merodeando al susodicho
Susodicho, repite conmigo, Je suis conduit, tu es conduit, il est conduit, nous sommes conduits.
Me cierran los ojos para que hable lo que otros no se atreven a decir. Pero hace mucho, cuando entonces,
nervioso de mi silencio, me dijiste sin salirte del guion: bats-toi pour tes filles.
Encerrado en tu discurso, sin dejarme hablar, te despediste con esa cara de extrañeza que esquiva
las razones y continué hacia mi casa sin pensar en nada, sereno, bajo esas constelaciones del subsuelo.
Orquestaste hasta dónde debía crecer. Truncaste mi evolución madura; mi vida. Los perdidos nos reconocemos.
Los que sufrimos nos oteamos en el horizonte. El que se salva, pierde la perspectiva del otro que padece;
cambia su ángulo —et la compréhension du réel.
Divididos en grupos sociales, permanecemos separados por altos muros de incomprensión. Cada grupo
vive en su etnocentrismo tolerando a los otros grupos. Y la excusa del hostigamiento es hacerse respetar.
Ovillador, repite otra vez, Je suis conduit, tu conduis ma mère. ¿Quién te pasó el testigo susodicho?
Para el susodicho lo importante es la obediencia, el hay que seguir así, ganándole tiempo al tiempo,
pero el tiempo pasa mientras nos despojan de las pasiones, la familia, el trabajo, la salud.
C’est la vie qu’on nous a donné à vivre, decimos mientras luchamos contra nosotros mismos;
hasta que nos damos cuenta de que lo hacemos por nosotros mismos.
Somos como fuegos artificiales que dibujan la órbita de nuestras soledades, ese camino
donde nunca nos encontraremos danzando con la música de todas las canciones
bajo el misterio de la flor.
ángel ferrer
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