bienvenido

en este blog sólo encontrarás lo que ya lleves puesto al entrar: no creemos en que vayas a ir más allá de las apariencias, pero tenemos que confiar en ello, y darte la oportunidad. La belleza no es fácil: es difícil: es uno de los sentidos de la verdad: la verdad de la forma. Es muy exigente y sólo se entrega, si acaso, a sus mejores amantes. 

Si crees recibir la belleza espontáneamente, sin esforzarte, sin luchar por ella, no te engañes: habrás recibido cualquier cosa menos la belleza.

Tal vez si posees instinto, olfato, pasión, hambre por la belleza, tu paso por este blog no sea sólo turismo. Eso deseamos y por ello compartimos nuestras maneras de buscar la belleza, allí donde esté. 

Ábreme el muñón a ver qué tiene dentro

Mientras una piara de culos rosa nos espía detrás del mundo rojo de la tarde, a ver qué tiene dentro, me dijo,

ábreme

a ver, a ver toma la copa rota, a ver qué tiene dentro.

De modo que me dispuse a entrar con vidrio y vimos caer la sangre blanca al suelo blanco del lavabo y conocimos los ojos del dolor de los que no aman.

Aquello cerró en pocos días; el eunuco no vino a verme en dos semanas.

Algún viernes volvió con más versos de cabezas que rodaban y mi cuerpo en el suplicio.

¡Ay!, sé bien que nada esconde esta guadaña, sé bien que por los siglos de los siglos el eunuco con su tímpano atildado llegará y será la vida otra vez, pero hubo que visitar hospitales, preguntar qué era aquéllo, si tener la sangre blanca era síntoma de amor.

 

“Gracias, pase lo
que pase.” Y entonces ella se volvió y como un rayo de sol sobre flores colgantes
palidece cuando
el viento las aparta,
se alejó de mí rápidamente.

Más aún, pase lo
que pase, fue una hora iluminada
por el sol, y los
dioses más altos
de nada mejor pueden jactarse
que de haber visto esa hora transcurrir.

 

pessoa2

Se apoyó sobre mí por un instante
Como una golondrina abatida sobre el muro.
Y hablan de las mujeres de Swinburne
Y del encuentro de la pastora con Guido
Y de las prostitutas de Baudelaire.

 

 

 

Cuando te vi por primera vez bajo la neblina plateada, blandiendo la corteza de sándalo pintado,
¿Te reconoció alguien?

Junto a las velas doradas que surcaban las cintas de mar azul
¿Te reconoció alguien, aparte de mi corazón?

he nacido para robar rosas de las avenidas de la muerte

o también, música en la poesía. Una selección de las mejores canciones de tus artistas favoritos. Si no tenemos la que te gusta, pídenosla.

admitimos sugerencias

si tienes alguna, ponte en contacto con nosotros y tal vez podamos hacer algo. Recuerda que no necesitamos tu visita: no queremos venderte nada ni hacer de ti un número para la publicidad ni ningún otro asunto que nos beneficie. Pero, sin duda, agradecemos tu visita y tu estancia en este lugar. 

CORTOS ANIMADOS

un corto cada semana de los mejores productores. No te los pierdas y si tienes alguna sugerencia, si te parece, dínosla.

... Un hombre como yo podría ser algo serio,/ y empaparse en gasolina por la noche/ e incendiarse para salvar al mundo,/ dejando que su sangre hierba y su cabello se rice.//
la muerte incansable, cada día más próxima./ Imposible pensar en otra cosa, salvo en cómo,/ cuándo y dónde he de morir./ Una pregunta estéril. Sin embargo, el miedo/ a morir y estar muerto/ relampaguea de nuevo, atrapa y horroriza.//
Me dirijo a todo aquel que nunca haya sido amado,/ Que nunca supo gustar;/ Me dirijo a los ausentes del sexo liberado,/ Y del placer corriente./ No teman amigos, su pérdida es mínima:/ El amor no existe en ninguna parte.//

voy por un camino, y el aire huele a lluvia, y pasa un niño abandonado y llora, como si recordara los árboles en sombra, los pasillos en sombra, los juguetes que se perdieron en un pozo.

