forma

 

 

Procurava um estilo – algo que se pusesse no

poema como um chapéu para a chuva ou para o

sol. Queria vestir a linguagem, a estrofe, o verso,

com a insólita elegância equilibrista. Lia

em voz alta os poemas dos outros como se fossem

seus; e, no entanto, não conseguia sair da

“áurea mediocritas”, do tom baixo que caracteriza

os simples imitadores. Uma noite, aproveitou

o isolamento da rua para se observar a si

próprio no reflexo de uma porta de vidro. “Quem

és?” perguntou à imagem; e não se espantou

como o silêncio que lhe respondeu. Não era ele,

afinal, incapaz de explicar fosse o que fosse

da vida? Construía ilusões; e deixava que elas

se esfumassem sem se preocupar em fixar a

sua imagem – afinal, aquilo de que os poemas são

feitos. E o inverno passou, com o fogo das suas

águas; uma primavera trouxe-lhe o nome que há

muito se desabituara de chamar; julho e agosto

prostraram-no na hesitação das tardes. Para quê

escrever? Porém, as nuvens do outono desceram ao

nível dos telhados; os dias ficavam mais curtos;

o vento do norte chegava com  uma dicção de

antigas folhas. Pensa que os mortos te visitam;

abre-lhes a página; e descobre que és um deles,

envolto num lençol de névoa e de retórica.

forma

 

 

Buscaba un estilo –algo que se le pudiera poner al

poema como un sombrero para la lluvia o para el

sol–. Quería vestir el lenguaje, la estrofa, el verso,

de la insólita elegancia del equilibrista. Leía

en voz alta los poemas de otros como si fueran

suyos y, aún así, no conseguía salir de la

“aurea mediocritas”, del tono bajo que caracteriza

a los simples imitadores. Una noche aprovechó

la soledad de la calle para observarse a sí

mismo en el reflejo de una puerta de cristal. “¿Quién

eres?”, le preguntó a su imagen; y no se espantó

del silencio de la respuesta. ¿No era él,

al fin y al cabo, incapaz de explicar cosa alguna

de la vida? Construía ilusiones y las dejaba que

se desvanecieran, sin preocuparse de fijar

su imagen –finalmente, aquello de lo que están hechos

los poemas–. Y el invierno pasó, con el fuego de sus

aguas; una primavera le trajo el nombre al que hacía

mucho había dejado de llamar; julio y agosto

lo postraron en la indecisión de las tardes. ¿Para qué

escribir? Sin embargo las nubes de otoño descendieron al

nivel de los tejados; los días se volvían más cortos;

el viento del norte llegaba con una dicción de

antiguas hojas. Piensa que los muertos te visitan;

ábreles la página, y descubre que eres uno de ellos,

envuelto en un sudario de niebla y retórica.

 

 

 

 

 

Nuno Júdice


In: Poesia Sempre


Revista semestral de poesia
p.114