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quentin tarantino

malditos bastardos

Título original: Inglourious Basterds

Quentin Tarantino, 2009

Traducción: Marc Viaplana Canudas

Introducción: David L. Robbins

EXTERIOR. GRANJA LECHERA. DE DÍA

Una modesta granja lechera, en la campiña de Nancy, en Francia (lo que los franceses

llaman «tierra de vacas»).

Aparece un SUBTÍTULO en el cielo, sobre la casa del granjero.

CAPÍTULO UNO

«ÉRASE UNA VEZ…

EN LA FRANCIA OCUPADA POR LOS NAZIS.»

El SUBTÍTULO desaparece, y es sustituido por otro:

«1941:

Ha pasado un año desde el inicio

de la ocupación alemana de Francia».

La granja consiste en una vivienda, un pequeño establo y doce vacas desperdigadas

por el campo.

El propietario del terreno, un GRANJERO FRANCÉS grande como un toro, va

descargando hachazos sobre un tronco que estorba en su terreno. Sin embargo, a

simple vista, no hay forma de saber si ha estado golpeando el tronco durante un año

entero o acaba de empezar hoy.

JULIE

Una de sus tres hermosas hijas adolescentes está tendiendo la colada. Mientras cuelga

una sábana blanca oye un ruido, y al apartar la sábana hacia un lado, ve que…

(PLANO SUBJETIVO de JULIE)

Subiendo por la colina, por la carretera que lleva a la granja, se acerca un coche

descapotable nazi, con dos banderitas nazis en el capó, un SOLDADO NAZI al

volante, un OFICIAL NAZI sentado, él solo, en el asiento trasero, y dos SOLDADOS

NAZIS más, conduciendo dos motos delante de ellos.

JULIE

¡Papá!

El granjero francés clava el hacha en el tronco, gira la cabeza y ve a los nazis que se

acercan.

La ESPOSA DEL GRANJERO, CHARLOTTE, aparece en la puerta de entrada de la

casa, seguida de sus DOS OTRAS HIJAS ADOLESCENTES, y ve cómo se acercan

los alemanes.

El granjero chilla a su familia (en FRANCÉS, SUBTITULADO EN

CASTELLANO):

GRANJERO

¡Entrad en casa y cerrad la puerta!

GRANJERO

(a Julie)

Julie, saca un poco de agua con la bomba, para lavarme, y luego entra en casa con

tu madre.

La jovencita corre hasta la bomba de agua, que está al lado de la casa. Coge un

cuenco y empieza a bombear. A los pocos bombeos, el agua empieza a salir y cae en

el cuenco, salpicándolo.

El granjero francés se sienta en la cepa del tronco que poco antes estaba talando, se

saca un pañuelo del bolsillo, se limpia el sudor de la frente y espera la llegada de la

caravana nazi. Tras un año de vida con la espada de Damocles colgando sobre la

cabeza, este podría muy bien ser el fin.

Julie acaba de llenar el cuenco de agua y lo coloca en el antepecho de la ventana.

JULIE

Aquí lo tienes, papá.

GRANJERO

Gracias, cariño. Ahora entra en casa y cuida de mamá. No corras.

Julie entra en la vivienda y cierra la puerta tras ella.

Mientras su padre se levanta de la cepa y se acerca hacia el alféizar donde está el

cuenco de agua…

… El SONIDO del MOTOR de las dos motocicletas y el coche se oye cada vez más

FUERTE.

El granjero se echa el agua del cuenco en la cara y el pecho. Coge una toalla que

cuelga de un clavo y se seca la cara y el pecho mientras observa las dos motos y el

único automóvil. Los cuatro representantes del Partido Nacionalsocialista se detienen

en su propiedad.

No nos acercamos a ellos, sino que seguimos observándolos a distancia, igual que el

granjero.

Los DOS MOTORISTAS NAZIS se han bajado de las motos y están en posición de

firmes junto a ellas.

El CHÓFER NAZI ha dado la vuelta alrededor del automóvil y le ha abierto la puerta

a su superior.