El cielo se ha puesto grande, igual que el techo de los palacios y la lluvia, entonces, me da en los ojos, y Dios no está aquí, pero está aquí. Y avanzo.

 

Ah, lo sé.
Ahora estoy buscando en la lluvia una
alegría tan grande que se torne aguda,
y que me ponga en contacto con una agudeza que se aparezca a la agudeza del dolor.
Pero es una búsqueda inútil.
Estoy frente a la ventana y sólo ocurre eso: veo con ojos benéficos la lluvia,
y la lluvia me ve de acuerdo conmigo. Ambas estamos ocupadas en fluir.

¿Cuánto durará mi estado?
Percibo que, con esta pregunta, estoy palpando mi pulso para sentir dónde está el latir dolorido de antes.
Y veo que no está el latido de dolor.
Sólo eso: llueve y estoy mirando la
lluvia.
Qué simplicidad.
Nunca creí que el mundo y yo
llegáramos a este punto de acuerdo.
La lluvia cae no porque me necesite,
y yo la miro no porque necesite de ella.
Pero nosotras estamos tan juntas
como el agua de lluvia está ligada
a la lluvia.

 

encuentra lo que amas y deja que te mate

Si no me amas mato a mi padre. Lo dejaré caer escalones abajo
y veré cómo su cráneo añoso se descorre precipitado entre los pequeños hilos.
Miraré lo que siempre he deseado, su memoria.
Los conductos que llevaban a su cabeza la vida y
hacían de él  un títere, una máscara.

los muchachos del asunto poético

estos tipos que desfilan se la jugaron: quizá por un motivo desconocido que ni siquiera podían nombrar; o por ellos mismos; o por una causa, un amor, un deseo. Poco nos importa. Y tampoco nos importa si se mataron o se murieron de hambre o de soledad. Pero dedicaron lo mejor de sus vidas a esa extraña actividad que se llama poesía. Y, directa o indirectamente, también se la jugaron por nosotros, y no lo olvidamos.

Siempre me ha preocupado, en esas horas ocasionales de desprendimiento en que tomamos conciencia de nosotros mismos como individuos de que somos otros para los demás, la imaginación de la figura que haré físicamente, y hasta moralmente, para aquellos que me contemplan y me hablan, o todos los días o por casualidad.

Estamos todos acostumbrados a considerarnos como primordialmente realidades mentales, y a los demás como directamente realidades físicas; vagamente nos consideramos como gente física, para efectos en los ojos de los demás; vagamente consideramos a los demás como realidades mentales, pero sólo en el amor o en el conflicto adquirimos verdadera conciencia de que los demás tienen sobre todo alma, como nosotros para nosotros.

Me pierdo, por eso, a veces en un imaginar fútil de qué especie de gente seré para quienes me ven, cómo es mi voz, qué tipo de figura dejo escrita en la memoria involuntaria de los demás, de qué manera mis gestos, mis palabras, mi vida aparente, se graban en las retinas de la interpretación ajena.

No he conseguido nunca verme desde fuera.

No hay espejo que nos dé a nosotros mismos como fueras, porque no hay espejo que nos saque de nosotros mismos.

Sería precisa otra alma, otra colocación de la mirada y del pensamiento.

Si yo fuese actor prolongado de cine o grabase en discos audibles mi voz alta, estoy seguro de que del mismo modo quedaría lejos de saber lo que soy del lado de allá, pues, quiera lo que quiera, grábese lo que de mí se grabe, estoy siempre aquí dentro, en la quinta de muros altos de mi conciencia de mí.

La belleza en el arte le recuerda a uno qué es lo que vale la pena. No hablo ahora de fingimientos.
Hablo de la belleza, no del culebreo resbaloso, no de la sentimentalización acerca de la belleza, no de decirle a la gente que la belleza es lo apropiado y respetable. Quiero decir la belleza. No se discute acerca de una brisa primaveral, se fortalece uno cuando la encuentra. Se siente uno fortalecido cuando se encuentra con un pensamiento de movimiento rápido en Platón o con una arista fina en una estatua.
Hasta este alboroto acerca de los dioses le recuerda a uno que algo vale la pena. La sátira le recuerda a uno que algunas cosas no valen la pena. Lo lleva a uno a considerar el tiempo perdido.
El culto a la belleza y la delineación de la fealdad no se contraponen.

