[aunque esta novela ganó el Premio de novela Café Gijón

de 2016, se trata más bien de una novela o un texto poético

-o como se denomine según las muchas formas mixtas que

incluyen prosa y poesía de diversas maneras. ‘A medias’

sería, así, un capítulo de la novela, que no los necesita para

leerse empezando por cualquier página. 

Con todo, tiene argumento, hilo, algo sucesivo que la recorre

desde el principio hasta el fin.]

 

 

 

 

isabel bono

 

una casa en bleturge

 

nuevos tiempos – siruela

2017

 

 

 

a medias

 

 

 

Ingéniatelas como puedas, pero aquí no puedes vivir.

No ha dicho más.

Ha seguido leyendo el periódico, zanjando así el asunto.

Ni siquiera ha añadido Y no le vayas ahora a llorar a tu madre.

El no decirlo implica, su hija lo sabe, que esa conversación no ha sucedido nunca.

Queda aún más patente que el tema no le afecta lo más mínimo porque no se ha

levantado del sillón, no ha dejado las gafas sobre la mesa ni ha desaparecido dando

un portazo. Le ha faltado decir con toda naturalidad Y ahora me traes una cerveza

bien fría.

Ella tampoco se mueve. Sigue de pie, apoyada contra la librería, desafiando su indiferencia,

escondiendo las ganas de morderse las uñas para tener la boca ocupada y evitar

preguntarle por qué la odia tanto, si de verdad la culpa después de tanto tiempo de la muerte

de su hermano.

Él no esperaba que ella se quedara allí, de pie. Esperaba verla gimotear, esperaba reproches

infantiles, alguna absurda amenaza. Es mi hija, pero no la quiero. Solo quiero que se vaya.

Ella mira por la ventana y trata de canturrear mentalmente alguna canción, pero nota que todas

las letras que le vienen a la cabeza le punzan los ojos.

Se le escapa entre dientes la sintonía de un anuncio de medias. Él no se atreve a mirarla.

¿Está loca?, ¿qué hace ahí, de pie, cantando?

Ella no puede más, nota que los ojos van a llenársele de lágrimas de un momento a otro.

Se da la vuelta y, de espaldas, antes de salir de la habitación le pregunta si quiere algo de

la cocina.

Una cerveza, dice él.

Lleva un rato secándose las lágrimas con una servilleta de papel cuando su madre la agarra por

las caderas, le aparta el pelo y le besa el cuello.

Me ha dicho papá que te quedas con nosotros hasta que encuentres piso, no sabes cuánto

me alegro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

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