katrin-thormann

 

 

 

 

 

 

 

 

Katrin se ha puesto elegante, se ha vestido de rojo guapo para venirse

al atardecer del mar: quizá quería ver el crepúsculo, que es un fracaso

diario del universo.

Como tenía ocasión de ser una gallina roja, enrojecida además por ese

color de sangre triste con que el sol se muere, Katrin se ha puesto su

sombrero de ala ancha y se ha acercado al agua inmensa.

Uno aprecia que un rojo se injerte en otro rojo, que haya un desacuerdo

de crímenes y que Katrin los sostenga, como recién salida de un naufragio

de sangre. Ella se mantiene erguida en su delgada vertical, con su corazón

estupendo y sus labios oscuros, frenada en esos zapatos raros.

Nos gusta ver a la mujer concreta, con dos piernas, con una mano en la

cintura y con  la otra alcanzándose el ala del sombrero; apreciamos que sea

una mujer sola, individual, con la vida puesta y una falda hasta la rodilla, plisada

y también roja, mientras atardece en su experiencia personal, y sus pulmones

respiran con dificultad el aire de sangre, espeso y degollado.

El ocaso es sólo una técnica del cielo, pero sólo sabemos verlo como una historia

que se acaba, como un asunto fúnebre, excesivo y acuchillado, como un elefante

bonito que, tosiendo, busca la oscuridad de su cuarto.

Katrin se ha acercado a la tarde moderna del mar, y tiene una pose torera de

caballo parado, quieto de piernas y bajo de cabeza, con desplante y tobillos finos.

Todo tiene el mismo color tierno del sufrimiento, de la luz que se acaba en las piernas

de Katrin, en la superficie áspera de las piedras cúbicas del mar, adentro y afuera,

entre arterias desangradas, cumpliendo largamente su deber de colores y temperaturas,

de olor espeso a herrumbre y a pescado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3 Comentarios

  1. Mmmmm… estoy descontento con esta sección, que tendría que ser

    estimulante, excitante.

    Creo que habrá que plantearse pasar a otra sección, que se podría titular

    algunas tías buenísimas, o sólo admitimos a las tías increíbles.

    Veremos qué dice el Master.

    narciso

  2. Pues creo que está bien como está. Me gustó el nombre cuando lo vi ayer.

    Desde luego que estimulante es.

    Lo que no sé si queda claro, es que lo que nos gusta es la estética, filosóficamente hablando,

    que está también en las personas. No vayan a pensar que no hay sangre azul en la familia.

    Ángel

  3. Mmmmm… ya, estamos en lo mismo, pero creo que la estética femenina que hemos

    merodeado hasta ahora es más bien escasa: no cumplimos lo que anunciamos: por ejemplo,

    hay una mezcla de tías buenas y mujeres hermosas o simplemente elegantes. No pueden equipararse

    unas con otras. Y las tías buenas dejan mucho que desear. Creo.

    De momento he colgado a Michelle, que quizá se acerca más a los propósitos -siempre extremos-

    de este blog.

    Hablaremos sobre el asunto.

    Gracias

    narciso

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