ítems para un tsunami · julieta valero

 

 

 

 

 

 

 

En el colmado de abajo aceptaron a mi planta trepadora a cambio de un kilo de arroz.

Mirando bullir el arroz engañé a la prisa y se quedó dormida junto a los trozos de hielo.

Ahora la palabra frío conserva su manantial y su Estalingrado pero designa también tus pies

pequeños que me buscan cada noche.

Cada noche tú imitas a Boris Karloff y tomamos al monstruo por el niño. El cabo de la risa en

nuestra almohada es el espejo donde la rutina se ve las arrugas y llora.

Algunas madrugadas hablamos de tener hijos sin la comadreja de las tropas que invaden. No

es Navidad pero sé que nos preocupan verdaderamente los niños palestinos. Ningún reportaje

escinde el material de sus casas del inventario de nuestro miedo.

Hay una cuenta que no me sale y eso me recuerda como hoja y aquel viento. Me refiero al

tiempo que me queda atravesado por la pértiga de la felicidad. Tengo dudas con la densidad

del aire aunque en los depósitos de lo que importa tu sonrisa es un número primo. De aquí a la

eternidad. No sé más pero matemáticos bondadosos con grasa en el pelo se han sentado en

su pupitre, descalzos y tristes, a balancear estos enigmas.

De lo escondido ya sólo me interesa cómo se las arreglará la esponja del amor para crecer más

allá de la barrera de coral.

Sospecho que la belleza debe ser algo que se desparrama con tino. No vale la sustitución de

materiales. Ese truco era un conejito blanco que huyó hacia los helechos de la adolescencia.

Desde que sé que envejezco con la certeza que se sabe una fresa en la boca me gustaría que

cada vez que me cansa mi madre me creciera una demanda de amor con el perímetro de los días

que sus manos han sido benéficas. Una caricia detrás de otra para que su círculo me extrajera esta

imbecilidad lineal, la muela de la ingratitud sonando en la bandeja de lo inapelable.

Debes estar al llegar. Cuando eso ocurre Marguerite Yourcenar tiene un pensamiento obsceno y

planea su regreso.

El regreso es el único movimiento posible y sin embargo choca siempre con la rótula de los

emprendedores. De esto deduzco que los recién nacidos ya se están rehabilitando, que las

estadísticas quedan pasteurizadas en las incubadoras.

Donde quiera que esté Praxíteles te mira satisfecho. Por mi parte, he roto con el miedo: lo hubiera

perdido todo de no dar contigo. La mesa está puesta. Aunque sabes de mis limitaciones con las salsas

y la Cábala, también tu ambición es sabia: una bolsa blanca que se mueve con el viento.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Julieta Valero

de Autoría

 

Rescatado () de LITERARIA blog literario de Tendencias21 de Yaiza Martínez