william butler yeats

 

 

traducción de gustavo negrin

saltana, nº1. revista de traducción

 

 

 

las estatuas

 

 

 

 

Pitágoras lo planeó. ¿Por qué la gente miraba?

Sus cifras, aunque se movían o parecían moverse

en mármol o bronce, carecían de corazón.

Pero los jóvenes, pálidos por el amor anidado

en solitarios lechos, sabían que la pasión

podía despertar el corazón suficiente.

Y urgían a medianoche en lugares públicos,

los labios vivos sobre un rostro armónico.

 

¡No¡ Más grandes que Pitágoras, borraron

las vagas inmensidades asiáticas esos hombres

que con mazo o cincel modelaron cálculos

que semejan carne mortal, no las hileras

de remos que en Salamina surcaron

sobre la multicéfala espuma marina.

Europa dejó la espuma cuando Fidias dio sueños

a las mujeres y a los sueños, su espejo.

 

Una imagen cruzó la multitud, creció

redonda y lenta bajo la sombra tropical,

no cual flaco Hamlet comemoscas,

sino como un gordo soñador medieval.

Las cuencas vacías sabían con certeza

que el conocimiento aumenta la irrealidad,

que espejismos en espejos es lo que hay.

Cuando el gong y el cuerno llaman a adorar,

Grimalkin repta hacia el Buda y su vastedad.

 

Cuando Pearse invocó a Cuchulain,

¿qué recorrió el Correo? ¿qué mente,

cifra, cálculo, medida, se hizo presente?

Que nosotros, irlandeses, hijos de un antiguo clan

y arrojados a esta repugnante marea moderna,

asolados por su prolífica furia sin forma,

dejemos atrás la oscuridad y busquemos

los contornos de un rostro armónico.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

the statues

 

 

Pythagoras planned it. Why did the people stare?
His numbers, though they moved or seemed to move
In marble or in bronze, lacked character.
But boys and girls, pale from the imagined love
Of solitary beds, knew what they were,
That passion could bring character enough,
And pressed at midnight in some public place
Live lips upon a plummet-measured face.

 

No! Greater than Pythagoras, for the men
That with a mallet or a chisel’ modelled these
Calculations that look but casual flesh, put down
All Asiatic vague immensities,
And not the banks of oars that swam upon
The many-headed foam at Salamis.
Europe put off that foam when Phidias
Gave women dreams and dreams their looking-glass.

 

One image crossed the many-headed, sat
Under the tropic shade, grew round and slow,
No Hamlet thin from eating flies, a fat
Dreamer of the Middle Ages.
Empty eyeballs knew
That knowledge increases unreality, that
Mirror on mirror mirrored is all the show.
When gong and conch declare the hour to bless
Grimalkin crawls to Buddha’s emptiness.

 

When Pearse summoned Cuchulain to his side
What stalked through the Post Office? What intellect,
What calculation, number, measurement, replied?
We Irish, born into that ancient sect
But thrown upon this filthy modern tide
And by its formless spawning fury wrecked,
Climb to our proper dark, that we may trace
The lineaments of a plummet-measured face.