clarice lispector

de Para no olvidar

crónicas y otros textos

traducción de Elena Losada

Libros del Tiempo Ediciones Siruela

para nao esqueçer

2007

 

 

 

la explicación inútil

 

 

 

 

No es fácil recordar cómo o por qué escribí una novela.

Cuando ya se han despegado de mí, también me parecen extrañas.

No se trata de un trance sino de la concentración en el deber que parece eliminar la conciencia de lo que no haya sido el escribir propiamente dicho. Algo, sin embargo,  puedo intentar reconstruir, si tiene alguna importancia y si es lo que se me ha preguntado.

 

Lo que recuerdo del cuento Feliz cumpleaños, por ejemplo, es la impresión de una fiesta que no fue diferente de otras de cumpleaños, pero aquél era un día pesado de verano y creo que ni siquiera puse la idea de verano en el cuento. Tuve una impresión, de donde resultaron algunas líneas vagas, anotadas simplemente por el gusto y la necesidad de profundizar en lo que se siente. Años después, al dar con esas líneas, nació la historia, con la rapidez de quien transcribe una escena ya vista, y sin embargo nada de lo que escribí sucedió en aquella o en otra fiesta. Mucho tiempo después un amigo me preguntó de quién era aquella abuela. Respondí que era la abuela de los otros. Dos días después la verdadera respuesta me vino espontáneamente, y con sorpresa descubrí que era mi propia abuela, aunque de ella yo sólo había conocido un retrato, nada más.

 

Misterio en Sáo Cristóváo es un misterio para mí: fui escribiendo tranquilamente corno quien desenrolla un carrete de hilo. No encontré la más mínima dificultad. Creo que la ausencia de dificultad vino de la propia concepción del cuento: su atmósfera tal vez necesitaba esa actitud mía de neutralidad, de cierta no participación. La falta de dificultad puede haber sido una técnica interior, un modo de abordar, delicadeza, distracción fingida. 

 

De Devaneo y embriaguez de una muchacha sé que me divertí tanto que incluso fue un placer escribirlo. Mientras duró el trabajo estaba siempre de un buen humor diferente del cotidiano y, a pesar de que los demás no llegaron a notarlo, yo hablaba al modo portugués, haciendo, creo, una experiencia de lenguaje. Fue magnífico escribir sobre la portuguesa.

 

De Lazos de familia no recuerdo nada.

 

Del cuento Amor recuerdo dos cosas: una al escribir, de la intensidad con la que inesperadamente caí con el personaje dentro de un jardín Botánico no premeditado, y de donde casi no conseguimos salir, por estar tan enredadas en las lianas, y medio hipnotizadas, que tuve que hacer que mi personaje llamase al guardia para abrir los portones ya cerrados, porque si no seguiríamos viviendo allí hasta hoy.

La segunda cosa que recuerdo es a un amigo leyendo la historia mecanografiada para opinar, y yo, al oírla de una voz humana y familiar, con la súbita impresión de que sólo en ese instante la historia nacía, y de que ya nacía hecha, como nace un niño. Este momento fue el mejor de todos: el cuento me fue dado allí, y yo lo recibí, o bien allí yo lo di y él fue recibido, o las dos cosas que son una sola.

 

De La cena no sé nada.

 

Una gallina fue escrito en media hora. Me habían pedido una crónica, yo estaba haciendo intentos sin intentarlo exactamente, y acabé por no entregarla; hasta que un día noté que aquella era una historia completamente redonday sentí con qué amor la había escrito. Vi también que había escrito un cuento, y que allí estaba el amor que siempre he sentido por los animales, una de las formas accesibles de lo humano.

 

Comienzo de una fortuna fue escrito más para ver lo que daría de sí probar una técnica tan leve que apenas se entremezclase con la historia. Fue construido medio en frío, y yo guiada por la curiosidad. Más un ejercicio de escalas.

 

Preciosidad es un poco irritante, acabó por caerme mal la niña y después le pedí disculpas por caerme mal, y cuando hay que pedir disculpas tengo realmente ganas de no pedirlas. Acabé organizando su vida más por descargo de conciencia y por responsabilidad que por amor. Escribir así no vale la pena, involucra de un modo equivocado, agota la paciencia.

Tengo la impresión de que, incluso si pudiese hacer de este cuento un cuento bueno, intrínsecamente no serviría. 

 

Imitación de la rosa usó varios padres y madres para nacer. Hubo el choque inicial de la noticia de alguien que enfermó sin que yo entendiera por qué. En ese mismo día me mandaron rosas que repartí con una amiga. Hubo esa constante en la vida de todos que es la rosa como flor. Y hubo todo lo otro que no sé y que es el caldo de cultivo de cualquier historia.

 

Imitación me dio la oportunidad de usar un tono monótono que me satisface mucho: la repetición me resulta agradable, y la repetición que sucede en el mismo lugar termina perforando poco a poco, una cantinela mareante dice algo.

 

El crimen del profesor de matemáticas se llamaba antes El crimen, y fue publicado. Años después simplemente entendí que el cuento no había sido escrito. Aún no entiendo al profesor de matemáticas, aunque sepa que él es lo que yo dije.

 

La mujer más pequeña del mundo me recuerda un domingo, primavera en Washington, un niño durmiéndose en el regazo en medio de un paseo, los primeros calores de mayo, mientras la mujer más pequeña del mundo (una noticia leída en el periódico) intensificaba todo eso en un lugar que me parece el origen del mundo: África. Creo que este cuento viene también de mi amor por los animalesme parece que siento a los animales como algo todavía muy cercano a Dios, un material que no se ha inventado a sí mismo, algo todavía caliente de su propio nacimiento y, sin embargo, algo que ya se pone inmediatamente en pie y vive, viviendo cada minuto de una vez, nunca poco a poco, sin retenerse nunca, sin gastarse nunca.

 

El búfalo me recuerda muy vagamente un rostro que vi en una mujer o en varias, o en hombres, y una de las mil visitas que he hecho a zoológicos. En ésa, un tigre me miró, yo lo miré, él sostuvo la mirada, yo no, y hasta hoy no he vuelto. El cuento nada tiene que ver con todo eso, fue escrito y puesto de lado. Un día lo releí y tuve una sensación de malestar y de horror.