El OFICIAL NAZI le pregunta al chófer (EN ALEMÁN SIN SUBTITULAR):

OFICIAL NAZI:

¿Esta es la propiedad de Perrier LaPadite?

CHÓFER NAZI

Sí, mi coronel.

El oficial nazi sale del asiento trasero del automóvil y lleva en la mano izquierda un

maletín de cuero negro.

OFICIAL NAZI

Hermann, no quiero que se me moleste hasta que yo os llame.

CHÓFER NAZI

Como usted desee, mi coronel.

El CORONEL DE LAS SS grita al granjero en FRANCÉS (SUBTITULADO EN

CASTELLANO):

OFICIAL NAZI

¿Es esta la propiedad de Perrier LaPadite?

GRANJERO

Yo soy Perrier LaPadite.

El coronel de las SS recorre a grandes zancadas la distancia que los separa, y dice, en

francés, con una sonrisa en la cara:

OFICIAL NAZI

Es un placer conocerlo, monsieur LaPadite. Soy el coronel Hans Landa, de las SS.

EL CORONEL HANS LANDA le tiende la mano al granjero francés PERRIER

LAPADITE. El francés le coge la mano al alemán y se la estrecha.

PERRIER

¿En qué puedo ayudarle?

CORONEL LANDA

Me gustaría que me invitara a entrar en su casa y tener una conversación con

usted.

INTERIOR. CASA DE LAPADITE. DE DÍA.

Se abre la puerta de la vivienda de la granja, y el granjero le hace señas al CORONEL

DE LAS SS para que entre. El alemán se quita la gorra color gris de las SS y entra en

el hogar del francés. El coronel Landa se encuentra inmediatamente en presencia de

la esposa del granjero y de sus hermosas hijas, las tres juntas en la cocina,

sonriéndole.

El granjero entra detrás de él y cierra la puerta.

PERRIER

Coronel Landa, esta es mi familia.

El CORONEL DE LAS SS hace entrechocar los talones y toma la mano de la esposa

del granjero francés.

CORONEL LANDA

Soy el coronel Hans Landa de las SS, madame, para servirle.

Le besa la mano y sigue hablando sin soltar la mano de su anfitriona.

CORONEL LANDA

Le ruego que disculpe mi descortés intromisión en su vida cotidiana.

ESPOSA DEL GRANJERO

No diga disparates, coronel.

Con la mano de la mujer francesa aún cogida, y mirándola a los ojos, el coronel de las

SS dice:

CORONEL LANDA

Monsieur LaPadite, veo que son ciertos todos los rumores que he oído en el

pueblo sobre su familia. Su esposa es una hermosa mujer.

Sus ojos se apartan de la madre y se dirigen hacia las tres hijas.

CORONEL LANDA

(CONTINÚA)

Y sus hijas son todas igualmente preciosas.

PERRIER

Gracias. Tome asiento, por favor.

El granjero le ofrece al coronel de las SS una silla frente a la mesa de madera del

comedor. El oficial nazi acepta la invitación del granjero francés y se acomoda en la

silla. Coloca su gorra gris de las SS sobre la mesa y deja el maletín negro en el suelo,

a sus pies.

El granjero (un perfecto anfitrión) se vuelve hacia su esposa y le pide:

PERRIER

Charlotte, ¿tendrías la amabilidad de traerle un poco de vino al coronel?

CORONEL LANDA

Merci «bocú», monsieur LaPadite, pero no tomaré vino. Siendo esta una granja

lechera, supongo que no me equivoco si supongo que tendrán leche, ¿no es así?

CHARLOTTE

Sí.

CORONEL LANDA

Entonces tomaré leche.

CHARLOTTE

Sí, señor.

La madre de tres criaturas saca de la nevera una jarra de leche y vierte el fresco

líquido blanco en un vaso alto para el coronel.

El coronel de las SS toma un largo trago y luego deja el vaso, CON FUERZA Y

HACIENDO RUIDO, sobre la mesa de madera.

CORONEL LANDA

Monsieur, bravo por su familia y por sus vacas.

PERRIER

Merci.

CORONEL LANDA

Por favor, tome asiento conmigo, en su mesa.

PERRIER

Sí, señor.

