abraham gragera

adiós a la época de los grandes caracteres

gragera

la época

adiós

abraham gragera

 

casi demasiado serio

 

 

    

El aire que improvisa, inacabado, los gestos imprecisos, las cosas que

se cogen sólo para soltarlas, me gustan, porque no van a ningún sitio,

pero no llegan nunca tarde.

 

Inestabilidad, tienes nombre de milagro. Somos nosotros los que

decimos adiós, los que decimos… Ah, qué no te regalaría si supiera

cuánta fruta es un buen regalo. Estaba todo lleno de racimos. Y todo

los miraba con nostalgia.

 

Tal vez porque la soledad es todo

 

lo que ocurre alrededor de ella, las cosas nos enseñan cuánto amor

se necesita para pasar desapercibidos. O cuánto deseamos que nos

interrumpan. Las moscas, como el siglo diecinueve, lo sabían; las

cigarras celebran el amor, no su visión del mundo, la orilla añora el

roce de sus eles, mirar un río es también ahogarse.

 

Si pudiera, pensé, volvería al pasado a por la ropa de entretiempo.

Pero la nieve que cegó mis nueve años con un helor de ojo sin pupila

para borrar el mundo y prometerlo, aún no se ha derretido; mientras que

aquí, el verano y el otoño resultan demasiado familiares para disfrutar

de la seducción de los extraños, y demasiado extraños para hablarles

con familiaridad:

 

El sol y la llovizna juegan a la sed.

 

Quizás porque proponen un nuevo concepto de doma las tragedias son, no

sé, tan infinitivas, que no parecen hijas de su tiempo, verbal, imperativo…

Y lo que nos ocurre es siempre una liberación, un despertar:

 

Si con pasos de arena, balbuciendo han entrado ladrones en la casa, te

bañaste en mi sueño ¿no fue para que yo te respondiera no te preocupes,

son los nuestros…

 

Aquella nube bruta, este barro tan dócil…

 

Ya verás como siga así este tiempo. Van a proliferar las elegías.

 

   

 

me gusta 
improvisado, inacabado, impreciso, lo que
se coge para soltarlo
                      no va no llega tarde
inestabilidad: milagro

inestabilidad: milagro
nosotros decimos: adiós
               decimos: si supiera qué es un buen regalo
                               lo que te regalaría
[estaba todo lleno de racimos
y todo los miraba con nostalgia]
porque la soledad es todo lo que ocurre alrededor de ella

porque la soledad es todo lo que ocurre alrededor de ella

lo que ocurre alrededor de ella
cuánto amor para pasar desapercibidos
cuánto deseamos que nos interrumpan
las moscas lo sabían
las cigarras celebran el amor [no su visión del mundo]
la orilla añora el roce de sus eles
mirar un río es [también] ahogarse

volvería al pasado a por la ropa de entretiempo
pero la nieve
[que cegó mis nueve años con un helor
de ojo sin pupila para borrar el mundo y prometerlo]
aún no se ha derretido 
aquí el verano y el otoño
[demasiado familiares la seducción de los extraños  
demasiado extraños para hablarles con familiaridad]:
el sol y la llovizna juegan a la sed

el sol y la llovizna juegan a la sed

las tragedias [por un nuevo concepto de doma]
son infinitivas: no hijas de su tiempo verbal imperativo
y nos ocurre una liberación, un despertar:

pasos de arena
[balbuciendo han entrado ladrones en la casa]
te bañaste en mi sueño
¿no fue para no te preocupes, son los nuestros

aquella nube bruta
este barro tan dócil…

como siga este tiempo
van a proliferar las elegías.

 

 

 

 

 

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