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no eres tú

de

mutilaciones

 

 

   

 

 

 

Un día dices: la uña. ¿Qué es la uña?

Una excrecencia córnea

que es preciso cortar. Y te la cortas.

 

Y te cortas el pelo par estar a la moda

y no hay en ello merma ni dolor.

 

Otro día viene Shylock y te exige

una libra de carne, de tu carne,

para pagar la deuda que le debes.

 

Y, después. Oh, después:

palabras que te extraen de la boca,

trepanación del cráneo

para extirpar ese tumor que crece

cuando piensas.

 

A la visita del recaudador

entregas, como ofrenda, tu parálisis.

 

Para tu muerte es excesivo un féretro

porque no conservaste nada tuyo

que no quepa en una cáscara de nuez.

 

Y epitafio, ¿en qué lápida?

Ninguna es tan pequeña como para escribir

las letras que quedaron de tu nombre.