El granjero francés se sienta ante su mesa, frente al nazi.

Las mujeres se quedan de pie.

El coronel Landa se inclina hacia delante y le dice al granjero en voz baja, en tono

confidencial:

CORONEL LANDA

Monsieur LaPadite, lo que tenemos que tratar es mejor tratarlo en privado. Ya ha

visto que he dejado fuera a mis hombres. Si no se lo van a tomar como ofensa,

¿podría usted pedirles a las encantadoras damas que nos dejaran solos?

PERRIER

Tiene usted razón.

PERRIER

(dirigiéndose a su familia)

Charlotte, ¿te importaría llevarte a las chicas fuera? El coronel y yo tenemos que

hablar.

La esposa del granjero obedece a su marido. Recoge a sus hijas, se las lleva fuera de

la casa y cierra la puerta tras ella.

Los dos hombres se quedan a solas, en la mesa de madera de la granja, en el humilde

hogar del granjero.

CORONEL LANDA

Monsieur LaPadite, lamento comunicarle que mi francés ya no da para más.

Insistir en seguir hablándolo de manera tan impropia serviría solo para hacerme

pasar vergüenza. En cambio, tengo entendido que usted habla bien el inglés. ¿Es

eso cierto?

PERRIER

Oui.

CORONEL LANDA

Bien, pues resulta que yo lo hablo también. Por ser esta su casa, ¿me daría usted

permiso para cambiar al inglés, durante el resto de la conversación?

PERRIER

Por supuesto.

Hablan ahora en INGLÉS.

CORONEL LANDA

Monsieur LaPadite: mientras que yo sé muchas cosas de usted y de su familia, no

tengo forma de saber si usted sabe quién soy. ¿Ha oído usted hablar de mí?

El granjero responde:

PERRIER

Sí.

CORONEL LANDA

Perfecto. ¿Sabe usted cuál es el trabajo que se me ha encargado llevar a cabo en

Francia?

PERRIER

Sí.

El coronel toma otro sorbo de leche.

CORONEL LANDA

¿Me contaría usted qué ha oído decir?

PERRIER

He oído que el Führer le ha encomendado a usted apresar a los judíos que quedan

en Francia, tanto a los que se esconden como a los que pasan por no serlo.

El coronel de las SS sonríe.

CORONEL LANDA

El mismo Führer no lo habría explicado mejor.

PERRIER

Pero sigo sin entender el motivo de su visita, por placentera que esta pueda ser.

Los alemanes registraron mi casa hace nueve meses, en busca de judíos, y no

encontraron nada.

CORONEL LANDA

Estoy enterado de eso, leí el informe sobre esta zona, pero, igual que en cualquier

empresa que cambia de dirección, siempre se da una ligera duplicación de

esfuerzos. La mayoría de las veces acaba siendo una total pérdida de tiempo, pero

aun así hay que hacerlo. Solo tengo que hacerle unas cuantas preguntas, monsieur

LaPadite, y si usted me puede ayudar con respuestas, mi departamento cerrará el

expediente sobre su familia.

Recoge su maletín de cuero negro, lo coloca encima de la mesa y extrae de su interior

una carpeta. También saca del bolsillo delantero de su uniforme una costosa

estilográfica negra. Abre la carpeta, y refiriéndose a ella, dice:

CORONEL LANDA

Antes de la ocupación había cuatro familias judías en esta zona, todas ellas

granjeras y productoras de leche, como usted.

Los Loveitt, los Dolerac, los Rollin y los Dreyfus, ¿es esto correcto?

PERRIER

Que yo sepa, esas eran las familias judías que tenían una granja lechera.

Señor coronel, ¿le molesta si enciendo mi pipa?

Levanta la vista de los papeles.

CORONEL LANDA

Por favor, monsieur LaPadite, esta es su casa, póngase a gusto.

El granjero se levanta de la mesa, se acerca al estante que hay sobre la chimenea y

saca de él una CAJA DE MADERA que contiene los accesorios de su pipa. Vuelve a

sentarse en la mesa, con su visitante nazi.

