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Releo pasivamente, recibiendo lo que siento como una inspiración y una liberación, esas frases sencillas de Caeiro,

en la referencia natural de lo que es consecuencia del pequeño tamaño de su aldea.

Desde allí, dice él, porque es pequeña, puede verse más del mundo que desde la ciudad; y por eso la aldea es mayor que la ciudad…

«Porque yo soy del tamaño de lo que veo Y no del tamaño de mi estatura.»

Frases como éstas, me parecen crecer sin voluntad que las hubiera dicho, me limpian de toda la metafísica que espontáneamente añado a la vida.

Después de leerlas, me acerco a mi ventana que da a la calle estrecha, miro al cielo grande y a los muchos astros, y soy libre como un esplendor

alado cuya vibración me estremece todo el cuerpo.

«¡Soy del tamaño de lo que veo!»

Cada vez que pienso esta frase con toda la atención de mis nervios, me parece más destinada a reconstruir consteladamente el universo.

«¡Soy del tamaño de lo que veo!»

Qué gran posesión mental va desde el pozo de las emociones profundas a las altas estrellas que se reflejan en él y, así, de cierta manera, están allí.

Y ahora ya, consciente de saber ver, miro la vasta metafísica objetiva de todos los cielos con una seguridad que me da ganas de morir cantando.

«¡Soy del tamaño de lo que veo!»

Y el vago claro de luna, enteramente mío, empieza a viciar de vaguedad el azul medio negro del horizonte.

Tengo ganas de levantar los brazos y gritar cosas de un salvajismo ignorado, de decir palabras a los misterios altos, de afirmar una nueva personalidad

vasta a los grandes espacios de la materia vacía.

Pero me reprimo y sereno.

«¡Soy del tamaño de lo que veo!»

Y la frase sigue siendo para mí el alma entera, apoyo en ella todas las emociones que siento, y sobre mí, por dentro, como sobre la ciudad, por fuera, cae

la paz indescifrable del duro claro de luna que empieza ancho con el anochecer.

24-3-1930

Releio passivamente, recebendo o que sinto como uma inspiração e um livramento, aquelas frases simples de Caeiro,

na referência natural do que resulta do pequeno tamanho da sua aldeia. Dali, diz ele, porque é pequena, pode ver-se mais do mundo do que da cidade;

e por isso a aldeia é maior que a cidade…

“Porque eu sou do tamanho do que vejo e não do tamanho da minha altura.”

Frases como estas, que parecem crescer sem vontade que as houvesse dito, limpam-me de toda a metafísica que espontaneamente acrescento à vida.

Depois de as ler, chego à minha janela sobre a rua estreita, olho o grande céu e os muitos astros, e sou livre com um esplendor alado cuja vibração me

estremece no corpo todo.

“Sou do tamanho do que vejo!”

Cada vez que penso esta frase com toda a atenção dos meus nervos, ela me parece mais destinada a reconstruir consteladamente o universo.

“Sou do tamanho do que vejo!”

Que grande posse mental Vai desde o poço das emoções profundas até às altas estrelas que se reflectem nele, e, assim, em certo modo, ali estão.

E já agora, consciente de saber ver, olho a vasta metafísica objectiva dos céus todos com uma segurança que me dá vontade de morrer cantando.

“Sou do tamanho do que vejo!”

E o vago luar, inteiramente meu, começa a estragar de vago o azul meio-negro do horizonte.

Tenho vontade de erguer os braços e gritar coisas de uma selvajaria ignorada, de dizer palavras aos mistérios altos, de afirmar uma nova personalidade

larga aos grandes espaços da matéria vazia. Mas recolho-me e abrando.

“Sou do tamanho do que vejo!”

E a frase fica-me sendo a alma inteira, encosto a ela todas as emoções que sinto, e sobre mim, por dentro, como sobre a cidade por fora, cai a paz

indecifrável do luar duro que começa largo com o anoitecer.

Fernando Pessoa

Del español:

Libro del desasosiego 133

Título original: Livro do Desassossego

© por la introducción y la traducción: Ángel Crespo, 1984

© Editorial Seix Barrai, S. A., 1984 y 1997

Segunda edición

Del portugués:

Livro do Desassossego composto por Bernardo Soares

© Selección e introducción: Leyla Perrone-Moises

© Editora Brasiliense

2ª edición