wisława szymborska

 

 

prosas reunidas 

 

 

traducción Manel Bellmunt Serrano

Malpaso Ediciones, S. L. U.

Barcelona

1ª edición: enero de 2017

 

 

 

 

pies y destino

 

 

 

 

En el lejano Oriente se considera un buen augurio el hecho de ver en sueños a un dragón.

Y, ciertamente, cuando cierta antigua cortesana soñó con un dragón verde que penetraba en un lago de un color amelocotonado, acto seguido, un joven y rico señorito se enamoró de su hija de dieciséis años.

No podía suceder de otra manera.

La pequeña Chunyan poseía una belleza natural que podía «derribar países».

Además, destacaba por sus elegantes modales, entre los cuales se encontraba la habilidad de componer versos.

Sin embargo, debido a sus humildes orígenes, esta hermosura únicamente podía llegar a ser la esposa oficiosa del señorito.

Y llegó el día en el que la abandonó con el propósito de «subirse en la nube azul» en una capital lejana, o, dicho de otra manera: iniciar una carrera como funcionario del Estado.

Las lágrimas y las súplicas de la pobre Chunyan quedaron en nada:

«¿ Acaso diez mil ramas de sauce pueden detener el curso del viento…?»

La joven se quedó sola con la vaga esperanza del retorno del amado, pero con la firme decisión de continuar siéndole fiel.

Y cuando el lascivo jefe del distrito sintió deseos de poseerla, prefirió ir a prisión, ser encadenada, y recibir los crueles azotes del bastón.

Los duros garrotes de roble reforzados con hierro destrozaron sus delicados piececillos.

Pero el dragón verde no había entrado reptando en el lago de color amelocotonado en balde.

El joven señorito volvió, pues había conseguido ascender tanto con su nube azul que pudo ajustarle las cuentas al bárbaro jefe, liberar a su amada de prisión y proclamarla, por fin, su esposa oficial.

La versión escrita de la leyenda sobre la más fiel de entre las fieles procede de finales del siglo XVIII y principios del XIX, y con toda justicia es considerada como una de las joyas de las obras clásicas coreanas.

Algunos lectores aprecian la obra por su estilo elegante y pictórico.

Otros, por la sensualidad de las escenas de amor.

Otros destacan la conmovedora historia de amor que les ha ofrecido.

En cambio, otros se decantan por enfatizar los elementos de crítica social y la compasión por el sino de la mujer.

Los hay también que, ante todo, veneran este cuento por lo bien que se las arregla sin tener que recurrir a elementos maravillosos.

A este tipo de elogio acuden todos los convencidos de que el realismo es la forma de expresión literaria más elevada y que la fábula, siendo como es (una mezcla de realismo y fantasía), no es un género de valor pleno, sino una creación inmadura, un tipo de larva de la que apenas echará a volar una mariposa…

Para este tipo de personas, la lectura de un cuento de hadas debe de ser probablemente una tortura.

Cada milagro debe de parecerles una especie de pecado estético; cada desviación de la verosimilitud, una ingenuidad.

Me producen un tremendo sentimiento de pena.

Porque incluso la leyenda de Chunyan debe de provocarles algún tipo de tic facial de vez en cuando.

Más aún cuando en el provocativo final feliz no se dice nada sobre los destrozados piececillos de Chunyan.

¿Acaso le crecieron los huesos sin dejar señal alguna?

No deberíamos de preocuparnos por ello: los huesos crecieron perfectamente.

A buen seguro que Chunyan no cojeaba junto a su espléndido marido, ni tuvo que ocultar sus pies deformes en el lecho nupcial bajo una ropa de cama bordada con ánades mandarines.

Porque los cuentos de hadas nunca se han rendido por completo a la realidad de la vida.

Por el contrario, cuando podían, trataban de avergonzarla y enfrentarse a ella con una solución propia y mucho mejor que la realista.

 

 

 

 

 

 

 

 

La leyenda de Chunyan, la más fiel de las fieles

traducción del coreano, prólogo y notas de Halina Ogarek-Czoj

Wrocław

Ossolineum

1970

 

 

 

 

 


 

 

 

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