Mientras el granjero llena con tabaco la pipa, la enciende con una cerilla y con unas

lentas chupadas la pone al rojo vivo, el coronel de las SS estudia los papeles que tiene

delante de él.

CORONEL LANDA

Según mi documentación, todas las familias judías de esta zona han sido

localizadas, excepto la de los Dreyfus.

Al parecer, desaparecieron sin dejar rastro en algún momento del año pasado.

Y esto me lleva a la conclusión de que o bien consiguieron escapar o bien alguien

está haciendo un buen trabajo escondiéndolos.

(Levanta la mirada de los

papeles, hacia el granjero,

que tiene sentado en la mesa,

delante de él.)

¿Qué ha oído usted sobre los Dreyfus, monsieur LaPadite?

PERRIER

Solo rumores.

CORONEL LANDA

¡Me encantan los rumores! Los hechos son muchas veces engañosos; en cambio,

los rumores, ciertos o falsos, son a menudo reveladores. Entonces, monsieur

LaPadite, ¿qué rumores ha oído usted acerca de los Dreyfus?

El granjero mira a Landa.

CORONEL LANDA

Hable con franqueza, monsieur LaPadite, quiero saber de qué rumores se trata, no

quién se los contó a usted.

Con aspecto pensativo, el granjero le da una chupada a su pipa.

PERRIER

No es más que un rumor, pero oímos que los Dreyfus habían escapado a España.

CORONEL LANDA

¿Así que los rumores que han oído hablan de una huida?

PERRIER

Sí.

CORONEL LANDA

¿Había una relación de amistad entre los LaPadite y los Dreyfus?

Mientras el granjero contesta la pregunta, la CÁMARA DESCIENDE por detrás de

su silla, hacia el suelo, luego atraviesa el suelo y llega a un pequeño espacio que hay

debajo de las tablas del piso, donde se ven:

CINCO SERES HUMANOS

situados verticalmente debajo del suelo del granjero. Estos seres humanos son los

DREYFUS, que han estado viviendo debajo de la casa del granjero durante el año

anterior entero. Pero uno no llamaría vivir a lo que han estado haciendo los Dreyfus

este último año. La familia ha hecho lo único que podía hacer:

esconderse de un ejército invasor que quiere su exterminio.

PERRIER

Éramos familias de la misma comunidad, y estábamos en el mismo negocio. Yo

no los llamaría amigos, pero éramos miembros de la misma comunidad y

teníamos intereses en común.

El coronel de las SS considera la respuesta, parece aceptarla y pasa a la siguiente

cuestión.

CORONEL LANDA

Ya que yo no he visto nunca a los Dreyfus, ¿podría usted confirmarme el número

exacto de miembros del hogar y sus nombres?

PERRIER

Eran cinco.

El padre, Jacob… su esposa, Miriam… el hermano de ella, Bob…

CORONEL LANDA

¿Qué edad tiene Bob?

PERRIER

Treinta, quizá treinta y uno.

CORONEL LANDA

Continúe.

PERRIER

Y los hijos… Amos y Shoshanna.

CORONEL LANDA

¿Y las edades de los hijos?

PERRIER

Amos, seis, creo, y Shoshanna tenía quince o dieciséis, no estoy del todo seguro.

CORTE A

EXTERIOR. GRANJA LECHERA. DE DÍA.

La madre y sus tres hijas acaban de recoger la colada de la cuerda para tender ropa.

No pueden oír lo que ocurre dentro.

Los tres soldados nazis miran a las tres hijas.

VUELTA A LANDA Y PERRIER

CORONEL LANDA

Bien, supongo que con esto bastará.

Empieza a recoger sus papeles y los pone otra vez en el maletín.

El granjero sigue dando chupadas a su pipa, como si no pasara nada.

CORONEL LANDA

Aun así, antes de marcharme, ¿podría tomar otro vaso de su deliciosa leche?

PERRIER

Por supuesto.

El granjero se levanta, va a la nevera y saca la jarra de leche. Mientras el granjero

anda y luego llena el vaso del coronel nazi, el oficial alemán se pone a hablar.

