simon armitage

seeing stars

 

 

mi diferencia

 

 

 

 

He estado escribiendo recientemente muchos poemas sobre mi diferencia pero mi tutor no está impresionado.

Él no ha dicho mucho, pero está claro que, en lo que a él respecta, mi diferencia no es suficiente. Quiere que vista mi diferencia con oropeles y campanas y luces brillantes, o que la siente en un flotador y la conduzca a través de la ciudad a la cabeza del Desfile del Día de Mayo.

“Dime un hecho interesante sobre tu diferencia “, dice, así que le cuento del tiempo en que perdí mi diferencia en el desagüe de una casa de huéspedes en Bournemouth y tuve que pescarla con un clip y el tamaño en longitud del hilo dental.

Él dice, “Er, eso no es realmente lo que tenía en mente, Henry.”

Básicamente él necesita que mi diferencia muera en un accidente o que sea ritualmente amputada en una guerra civil.

Luego él me muestra un poema premiado (de hecho, uno de los suyos) acerca de un par de gemelos cuyas diferencias fueron intercambiadas al nacer por una comadrona sin hijos, y crecieron con las diferencias equivocadas, uno en el seno de la Familia Real Saudí y el otro bajo la “bota de la pobreza” y se conocieron más tarde en la vida sólo para descubrir que sus diferencias eran exactamente iguales.

Él quiere de mí que encierre mi diferencia en un sótano de carbón hasta que llegue a la mayoría de edad y entonces que la saque fuera y la revierta con el cortacésped avanzando rápidamente por encima, haciendo así mi diferencia, de hecho, muy diferente, o que subaste mi diferencia en el mercado global, o que la filme recibiendo un “feliz aplauso” en una calle concurrida, o que grite los detalles de mi diferencia dentro del agujero de conejo del cosmos con la esperanza de doblegar la oreja de la creación misma.

Le digo a él que una vez me tragué mi diferencia sin agua con el estómago vacío, pero ya no escucha nada más.

Cita a un tipo que dejó lista su diferencia con un par de tijeras rosadas.

Habla acerca de tal y cual poeta que lanzó su diferencia enfrente del tren real, o que había hecho que la golpearan los oficiales de policía vestidos de paisano y se transformó en abono para las plantas o en pasta de papel de pared, o puso al fuego a su diferencia en la hora estelar de la TV nacional.

Y cuando alego que no importa qué pequeña y lamentable pudiera parecerle mi diferencia, que para mí constituye toda la diferencia del mundo, me mira con una expresión de completa y manifiesta e irreversible indiferencia.

 

     

 

my difference

 

 

I’ve been writing a lot of poems recently about my difference but my tutor isn’t impressed.

He hasn’t said as much, yet it’s clear that as far as he’s concerned my difference doesn’t cut much ice. He wants me to dress my difference with tinsel and bells and flashing lights, or sit it on a float and drive it through town at the head of the May Day Parade.

“Tell me one interesting fact about your difference,” he says, so I tell him about the time I lost my difference down the plughole in a Bournemouth guesthouse and had to fish it back with a paperclip on a length of dental floss.

He says, “Er, that’s not really what I had in mind, Henry.”

Basically he needs my difference to die in a crash, or be ritually amputated in a civil war.

Then he shows me a prize-winning poem (one of his own in fact) about a set of twins whose differences were swapped at birth by a childless midwife, and who grew up with the wrong differences, one in the bosom of the Saudi Royal Family and the other beneath the “jackboot of poverty,” and who met in later life only to discover that their differences were exactly the same.

He wants me to lock my difference in a coal cellar until it comes of age then take it outside and reverse over with the ride-on mower, thus making my difference very different indeed, or auction my difference in the global marketplace, or film it getting a “happy slapping” in a busy street, or scream the details of my difference into the rabbit hole of the cosmos hoping to bend the ear of creation itself.

I tell him I once swallowed my difference without water on an empty stomach, but he isn’t listening any more.

He’s quoting some chap who went at his difference with a pair of pinking shears.

He’s talking about such and such a poet who threw his difference in front of the royal train, or had it beaten from him by plainclothed officers and rendered down into potting compost or wallpaper paste, or set fire to his difference on primetime national TV.

And when I plead with him that no matter how small and pitiful my difference might seem to him, to me it makes all the difference in the world, he looks at me with an expression of complete and undisguised and irreversible indifference.

 

 

 

 

 

Seeing Stars

POEMS

Simon Armitage

ALFRUD A. KNOPP NEW YORK 20rt

Originally published in Great Britain by Faber and Faber in 2010

 

 

 

 

 


 

 

 

 

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