La imagen de la pantalla se iba haciendo cada vez más nítida. 

 

-¿Falta mucho para llegar? 

– No – contestó el capitán de la nave – 

– Pasamos al espacio-tiempo de la Tierra. Comenzamos el cambio de medición del tiempo en cinco, cuatro, tres, dos, uno… dentro. Son las tres de la madrugada. Nos mantendremos a distancia en el satélite próximo a ella hasta recibir la señal de Pablo. 

 

Pablo, cogió un taxi con el poco dinero que tenía. 

– ¿Dónde vamos? 

– Por favor, lléveme a las afueras en dirección norte, yo le indicaré dónde tiene que detenerse. 

El taxista reanudó su marcha y puso música en la radio. A Pablo le gustaba mucho la música pero en aquel momento se hallaba inmerso en sus pensamientos y mientras el taxista tamborileaba con los dedos el volante al ritmo de la canción que sonaba, él no dejaba de mirar con el rabillo del ojo el taxímetro. Y cuando vio que estaba a punto de alcanzar la cantidad que llevaba en el bolsillo y el vehículo se encontraba cerca de la estación de servicio siguiente, dijo al conductor: 

– Es aquí. Pare donde pueda ya. 

– Muy bien. Son treinta y dos euros con sesenta y cinco céntimos. 

– Le doy 35 euros, quédese con el cambio. 

– ¡Muchas gracias! es todo un detalle. 

 

Pablo bajó del vehículo y esperó a que se fuese. Echó un último vistazo alrededor, comprobando que no había nadie. Se dirigió al interior del bosque con paso tranquilo pensando en sus cosas. 

– Bueno, creo que tengo ya suficientes datos de esta humanidad. Tendré que transmitirlos a la base para recibir instrucciones nuevas. 

– Pablo para base. ¿Me recibe alguien? 

– Aquí base, hemos llegado Pablo ¿Cómo ha ido todo? 

– Bien, creo que ya lo tengo. Os lo paso por el transmisor ahora mismo. 

– Lo tenemos Pablo, te contestamos en un momento. Vamos a revisarlo por si falta algo. 

 

Pablo esperó sentado en una roca mientras contemplaba el paisaje que tenía enfrente. Un riachuelo corría cerca de sus pies y se quedó absorto mirando los reflejos del sol en la humedad de las piedras, cuando de repente esbozó una sonrisa recordando a la pelirroja. Recordó la entrevista que había tenido con Helga. Le resultó curioso que ambos estuviesen siguiendo el mismo manual de comportamientos, para descifrar el mismo catálogo de respuestas que al fin y al cabo, no daban con ninguna respuesta verdadera. No fue difícil engañarla pues él era él mismo. Lo único que hacía era registrar todas y cada una de las respuestas emocionales en relación a su comportamiento, o más bien al comportamiento de Pablo, el cual estaba regido por un carácter despistado y descuidado, rozando lo ingenuo. Aspecto que chocaba con la agresividad interior que también transmitía y que venía de la cobardía de no querer enfrentarse a su vecina y al resto de conflictos que se le iban presentando cada vez más en cadena, sin optar por estrategia alguna. 

 

 

En un momento dejó de pensar en Mario y en Helga y se percató de que hacía mucho que no admiraba un amanecer. Estaba acostumbrado a sistemas con varios soles y quizá por ello, por no poder detener la vista en una sola imagen, disfrutó más que nunca de este suceso, captando todo su esplendor. Había cogido el taxi a las seis de la mañana y su introspectivo estado le había impedido disfrutar de este fenómeno natural que tanto le gustaba y del verdor que le rodeaba durante todo el trayecto. 

 

Pablo era un ser extremadamente humano y esta misión le había permitido comprender el gran sufrimiento que puede soportar e infligir una misma persona a su alrededor, ya que con su forma de ser había logrado despertar todo un sinfín de emociones destructivas en un amplio círculo de personas que no imaginaba que iba a conocer. Se relajó y recordó su planeta de origen. Aquel que dejó hace tantos años cuando comenzó a trabajar de antropólogo y agradeció la gran formación humana que había recibido y que sin la cual no habría podido llevar a cabo su trabajo sobre el odio. Había sido elegido con urgencia ya que en la Tierra, esta emoción rápidamente contagiosa estaba llevando al exterminio total de toda la raza humana. 

 

Un ruido le sacó de su burbuja. Era el transmisor: 

– Pablo, ¿estás ahí? 

– Sí, dime. 

– Tenemos un nuevo dato importante. Parece ser que Helga tu pelirroja es la mujer de una persona influyente dentro de la vida del planeta, concretamente en el cuadrante R6. El radio de acción del odio allí es extremadamente amplio. Nos interesaría saber qué está pasando en esa zona por favor. ¿Podrías hacer esto por mí? Sé que mi pelo es verde, no soy pelirroja pero te lo agradecería ya que reduciría el tiempo de la misión y podría estar en casa con los míos antes. 

– De acuerdo voy a ello. Solo espero que nadie me haya visto ya que rompería el contexto social en el que me he desenvuelto durante tantos años fácilmente y se echaría todo a perder. 

– Recuerda Pablo, ante cualquier cambio, inhibición absoluta. 

 

Mientras tanto el conductor del taxi hizo una llamada desde la estación de servicio: 

– Sí jefe. Lo he dejado aquí, pero ya no está en la cafetería ni tampoco en los lavabos. Creo que es mejor que me vaya. Lo seguiré otra vez desde el centro. Es más seguro. 

 

 

leer más en Proyecto Multiplumas del blog ¿Y tú quién te crees que eres piltrafilla?

 
 
 
 
 
 
 
 
 

 
 
 
 
 
 
 
 

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