CORONEL LANDA

Monsieur LaPadite, ¿sabe usted cuál es el apodo que me ha dado el pueblo de

Francia?

PERRIER

No me interesan este tipo de cosas.

CORONEL LANDA

Pero ¿sabe usted cómo me llaman?

PERRIER

Lo sé.

CORONEL LANDA

¿Y qué es lo que sabe?

PERRIER

Que le llaman el Cazador de Judíos.

CORONEL LANDA

¡Exacto! Ahora entiendo su inquietud al decirlo.

Antes de ser asesinado, parece que Heydrich odiaba el apodo que le puso la buena

gente de Praga.

Por qué odiaba el nombre del Verdugo es algo que no acierto a comprender.

Diría que hizo todo lo que pudo para ganárselo. A mí, en cambio, me encanta el

título no oficial que me han dado, justamente porque me lo he ganado.

Mientras el Cazador de Judíos saborea la leche fresca, continúa teorizando con el

granjero francés.

CORONEL LANDA

Lo que hace de mí un cazador de judíos tan eficaz es que, al contrario de la

mayoría de los soldados alemanes, sé pensar como un judío, mientras que ellos

solo saben pensar como alemanes o, más exactamente, como soldados alemanes.

Si hubiera que determinar qué atributo comparte con una bestia el pueblo alemán,

ese sería el instinto astuto y depredador del halcón.

Con los negros serían los del gorila: cerebro, labios, olor, fuerza física y tamaño

del pene. Pero si uno tuviera que determinar qué atributos comparten los judíos

con una bestia, estos serían los de la rata.

Tanto el Führer como la propaganda de Goebbels han dicho más o menos lo

mismo.

En lo que difieren nuestra conclusiones está en que yo no considero un insulto tal

comparación.

Considere por un momento el mundo en el que vive la rata. Es, ciertamente, un

mundo hostil.

Si una rata se pusiera a corretear por delante de su puerta ahora mismo, ¿no la

trataría con hostilidad?

PERRIER

Supongo que sí.

CORONEL LANDA

¿Alguna vez una rata le ha hecho algo que justifique la aversión que usted siente

por ellas?

PERRIER

Las ratas propagan enfermedades, muerden a la gente…

CORONEL LANDA

A menos que alguien sea lo bastante estúpido como para intentar coger viva una

de ellas, las ratas no tienen la costumbre de morder a los seres humanos.

Las ratas fueron la causa de la peste bubónica, pero eso pasó hace ya bastante

tiempo. En todos los años que lleva vividos, ¿ha sido alguna rata causa de que

usted estuviera enfermo un solo día de su vida?

Además, déjeme decirle que cualquier enfermedad que pueda propagar una rata,

la puede igualmente transmitir una ardilla.

Aun asi, supongo que no siente usted la misma aversión por las ardillas que por

las ratas, ¿verdad que no?

PERRIER

No.

CORONEL LANDA

No obstante, ambos animales son roedores, ¿no es así? Y excepto por el hecho de

que uno tiene una cola grande y tupida, y el otro tiene una cola de piel de roedor

larga y repugnante, se parecen bastante los dos, ¿no es cierto?

PERRIER

Interesante reflexión, coronel.

CORONEL LANDA

Sin embargo, por muy interesante que sea la reflexión, no cambia lo más mínimo

lo que usted siente. Si una rata se pusiera a corretear por su puerta en este mismo

instante, ¿le ofrecería usted una taza de su deliciosa leche?

PERRIER

Posiblemente, no.

CORONEL LANDA

Eso mismo pensaba yo. A usted no le gustan las ratas. En realidad, no sabe bien

por qué no le gustan. De lo único que está seguro es de que las encuentra

repulsivas.

(Hace una pausa para

que la metáfora sea

asimilada.)

