175

En las vagas sombras de luz por terminar antes que la tarde sea pronto noche,

disfruto de errar sin pensar entre lo que la ciudad se vuelve, y ando como si nada

tuviese remedio. Me agrada, más a la imaginación que a los sentidos, la tristeza

dispersa que está conmigo. Vago, y hojeo en mí, sin leerlo, un libro intersperso de

imágenes rápidas, del que voy formándome indolentemente una idea que nunca

se completa.

Hay quien lee con la misma rapidez con que mira, y concluye sin haberlo visto

todo. Así saco del libro que se me hojea en el alma una historia vaga por contar,

memorias de otro yo vagabundo, con avenidas de parques en medio, y figuras de

seda varias, pasando, pasando.

Indiscrimino con tedio y otro. Sigo, simultáneamente, por la calle, por la tarde

y por la lectura soñada, y los caminos son verdaderamente recorridos. Emigro y

descanso, como si estuviese a bordo con el navío ya en altamar.

Súbitamente, los faroles muertos coinciden luces en las prolongaciones dobles

de una calle larga y curva. Como un batacazo, mi tristeza aumenta. Es que se ha

terminado el libro. Hay tan sólo, en la viscosidad aérea de la calle abstracta, un

hilo exterior de sentimiento, como la baba del Destino idiota, goteando en la

conciencia del alma.

Otra vida de la ciudad que anochece. Otra alma la de quien mira a la noche.

Sigo inseguro y alegórico, irrealmente sintiente. Soy como una historia que alguien

hubiese contado y, de tan bien contada, anduviese carnal, pero no mucho, en este

mundo novela, en el principio de un capítulo: «En este momento, se podía ver a un

hombre avanzar lentamente por la calle de…»

¿Qué tengo yo que ver con la vida?

13-7-1931

Nas vagas sombras de luz por findar antes que a tarde seja noite cedo, gozo

de errar sem pensar entre o que a cidade se torna, e ando como se nada tivesse

remédio. Agrada-me, mais à imaginação que aos sentidos, a tristeza dispersa que

está comigo. Vago, e folheio em mim, sem o ler, um livro de texto intersperso [sic]

de imagens rápidas, de que vou formando indolentemente uma idéia que nunca

se completa.

Há quem leia com a rapidez com que olha, e conclua sem ter visto tudo. Assim tiro

do livro que se me folheia na alma uma história vaga por contar, memórias de um

outro vagabundo, bocados de descrições de crepúsculos ou luares, com aléias de

parques no meio, e figuras de seda várias, a passar, a passar.

Indiscrimino a tédio e outro. Sigo, simultaneamente, pela rua, pela tarde e pela

leitura sonhada, e os caminhos são verdadeiramente percorridos. Emigro e repouso,

como se estivesse a bordo com o navio já no mar alto.

Súbito, os candeeiros mortos coincidem luzes pelos prolongamentos duplos da rua

longa e curva. Como um baque a minha tristeza aumenta. É que o livro acabou. Há

só, na viscosidade aérea da rua abstrata, um fio externo de sentimento, como a baba

do Destino idiota, a pingar-me sobre a consciência da alma.

Outra vida, da cidade que anoitece. Outra alma a de quem olha a noite. Sigo incerto

e alegórico, irrealmente sentiente. Sou como uma história que alguém houvesse

contado, e, de tão bem contada, andasse carnal mas não muito neste mundo romance,

no princípio de um capítulo: “A essa hora um homem podia ser visto seguir lentamente

pela rua de…”

Que tenho eu com a vida?

Fernando Pessoa

Del español:

Libro del desasosiego 175

Título original: Livro do Desassossego

© por la introducción y la traducción: Ángel Crespo, 1984

© Editorial Seix Barrai, S. A., 1984 y 1997

Segunda edición

Del portugués:

Livro do Desassossego composto por Bernardo Soares

© Selección e introducción: Leyla Perrone-Moises

© Editora Brasiliense

2ª edición


 

 

 

 

 

 

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