marosa di giorgio

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Apareció un gato con tres ojos bellos, iguales,

azules, en hilera.

Yo dije: Cómo verá… !

Otros clamaron: -iHay que matarlo! iEs un monstruo!

iLe vamos a hervir! sus ojos sobre la sopa.

No, como los ojos de la sopa que se van enseguida. Estos, 

color vidrio, han de boyar, color alhucema. Somos más de 

tres. Habrá que pelear. 

Entretanto, él esperaba posado cerca del aparador, o arriba.

Era negro, aterciopelado. Otros decían que no era así.

Yo miré por si se hubiese cambiado, pero no; era así.

Parecia crecer y crecer, y de prisa.

Entonces, eligió a la más grande, una rubia dorada, casi

deslumbrante.

Le saltó encima, en silencio, como una mariposa; la asal

en el lecho, como una seda, un murciélago. Era de ver

cómo se extendía; enredose a las extremidades de ella, que

enseguida se le abrazó bien.

Él la arañaba suavemente por doquier. Le hacía un arrumaco

gigante, una nupcial canción de cuna, un ronroneo

ardiente y funeral.

Nosotros veíamos desde la penumbra, desde las camas,

los tres ojos en hilera que actuaban en diversos planos, se

movían. Y brillaban como gritando.

 

 

 

 

Ξ


 

 

 

 

 

 

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