[El libro de williams, kora in hell, está dividido en XXVII apartados, cada uno de ellos

bastante breve. A su vez, cada uno de los apartados está dividido en epígrafes. 

La improvisación -o apartado- I que hemos transcrito en esta entrada tiene 3 epígrafes. 

El texto aparece tal como lo hemos transcrito, en relación al corte de versos.

El libro de williams, con prólogo de 1918, fue publicado a expensas del autor en 1920,

pagó 250 dólares. No volvió a publicarse hasta 1973.]

 

 

 

 

 

william carlos williams

 

poesía reunida

 

traducción juan antonio montiel
Penguin Random House
Grupo Editorial España

 

 

 

kora en el infierno

 

 

improvisaciones

 

 

 

I

 

 

1

 

Los tontos tienen el vientre grande. ¿Y los demás? —ahí está el poleo menta, solo hay que saber usarlo. Pero el tiempo no es más que otro mentiroso, así que avanza un poco más sobre el muro; si las zarzamoras resultan amargas, habrá setas entre la hierba, senderuelas para ser exactos, los hongos más dulces.

 

 

2

 

Por si les interesa: a Jacob Louslinger, hombre canoso, pestilente, de barba sucia, bizco, tartamudo, voz rota, encorvado, rodillas hinchadas, abdomen encogido, cara mocosa —mortal—, lo encontraron postrado entre la maleza «ahí arriba, en el cementerio». «Tenía un aspecto como de haber estado vagando por el bosque durante un par de semanas.» Los zapatos retorcidos en forma de lirios increíbles: en la puntera, los tacones, empeines, costados, suelas. (Flor del bosque! ¡La malva! Por fin te tengo. (¡Pudríos, caléndulas —¡y por hectáreas! ¿De oro sois?) ¡Ja, las nubes tocarán el borde del mundo y la gran malva de color rosa se erguirá sola en la humedad, por encima de los juncos y— un armario lleno de ropa y zapatos buenos y las dos vacas a mi cargo, de la hija de m¡ amo, que tiene treinta años, y una habitación de invierno con chimenea—. Preferiría dar de comer a los cerdos en Moonachie y masticar raíces de cálamo y romper pinzas de cangrejo frente a una hoguera: ¡la Lujuria desbocada de la edad!

 

 

3

 

Dilo como quieras, pero di: «En este país las mujeres ya no quieren encargarse de los niños»; —habla de tu Amsterdam y de Los delantales más blancos y de Los pomos de las puertas más brillantes de toda la cristiandad. Yo te responderé: Los pomos relucientes y Los umbrales recién fregados han oído las canciones de las criadas al amanecer y —las criadas son deseos. ¿De quién? ¡Ja! Silban los canales oscuros, silban para quien cruce al otro Lado. Me quedo cruzado de brazos, apoyado en el farol —verás— y provoco que las maldiciones salgan de los labios de esa bruja, y su hija cogida del brazo lo sabe mejor de lo que yo te lo pueda contar — prefiero ruborizarme y confesártelo a que me fustiguen después.

En Holanda, al alba de una bella mañana de primavera, se ve a las criadas sacudiendo las alfombras frente a las casitas de una ciudad como Amsterdam, barriendo, fregando los escalones de las entradas; sacando brillo a los timbres y pomos. Por la noche habrá quizá una anciana con una niña del brazo, con sus siseos y silbidos a través de un canal desierto llamando a un holgazán que camina con dificultad y sin rumbo bajo los faroles de gas.

 

 

 

 

 

 

 

 

kora in hell

 

 

 

I

 

 

1

 

Fools have big wombs. For the rest?—here is penny-royal if one knows to use it But time is only another liar; so go along the wall a little further: if blackberries prove bitter there’ll be mushrooms, fairy-ring mushrooms; in the grass, sweetest of all fungi.

 

 

2

 

For what it’s worth: Jacob Louslinger, white haired, stinking, dirty bearded, cross eyed, stammer tongued, broken voiced, bent backed, ball kneed, cave bellied, mucous faced —deathling,— found lying in the weeds “up there by the cemetery.” “Looks to me as if he’d been bumming around the meadows for a couple of weeks.” Shoes twisted into incredible lilies: out at the toes, heels, tops, sides, soles. Meadow flower! ha, mallow! at last / have you. (Rot dead marigolds—an acre at a time! Gold, are you?) Ha, clouds will touch world’s edge and the great pink mallow stand singly in the wet, topping reeds and—a closet full of clothes and good shoes and my-thirty-year’s-master’s-daughter’s two cows for me to care for and a winter room with a fire in it—. I would rather feed pigs in Moonachie and chew calamus root and break crab’s claws at an open fire: age’s lust loose!

 

 

3

 

Talk as you will, say: “No woman wants to bother with children in this country”;—speak of your Amsterdam and the whitest aprons and brightest doorknobs in Christendom. And I’ll answer you: Gleaming doorknobs and scrubbed entries have heard the songs of the housemaids at sun-up and—housemaids are wishes. Whose? Ha! the dark canals are whistling, whistling for who will cross to the other side. If I remain with hands in pocket leaning upon my lamppost—why—/ bring curses to a hag’s lips and her daughter on her arm knows better than I can tell you—best to blush and out with it than back beaten after.

In Holland at daybreak, of a fine spring morning, one sees the housemaids beating rugs before the small houses of such a city as Amsterdam, sweeping, scrubbing the low entry steps and polishing doorbells and doorknobs. By night perhaps there will be an old woman with a girl on her arm, histing and whistling across a deserted canal to some late loiterer trudging aimlessly on beneath the gas lamps.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

Deja un comentario