Me he sentado tranquilo a escribir

pensando en ese estado de la mente

entre la vigilia y el sueño, en que el cauce

se abre. Y las sombras y la luz hacen de las suyas.

Quizá pase lo mismo a la hora de morir, 

y los que creen en Dios o el Demonio vuelvan

a nacer, desmemoriada el alma, para mantener en marcha

las calderas invisibles de la existencia humana. Y nosotros

escépticos hasta la extenuación, continuemos el camino.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

4 Comentarios

  1. También creo en la desmemoria del alma, pero me pareció verla a veces bañada en esperanza, esperando que la próxima vez, cuando el cauce se abra, cubra por fin de bondad (o de inteligencia, o de amor, o de justicia) al mundo. Si, quizás pase algo parecido a la hora de morir, pero aquí estamos, vivos. Viva el poema, Ángel.

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