apuntes
      sobre lenguaje,
                    rock alternativo 
                                   y poesía—

 

 

Parece ser que el idioma inglés es inacabable, es un idioma de contextos.
Cuando lo traducimos trasladamos
el significado y sin darnos cuenta queremos
hacerlo también con su forma. Lo que nos despista. El inglés verdadero
es
desconocido aún, es un idioma de estructura cognitiva transmitida según
el contexto del texto de manera que está
lleno abstracciones que quedan
en un espacio intermedio entre el pensamiento y lo dicho.

Sin embargo el español se dice directamente, nombra cada abstracción suya
y la determina con la mayor precisión posible.

El inglés se escribe queriendo y no queriendo ser visible pero sí entendible,
puede esconderse entre los contextos.
De esta manera la misma viviencia
por parte de los interlocutores les hace estar en comunión con su significado.

El español, en poesía, rompe la gramática para ser visto, aunque a la vez
se oculta igualmente, para también ser entendido
por los que han vivido lo mismo.
Esta sensación de rotura es debida al hecho de salir de los límites del lenguaje
convencional, provisto de numerosas y repetidas etiquetas.

La poesía nombra, sin embargo, el rock se mueve entre esas estiquetas para nombrar
sin nombrar y conseguir
el mismo efecto de comunión con los que han experimentado
lo mismo. La cuestión es el riesgo a la hora de nombrar.

Durante la juventud el miedo fuerza ese nombrar sin nombrar que crea la distancia
propicia para que se dé la buena letra.
En la madurez aumenta la ira y la frustración
ante lo injusto y la escritura pierde esa distancia, así la letra se despoja
de su belleza (precisa) para ganar en crudeza. La responsabilidad a la hora de escribir
es el equilibrio entre nombrar
y no decir nada diciéndolo todo.

La música no dice con palabras lo que nombra conceptualmente con imágenes. Pareciera
una ley de silencio impuesta,
cuyos márgenes se sobrepasan, a veces, ante la presión
que se ejerce ante algunos individuos de la población que deciden
romper esa ley no escrita.
Lo que mueve socialmente a la masa y con el tiempo agranda el inventario de lo que se puede
y no se puede decir incorporando de esta manera nuevas etiquetas.

Sin embargo la poesía concentra la conceptualización de la imagen en el lenguaje escrito.
De esta forma, esa imagen
está formada de manera bella, aunque esa belleza sea una consecuencia
de la distancia —esta vez sin miedo pero con
responsabilidad—, y no un fin anticipado. Como
sucede en las letras de canciones en la edad temprana de los músicos.
Ya que el arte se anticipa
siempre a la voluntad del artista. El cual sí debe estar obligado a su instrumento, a su alerta,
pero no al resultado.

Teniendo en cuenta la ira en aumento con la edad, se podría sustituir el miedo a decir
por la distancia responsable,
en la que el objetivo principal no es la afrenta injusta,
sino el resultado de la acción de nombrar. De esta manera
se podría deducir que las emociones
y los juicios preestablecidos en la escritura bella conviven, pero no se manifiestan

como consecuencia sentenciosa, sino que se mezclan en la vasija del lenguaje, para que
este suceda (no para que se consiga).
Para así llegar al porqué, al meollo, conceptualizándolo
más allá del espejismo que supone la realidad aparentemente visible
tras la cual late el misterio
de lo vivido, que se hace entendible desde dentro de uno de manera involuntaria. Se da.

 

 

 

 

 

ángel ferrer
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