las cartas de los difuntos

Leemos las cartas de los difuntos como impotentes

dioses,

pero dioses a fin de cuentas porque conocemos las fechas

posteriores.

Sabemos qué dinero no ha sido devuelto.

Con quién se casaron rápidamente las viudas.

Pobres difuntos, inocentes difuntos,

engañados, falibles, ineptamente precavidos.

Vemos los gestos y las señas que hacen a sus espaldas.

Casamos con el oído el rumor de los testamentos rotos.

Están sentados frente a nosotros, ridículos, como en

panecillos con mantequilla,

o se echan a correr tras los sombreros que vuelan de sus

cabezas.

Su mal gusto, Napoleón, el vapor y la electricidad,

sus mortales curas para enfermedades curables,

el insensato Apocalipsis según San Juan,

el falso paraíso en la tierra según Juan Jacobo…

Observamos en silencio sus peones en el tablero,

sólo que tres casillas más allá.

Todo lo previsto por ellos salió de una manera totalmente

diferente,

o un poco diferente, es decir, también totalmente diferente.

Los más diligentes nos miran ingenuamente a los ojos,

porque hacían cuenta de que encontrarían en ellos la

perfección.

 

 


Wislawa Szymborska

Poesía no completa

Si acaso. 1972

Edición y traducción de

Gerardo Beltrán, Abel A. Murcia

2ª edición

FCE, México, 2008

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