En qué mundo tan tremendamente hostil se ve obligada a vivir una rata. No

obstante, no solo sobrevive sino que además se propaga en él. Y la razón está en

que nuestro pequeño enemigo tiene un instinto de supervivencia y conservación

insuperable. Y eso, monsieur, es en lo que se parece un judío a una rata. Por

consiguiente, un soldado alemán registra una casa sospechosa de estar

escondiendo judíos. ¿Dónde buscará un halcón? Buscará en el establo, buscará en

el ático, buscará en el sótano… buscará en cualquier sitio donde él mismo se

escondería. Pero hay muchos sitios en los que a un halcón no se le ocurriría nunca

esconderse. En cualquier caso, la razón por la que el Führer me ha hecho venir

desde mis Alpes de Austria hasta esta francesa tierra de vacas, es porque a mí sí

que se me ocurriría. Porque yo sí sé de qué tremendas hazañas son capaces los

seres humanos cuando pierden la dignidad.

(Cambiando de tono.)

¿Le importa si me fumo mi pipa también?

La apariencia de calma del granjero se va poco a poco debilitando.

PERRIER

Por favor, coronel, está usted en su casa.

El Cazador de Judíos saca una pipa y una bolsa con accesorios para fumar.

Curiosamente, la pipa es una calabaza, de piel amarilla y en forma de S, como la que

Sherlock Holmes hizo famosa.

Mientras el coronel nazi se prepara la pipa, continúa dando conversación en la mesa

del francés.

CORONEL LANDA

El otro error que comete el soldado alemán es el tratamiento severo que dispensa

a los ciudadanos que dan refugio y ayuda a los judíos. Esos no son enemigos del

estado. Son simplemente gente desorientada que trata de encontrar una lógica a la

locura que crea la guerra. No hay razón para que esos ciudadanos sean castigados.

Lo único que hay que hacer con ellos es recordarles cuáles son sus deberes en

tiempo de guerra.

Pongámosle a usted como ejemplo, monsieur LaPadite.

En esta guerra, se ha encontrado en medio de un conflicto que nada tiene que ver

con usted, ni con sus encantadoras mujeres, ni con sus vacas, pero, aun así, aquí

está.

Entonces, monsieur LaPadite, permítame que le plantee una cuestión. En estos

tiempos de guerra, ¿cuál es su obligación principal? ¿Es acaso luchar contra los

alemanes, en nombre de Francia, hasta su último aliento? ¿Es quizá hostigar, lo

mejor que usted pueda, al ejército invasor? ¿Es proteger a las desventuradas

pobres víctimas de esta guerra, que son incapaces de defenderse solas?

¿O es tal vez su deber principal, en estos días de derramamiento de sangre,

proteger a estas hermosas damas que componen su familia?

El coronel espera a que esta última enunciación haga su efecto.

CORONEL LANDA

Era una pregunta, monsieur LaPadite. En estos tiempos de guerra, ¿cuál considera

usted que es su deber principal?

PERRIER

Proteger a mi familia.

CORONEL LANDA

Bien, mi obligación es ahora hacer que mis hombres entren en su casa y lleven a

cabo un registro minucioso, y así podré tachar de mi lista el nombre de su familia.

Y si no hay ninguna irregularidad puede estar seguro de que lo tacharemos.

Esto es, a menos que tenga usted algo que contarme y haga innecesario tal

registro.

(Pausa.)

Podría añadir también que cualquier información que facilite el cumplimiento de

mi deber no será castigada. Más bien, al contrario, será recompensada. Y la

recompensa será que el ejército alemán dejará de molestar en forma alguna a su

familia durante el resto de nuestra ocupación de su país.

El granjero, con la pipa en la boca, se queda mirando por encima de la mesa a su

oponente alemán.

CORONEL LANDA

Está usted dando refugio a enemigos del estado, ¿no es cierto?

PERRIER

Sí.

CORONEL LANDA

Los tiene escondidos bajo el suelo de su piso, ¿no es así?

PERRIER

Sí.

CORONEL LANDA

Señáleme el lugar donde se esconden.

El granjero señala la zona del suelo bajo el cual están escondidos los Dreyfus.

CORONEL LANDA

Ya que no he oído ninguna alteración, imagino que aunque estuvieran escuchando

no entienden el inglés, ¿cierto?

PERRIER

Sí.

CORONEL LANDA

Ahora voy a volver a hablar en francés, y quiero que me siga usted en la farsa.

¿Está claro?

PERRIER

Sí.