Yo quiero ser como ese
hombre que ha entrado en el
restaurante
esta noche,
ha aparcado justo
enfrente
de la puerta
delantera
bloqueando la salida a un buen
puñado de coches aparcados,
ha cerrado la puerta
de su coche
de un golpe,
ha entrado,
la camisa colgándole
sobre su gran
barriga.
cuando ha visto
al maître, ha
dicho “hey, Frank,
dame una puta
mesa junto a la
ventana!”
y Frank ha sonreído y le ha
conducido
a ella.

Yo quiero ser como
ese hombre.
mi manera no
esta funcionando

desde hace ya mas de
70 años

 

poema de amor para una striper

 

hace 50 años yo miraba a las chicas
que se meneaban y se desnudaban
en el Burbank y en el Follies
y era muy deprimente
y muy dramático,
la luz iba cambiando del verde al
púrpura y al rosa
y la música era fuerte y
vibrante,
ahora estoy aquí sentado esta noche
fumando y
escuchando música
clásica
pero aún recuerdo algunos
nombres: Darlene, Candy, Jeanette
y Rosalie.

 

Rosalie era
la mejor, sabía cómo hacerlo
y nos retorcíamos en los asientos y
hacíamos ruídos
cuando Rosalie traía magia
a los solitarios
hace ya tanto tiempo.

y ahora, Rosalie,
estarás muy vieja o
muy quieta bajo
tierra,
yo soy aquel chico
con la cara llena de granos
que mentía sobre su edad
sólo para poder
verte.

eras buena, Rosalie
en 1935
suficientemente buena como para recordarte
ahora
que la luz es amarilla
y las noches son
lentas

 

Hay un mapa de París en el salpicadero, si es que eso es un salpicadero./ Passy, la línea 63/ y el XIII Distrito aparecen en él./ Dice, haz algo, haz algo,/ aunque sólo sea por ti. Oye,/ no es mala idea. Puede acercarse/ sin estar nunca demasiado cerca.//
aquí me tienes jugando con los grillos del alba/ porque a un lado está tu pecho encendido,/ las manos se te posan en mi pelo cansado/ y entonces nunca ha existido cansancio en mí;/ todo lo rompes, Juan, te estableces en mi corazón y allí/ fundas tu casa//
... lentamente levantas en tu mano/ un brillo o su mención, y arden tus dedos,/ como una nieve súbita./ Está y no estuvo, pero estuvo y calla./ El frío quema y en tus ojos nace/ su memoria. Recordar es obsceno,/ peor: es triste. Olvidar es morir.// Con dignidad murió. Su sombra cruza./
... Pero el ruido del mar no se comprende,/ se desploma continuamente, insiste/ una y otra vez, con un cansancio/ con una voz borrosa y desgranada...// Y no se sabe/ qué es qué quiere o qué pide/ el turbio ruido oscuro/ cuando todo en derredor está tan claro.
Aquella línea de puntos/ que mi padre dibujó/ con su bastón en la arena/ es algo que la marea/ tampoco podrá llevarse.
Sólo el amar, sólo el conocer/ es lo que cuenta; no el haber amado,/ no el haber conocido. Angustia/ el vivir de un consumido/ amor. Deja de crecer el alma./
De otros diluvios a una paloma escucho.
Eras una criatura hermosa/ con cara de preocupada, párpados verdes/ y medias de encaje negro/ nos conocimos en un bar roñoso/ dijiste/ “mi nombre es Nada/ de vos no quiero nada/ no voy a sacarte nada/ no te voy a dar nada”/
... y ahora pienso que la muerte comienza./ La muerte empieza como un sueño,/ lleno de objetos y de la risa de mi hermana./ Somos jóvenes y caminamos/ y recogemos moras azules/ durante todo el camino a Damariscotta./

no has vivido
hasta no haber estado en un

albergue para vagabundos
con nada más que una bombilla
y 56 hombres apiñados juntos en catres

y todos roncando a la vez
y algunos de esos
ronquidos tan profundos y
tan gruesos e increíbles...
oscuros, carrasposos,

bastos,
infrahumanos, resollantes,
del mismísimo infierno
.
tu mente casi se parte
entre esos sonidos de muerte
y los olores entremezclándose:
calcetines sucios y rígidos y
calzoncillos meados y cagados

y por encima de todo esto

un aire que circula lentamente

muy parecido al que emana de los

cubos de basura destapados.

