosa de juzgado de guardia. A la burguesía y a los críticos burgueses siempre les han ofendido los estilistas como cosa personal, y los denuncian en la comisaría. Críticos como Clarín necesitan novelistas como Galdós, y los crean. La prosa burguesa es la mala prosa. Valle fue un escándalo estético antes de ser un escándalo político, como lo es a partir de Luces de bohemia y El Ruedo, metido ya en un anarquismo personal e histórico que le hace grandioso. Y sin embargo seguía siendo modernista.

Todo el Valle mejor parece escrito, sí, con la mano zurda que le falta, y esto es lo que da deformación a su obra, como él quería, más que los espejos del callejón del Gato. Valle va pasando de la estética de lo bello (modernismo) a la estética del horror (modernidad), que dura hasta hoy. Es un precursor. A partir de La guerra carlista se inventa la novela de acciones simultáneas y rápidas, cinematográficas, la novela secuencial, coral, de protagonismo múltiple, la novela/mosaico, y resulta que eso lo estaba haciendo Dos Passos en Estados Unidos a su manera.

Hay que asegundarse, pues, en lo que acabo de decir: Valle pasa del modernismo a la modernidad. Destruye la novela galdosiana al crear un relato atomizado, plural, simultaneísta, que rompe con el lento, lineal y convencional discurso de Galdós, Pereda, Valera, Palacio Valdés y por ahí. Valle inventa en España la novela moderna al mismo tiempo que otros en otros países.

Los críticos han explicado esto diciendo que Valle hace una novela teatral y un teatro novelado (acotaciones), pero el caso es más complejo. Valle, por supuesto, no respeta los géneros (otra anticipación de modernidad), y pasa de unos a otros como cruza las habitaciones de su casa, pero sobre todo entrevé que la novela no puede seguir siendo un mundo cerrado ni el teatro una unidad de acción, lugar y tiempo. Acaba con todo eso sin ni siquiera comentarlo.

Hoy se ha unlversalizado su teatro precisamente porque estaba escrito para hoy, y si no pasa lo mismo con sus grandes novelas es porque la literatura funciona peor y más despacio que el espectáculo. Valle tiene ese momento atroz de ir a curarse el cáncer de próstata en las clínicas nocturnas de guardia, o de irse a vivir a Progreso, en el corazón revuelto y popular de Madrid. Cuando lo entrevista Vicente Sánchez Ocaña la visita se prolonga y se hace de noche. Están solos en la casa y casi a oscuras. Valle le pide al periodista que busque la llave de la luz y encienda.

—Yo no sé dónde está ni sé hacer eso.

Ni sabía ni quería. Era el modernista que seguía iluminándose con un quinqué y sus luces de bohemia son todavía luces del XIX, pese a lo cual la prosa le va saliendo cada día más siglo XX y más violenta. Valle cuenta el siglo XIX mucho mejor que Galdós y Baroja, con tanta información como ellos, pero con más elaboración artística y más valentía. Los otros narran el XIX. Valle lo vive. 

La influencia francesa de Valle es Villiers. La influencia italiana de Valle es D’Annunzio. La influencia española de Valle es Quevedo. ¿Qué entendemos por influencia? Ya se ha dicho antes, más o menos, que prefiero el robo a la influencia.

El robo y el asesinato. La literatura se erige sobre un crimen o no es verdad. Éste es el sentido profundo de la famosa sentencia de Gide contra los buenos sentimientos en literatura. La influencia es social, ambiental, cultural. El robo o el asesinato de otro autor es lo que puede nutrir de sangre y adjetivos toda una obra. Valle-Inclán tiene este sentido delincuente de la literatura. Hace su obra, como Shakespeare, robando de todas partes: los clásicos, los pliegos de cordel, los sainetes de la época, el gran teatro del mundo, la Historia, su tierra galaica, los cafés de camareras. Toda gran obra es un botín múltiple.

