cartas a un joven poeta

rainer maria rilke

 

 

briefe an einen jungen dichter

diez cartas a franz xaver kappus

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Título original: Briefe an eine jungen Dichter

Rainer Maria Rilke, 1903

Traducción: Antoni Pascual i Piqué y Constanza Bernad Ribera

 

 

 

 

9

 

Furuborg, Jonsered, en Suecia

4 de noviembre de 1904

 

 

Mi querido señor Kappus:

        

Todo este tiempo en que usted no ha recibido ninguna carta mía, he estado de viaje o tan ocupado que no le he podido escribir. Incluso hoy me resulta difícil hacerlo, porque he tenido que redactar muchas cartas y mi mano está cansada. Si pudiera dictar, le diría muchas cosas, pero como no es así, tome, se lo ruego, estas pocas palabras como si fueran una larga carta.

Suelo pensar en usted, querido señor Kappus, con tan concentrados deseos que, de alguna forma, estoy convencido de que, así, le puedo ayudar. En cambio, que mis cartas, en verdad, puedan servirle de ayuda… lo dudo muchas veces. No me diga: «sí, me ayudan». Tómelas con sencillez y sin excesivo agradecimiento y esperemos lo que quiera venir. Quizá no sea provechoso que ahora trate con pormenor sus palabras, pues ¿qué le podría decir sobre su tendencia a la duda o sobre su incapacidad para armonizar la vida interior con la exterior?, ¿o también acerca de todo lo que le oprime, que no le haya dicho ya?

Deseo que encuentre la paciencia suficiente para soportar y la simplicidad necesaria para creer a fin de adquirir más confianza en lo que es difícil y en la soledad que de pronto le rodea por sorpresa en medio de la gente. Por lo demás, deje que la vida vaya sucediendo y traiga lo que tenga que traer. Créame, la vida siempre, siempre tiene razón. En cuanto a los sentimientos: son auténticos los que le concentran y elevan; impuro es el sentimiento que le agarra por una parte de su ser y así lo desfigura. Todo lo que usted pueda meditar acerca de su infancia, es bueno.

Todo lo que le hace ser más de lo que era hasta ahora en sus mejores momentos, es acertado. Cada incremento es bueno si está en toda su sangre, si no es ebriedad o turbulencia, sino alegría que deja ver el fondo. ¿Comprende usted lo que le quiero decir? Respecto a la duda: puede convertírsele en una buena cualidad si la educa. La duda ha de llegar a ser sabia, ha de convertirse en crítica. Pregúntele, siempre que quiera echarle algo a perder, pregúntele porqué es fea aquella cosa; pídale pruebas, sométala a examen y quizá la encuentre perpleja y desconcertada, quizá también irritada. Pero usted no ceda, exija argumentos. 

Compórtese atenta y consecuentemente en todas las ocasiones; y llegará el día en que el destructor se convertirá en uno de sus mejores trabajadores, tal vez en el más inteligente de todos los que le edifican la vida.

Esto es lo que deseaba decirle hoy, querido señor Kappus. Al mismo tiempo le mando la copia impresa de un poema corto, que ahora ha sido publicado en el Deutschen Arbeit de Praga. Allí sigo hablándole de la vida y de la muerte, ambas, a la vez, grandes y maravillosas.

 

Suyo

Rainer Maria Rilke