y esos cuerpos en la oscuridad

gordos y flacos y encorvados
algunos sin piernas sin brazos

algunos sin cerebro
y lo peor de todo:

la total ausencia de esperanza

los envuelve, los cubre totalmente.

no se puede soportar.

te levantas

sales

caminas por las calles
acera arriba y abajo 

pasas edificios

doblas la esquina

y vuelves a subir

la misma calle

pensando


 

todos esos hombres

fueron niños una vez


¿qué les ha pasado?


 

¿y que me ha pasado a mí?
está oscuro y hace frío ahí fuera

 

 

ni siquiera pedimos felicidad, sólo un poco

menos de dolor

 

Fui al baño y me eché un poco de agua en la cara, peiné mi pelo.

Si pudiera, solamente, peinar esa cara, pensé,
pero no puedo.

Si el eunuco se enfría en mis rodillas le digo que sí y nos queremos con las espadas altas y nos queremos con el hilo hermoso de la tarde hueca, y nos queremos, sí, si el eunuco de pronto osa escalar la dura arquitectura de mi sangre. Estaremos en la sangre, beberemos otra vez la tibia sangre, compraremos un billete a ver la sangre.

Cuando las gaviotas se lo coman todo
y en los esqueletos de los barcos proliferen
los insectos,
seguirás preguntándote qué hice contigo
después de recordarte.

Porque después del recuerdo vienen
otras cosas que no conociste,
que tampoco conocí porque desaparecían
al ritmo ligero de lo no deseado.

Pequeñas rozaduras que envejecían
el instinto de retenerte
y que no hacían daño, como ahora
las gaviotas.

Todavía no, pero las veo gordas sobre sus
patas tiesas de aferrarse a los ahogados
y comerles los ojos sin movimiento.

Porque no opone resistencia la carroña
engordarán tranquilas.

Pero todavía no,
aunque las vea.

 

 

Raro asunto la vida: yo que pude nacer en 1529, o en Pittsburg o archiduque, yo que 
pude ser Chesterton o un bonzo, haber
nacido gallego y d’Ors y todas estas cosas. Raro asunto que entre la muchedumbre de los siglos, que existiendo la China innumerable, y Bosnia, y las cruzadas, y los incas, fuese a tocarme a mí precisamente este trabajo amargo de ser yo.

 

Se acabó la inocencia. Era una bebida empalagosa y breve, una comida exótica, ahora ya lo sé. La probé. De esas cosas que se toman un día y siempre las recuerdas, de esa gente que te encuentras y no vuelves a ver. Nunca sabrás lo que pasaría en el banco de la inocencia. Con los pies colgando allí sólo vive la gente que no recuerdas, lo que nunca ha pasado. Te sentaste un momento a escuchar desde lejos la orquesta. Era duro y solitario el banco de la inocencia. Demasiada prisa en volver como para no olvidarte algo. Ahora ya lo sabes, la inocencia es esa gente que se quedó tu chaqueta.

 

Oh dama sin corazón, hija del cielo
auxíliame en esta solitaria hora
con tu directa indiferencia de arma
y tu frío sentido del olvido.

Un tiempo total como un océano,
una herida confusa como un nuevo ser
abarcan la tenaz raíz de mi alma
mordiendo el centro de mi seguridad.

Qué espeso latido se cimbra en mi corazón
como una ola hecha de todas las olas,
y mi desesperada cabeza se levanta
en un esfuerzo de salto y de muerte.

Hay algo enemigo temblando en mi certidumbre,
creciendo en el mismo origen de las lágrimas
como una planta desgarradora y dura
hecha de encadenadas hojas amargas.

