ser la que fue dejada

 

 

 

 

Si paso delante de un espejo, me doy vuelta

no quiero mirar,

y ella no quiere que la vean. A veces

no sé cómo hacer para seguir con esto.

En general, cuando me siento así,

al poco tiempo ya estoy llorando, acordándome

de su cuerpo, o de una zona de su cuerpo,

en general la parte de atrás, una parte de él

que recuerde, ahora mismo, deliciosa, sin tanto

detalle, y se aparece su espalda.

Después de las lágrimas, el pecho duele menos,

como si, dentro nuestro, una diosa de lo humano

nos acariciara como un manantial de ternura.

Me imagino que es así como la gente sigue adelante, sin

saber cómo. Me da tanta vergüenza

delante de mis amigos – ser la que fue dejada

por aquel que supuestamente me conocía mejor,

cada hora es un rincón de vergüenza, y yo estoy

nadando, nadando, sosteniendo mi cabeza erguida,

sonriendo, haciendo chistes, avergonzada, avergonzada,

como estar desnuda con la ropa puesta, o como ser

una niña, la obligación de portarse bien

mientras odiás las circunstancias de tu vida. Adentro mío ahora

hay un ser de puro odio, un ángel

del odio. En la cancha de bádminton, ella lanza

su tiro ganador, puro como una echa,

mientras por los ojales de mi blusa las chinches

pican una carne que ya no parece

importarle a nadie. En el espejo, mi torso

parezco una sex–symbol mártir, llena de picaduras,

o una jarra de crema con hojas de ortigas y ores del desierto,

llena de leche de la bondad y la maldad

humanas, y nadie está haciendo la la para tomarla.

¡Pero miren! ¡Estoy empezando a resignarme!

Creo que ya no va a volver. Algo

muere, adentro mío, cuando pienso en esto,

como la muerte de una bruja en la cama

mientras nace un bebé en la cama de al lado. Ten fe,

viejo corazón. Qué es vivir, de todas formas,

sino morir.

 

 

 

 

 

known to be left

 

 

 

If I pass a mirror, I turn away,

I do not want to look at her,

and she does not want to be seen. Sometimes

I don’t see how I’m going to go on doing this.

Often, when I feel that way,

within a few minutes I am crying, remembering

his body, or an area of it,

his backside often, a part of him

just right now to think of, luscious, not too

detailed, and his back turned to me.

After tears, the heart is less sore,

as if some goddess of humanness

within us has caressed us with a gush of tenderness.

I guess that’s how people go on, without

knowing how. I am so ashamed

before my friends – to be known to be left

by the one who supposedly knew me best,

each hour is a room of shame, and I am

swimming, swimming, holding my head up,

smiling, joking, ashamed, ashamed,

like being naked with the clothed, or being

a child, having to try to behave

while hating the terms of your life. In me now

there’s a being of sheer hate, like an angel

of hate. On the badminton lawn, she got

her one shot, pure as an arrow,

while through the eyelets of my blouse the no–see–ums

bit the esh no one seems now

to care to touch. In the mirror, the torso

looks like a pinup hives martyr,

or a cream pitcher speckled with henbit and pussy-paws,

full of the milk of human kindness

and unkindness, and no one is lining up to drink.

But look! I am starting to give him up!

I believe he is not coming back. Something

has died, inside me, believing that,

like the death of a crone in one twin bed

as a child is born in the other. Have faith,

old heart. What is living, anyway,

but dying.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Salto del Ciervo / Sharon Olds / Traducción de Natalia Leiderman y Patricio Foglia

/Stag’s Leap, 2012

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

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