un ser de lejanías

francisco umbral

2001

Editorial Planeta, S. A., 2001

Barcelona (España)

 

 

página 24

 

No hay profundidad, la vida es esto. La vida es una máquina engrasada, el rodar silencioso de los días, el sol como una rueda que va lenta, las mañanas con diarios y muchachas, las tardes con otoños en racimo, las noches como un río que se desborda, pacífico y lustral, de cauce hondo.

No hay complicación, la vida es esto. El pan de cada día, tan monótono, comer monotonía de vez en cuando, cenar una manzana newtoniana, muy moderadamente newtoniana, soñar una mujer como una gran ave, no llevar nada suelto en los bolsillos, escribir un artículo diario, leer aquellos libros ya invernales donde me hice escritor plagiando imágenes. Y poco más.

Los sacerdotes verdes y los sabios, Kant y San Agustín, toda esa gente, quieren que nos sintamos importantes, nos pasean por el cielo y por la tierra, nos abruman de dioses y pecados, nació la trascendencia en una iglesia como útil derivado del poema. (Toda la religión no es sino poesía aplicada, truco, trampa.)

Y el filósofo ateo y la mujer doliente quieren que nos sintamos infinitos, el cielo tan sencillo de esta tarde, con hojas de moneda y luz de enfermo, nos lo quieren cambiar por otro cielo retórico de arpas y profetas.

Mas no hay profundidad, la vida es esto, un continuo presente y la salud. ¿Animales de fondo?

Juan Ramón iba a Dios y ganó el Nobel. Del Nobel no se pasa, sin el Nobel se pasa, ahora hace fresco.

¿Animales de fondo? Somos la superficie de un planeta que rueda cotidiano, algo vulgar, somos anticipado cementerio, ni siquiera hay dolor entre nosotros, ni siquiera la pena puebla el campo. Gente de superficie, buena gente, patata y pimentón es mi merienda, patata y pimentón mi eternidad.

 

 

 

 

 

 


 

 

 

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