 

a qué se dedican?

Escribo unas palabras/ y al mismo/ ya dicen otra cosa/ significan/ una intención distinta/ son ya dóciles/ al Carbono 14/ Criptogramas/ de un pueblo remotísimo/ que busca/ la escritura en tinieblas.
La falta de delicadeza es lo que le disgusta./ El aspecto de su carnosa ropa/ La ondulante fábrica cosida en su hueso./ El vestuario del esqueleto/ La vestimenta que ni siquiera es piel ni pelo/ El manto de la perversión y desesperación./
Y nosotros, a los que la derrota nos ha hecho sobrevivir,/ Los pies magullados, los ojos turbios, la cabeza pesada,/ Sangrantes, flojos, deshonrados, cansados,/ Vamos, penosamente ahogando un lamento sordo./
Éste es el mundo que amo./ Quiero un cielo veloz,/ la mañana distinta, sin colores,/ para poner mis ángeles,/ mis calles donde siempre hay humo y sorpresa./
Henry odia al mundo que no le/ permite meditar sin sentir el dolor,/ Henry se ha roto un brazo y escribió/ una carta explicando cuánta maldad/ se augura en este mundo.//
La mancha del amor/ se cierne sobre el mundo./ Amarillo, amarillo y amarillo,/ devora las hojas/ y unta con azafrán/ las ramas puntiagudas que se cimbran pesadas./


las viejas camareras de pelo gris
en los cafés por la noche
se rindieron
y cuando camino por las aceras iluminadas 
y miro por las ventanas
de las residencias de ancianos
puedo ver que ya no está 
con ellos.

 



Veo a la gente sentada en los bancos del parque
y puedo ver por la manera
en que
se sientan y miran
que se ha ido.


Veo a la gente conduciendo coches 
y veo por la manera en que 
los conducen
que ni aman ni son amados
ni piensan en el sexo. 
Todo se ha olvidado
como una vieja película.

Lo que más importa es qué
tal andas a través del fuego

 

a veces pienso que esos tipos casi saben que están muertos, que son feos, que están gastados,
y no quieren ver a nada
ni a nadie feliz y despreocupado;
ni siquiera pueden ver a nadie  infeliz, del modo en que nosotros somos infelices.
hay que hacerlo a su manera.
hombres amarillos
con mal aliento y pies grandes,
hombres que parecen ranas, hienas

 

Veo a la gente en los grandes almacenes 
y supermercados
que caminan por los pasillos
comprando cosas
y puedo ver por la manera en que
les queda la ropa y por el modo en que
caminan y por sus caras y sus ojos
que no les interesa nada
y nada se interesa
por ellos.


Puedo ver a un centenar de personas cada día
que se han rendido
del todo.

voy-compressor

 

hoy
conocí a un genio en el tren
como de seis años de edad;
se sentó a mi lado y,
mientras el tren
corría por la costa,
llegamos al océano.
el niño me miró y me dijo:
el mar no es nada bonito.

 

fue la primera vez
que me di cuenta
de ello.

Si voy al hipódromo
o a un acto deportivo
puedo ver a miles
que no sienten por nada o
por nadie y no reciben
ningún sentimiento.

Por todas partes veo a aquellos que no
anhelan nada sino comida, refugio y
ropa, concentrados 
en esa 
falta de sueños.

No entiendo por qué esta gente no
desaparece
no entiendo por qué esta gente no
expira,
por qué las nubes
no los asesinan
o por qué los perros
no los asesinan
o por qué las flores y los niños
no los asesinan,
no lo entiendo.

Supongo que son asesinados
pero no puedo adaptarme
al hecho de que existan
porque son
demasiados.


cada día
cada noche
hay más 
en los metros
en los edificios
en los parques.


No sienten terror
a no amar
o no ser amados.


tantos, tantos, tantos
de mis semejantes.

hay cosas peores que
estar solo
pero a menudo toma décadas
darse cuenta de ello
y más a menudo
cuando esto ocurre
es demasiado tarde
y no hay nada peor
que
un demasiado tarde