Azorín va siendo cada día más exigente, exquisito, selectivo, estrecho. Baroja va siendo cada día más limitado, introvertido, empobrecido, trapero de sí mismo. Baroja empobrece el español, aparte de que lo hace escombros. No sé qué es peor. Son los tres grandes creadores del 98/Modernismo. Valle-Inclán, con una falta de escrúpulos que es la grandeza del artista (y que Casares le reprocharía con dengue y malicia de filólogo del Ateneo), toma de todo y de todos porque sabe y confía en que tantos materiales dispersos, del latín a las hablas de América, arderán en su horno o infierno nocturno y le darán a la mañana una ceniza de oro con la que patinar su prosa.

Villiers, D’Annunzio y Quevedo son los grandes estafados de Valle, pero no sólo porque les robe, sino, lo que es peor, porque les anula. Si hoy leemos a Villiers suena a Valle. E incluso Quevedo. Al artista le está permitido llevarse el oro de los palacios, siempre que no lo empeñe al día siguiente en Veguillas, sino que haga de un tenedor una miniatura a lo Cellini. Los crímenes, los delitos de Valle son los que dan a sus libros esa grandeza shakesperiana (Shakespeare es el pirata por antonomasia), pero son también el pasado patibulario que le hace cada vez más bohemio de sus luces de bohemia, el amigo maldito de los ministros a quien los ministros no reciben.

Se ha dicho tópicamente que Max Estrella, el protagonista de Luces, es Alejandro Sawa, pero yo creo que en Max hay también mucho Valle. Don Ramón ensayó con este personaje un juego literario muy interesante. Se propone retratar a un personaje vivo o muerto, famoso, enmascarándole de pseudónimos, mas quien a su vez se enmascara tras ese personaje es él mismo. Valle anula a Sawa para crear a Max Estrella y luego anula a Estrella para que luzca, en cada réplica y rasgo de la obra, Valle-Inclán.

Un juego de ida y vuelta en el que también está la modernidad sorprendente de este modernista. Nuestro hombre presumió mucho de sus delincuencias en la vida, que seguramente eran mentira, pero sus delincuencias están en lo que escribió, que tiene todavía cicatrices de robo, engaño, crimen y sangre, como la piel hermosa y dormida de un animal mitológico.

Los postnovísimos anglosajonizados de hoy han detestado mucho a Valle, llegando a escribir que lo suyo, el esperpento, es un abuso hispánico. Como si no hubiera esperpento en Shakespeare, en Boccaccio y Rabelais, en los grandes norteamericanos, en el expresionismo alemán. Esperpento se llama en español, por bautizo de Valle, toda una corriente poderosa de la creación artística que viene del teatro griego y llega hasta los mejicanos y los rituales negros.

El esperpento no es sino un subrayado violento de lo que no se ve, para que se vea. El esperpento no es pura y mera exterioridad, como opinan los de hoy, sino interioridad puesta del revés, vuelta hacia afuera. Cervantes esperpentiza tímidamente, educadamente, y por eso es más moderno Quevedo, que hace radiografías sociales, porque, según diagnosticaría luego Goethe, no hay dentro ni fuera, lo que está fuera está dentro y a la inversa.

La armonía griega es mentira. Los griegos eran violentos y colorísticos. Valle está más cerca de los griegos que la Enciclopedia Británica. El clasicismo inglés, la devoción inglesa por Grecia es un pastiche, una hipocresía o una pederastía, como ustedes quieran. Luego está aquello que dijo André Bretón: «Persia, siempre Persia; Grecia es el gran error.» Persia es eso que Melville llamaba «el costado indio del mundo, tan olvidado».

Persia es todo lo que Grecia no se atreve a ser. En muchas cosas creemos venir de los griegos y venimos de los persas. Valle-Inclán está en la corriente antigua, violenta y fecunda del pensamiento euroasiático. No en vano escribiría unos Ejercicios espirituales que tienen mucho de hindú.

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

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