El coronel Landa se levanta de la mesa y, volviendo a hablar en FRANCÉS, dice

(SUBTITULADO EN CASTELLANO):

CORONEL LANDA

Monsieur LaPadite, le doy las gracias por la leche y por su hospitalidad; creo que

nuestro asunto aquí está liquidado.

El oficial nazi abre la puerta de entrada, y calladamente hace señas a sus hombres

para que se acerquen a la casa.

CORONEL LANDA

Madame LaPadite, gracias por el tiempo que me ha dedicado. No vamos a

molestar más a su familia.

Los soldados entran por la puerta: el coronel Landa señala en silencio la zona del

suelo bajo el cual se esconden los judíos.

CORONEL LANDA

Entonces, monsieur y madame LaPadite, les doy mi «adieu».

Con el dedo índice les hace señas a los soldados.

Los soldados DESTROZAN el suelo con FUEGO DE AMETRALLADORA.

La casita del granjero se llena de HUMO, POLVO, ASTILLAS, GRITOS,

CASQUILLOS DE BALA e incluso un poco de SANGRE.

A un gesto del coronel, los soldados dejan de disparar.

El coronel mantiene levantado el dedo para indicar silencio.

BAJO EL SUELO DEL PISO

La familia Dreyfus entera yace muerta. Excepto SHOSHANNA, la hija de dieciséis

años, que milagrosamente no ha sido alcanzada por las balas nazis. Rodeada por su

familia muerta, la jovencita trata de escapar por el único camino posible que la

llevará a la libertad (representada por una rejilla metálica de ventilación).

El CORONEL LANDA

oye movimiento bajo el suelo del piso, mira hacia abajo y ve una FIGURA que se

mueve entre los tablones del suelo.

CORONEL LANDA

¡Es la chica! ¡Que nadie se mueva!

El RESPIRADERO

es DERRIBADO y se abre, la chica SALE de golpe.

El CORONEL LANDA

atraviesa la habitación y ve a la chiquilla, que CORRE hacia el bosque, en busca de

cobijo. El coronel descorre el pestillo de la ventana y la abre. Shoshanna queda

perfectamente ENMARCADA por la ventana.

SHOSHANNA

CORRE hacia el bosque. La casa de la granja y el coronel se ven al FONDO.

PIES SUCIOS Y DESCALZOS

PERCUTEN contra la hierba fresca.

PRIMER PLANO DE LA CARA DE SHOSHANNA

como la de un animal perseguido por un depredador: HUIDA – PÁNICO – TEMOR.

PLANO SUBJETIVO de SHOSHANNA

El amparo de los árboles está cada vez más cerca.

CORONEL LANDA

enmarcado por la ventana, empuña su WALTER y, con el brazo extendido, apunta

hacia la judía que se escapa, a la vez que con el pulgar amartilla el percutor.

PLANO SUBJETIVO del CORONEL LANDA

de la huida de Shoshanna.

PRIMER PLANO del CORONEL LANDA

ZOOM LENTO hacia sus ojos, mientras apunta.

PRIMER PLANO del PERFIL de SHOSHANNA,

que corre frenéticamente para ponerse a salvo.

El CORONEL LANDA

cambia de idea. Le chilla a la rata que huye del cepo, en busca de cobijo en la

espesura del bosque, en FRANCÉS, SUBTITULADO EN CASTELLANO:

CORONEL LANDA

¡Au revoir, Shoshanna!

SHOSHANNA

alcanza el bosque y desaparece.

El coronel de las SS cierra la ventana.

EXTERIOR. GRANJA LECHERA. DE DÍA.

El descapotable nazi se ALEJA.

EXTERIOR. DESCAPOTABLE NAZI (EN MOVIMIENTO). DE DÍA.

El coronel Hans Landa, sentado en el asiento trasero del descapotable, que se aleja de

la casa de la granja francesa.

Landa habla con su chófer en ALEMÁN, SUBTITULADO EN CASTELLANO:

CORONEL LANDA

Hermann, ¿noto cierta desaprobación en tu expresión? ¿Me la explicas?

CHÓFER

¿Por qué permitió escapar a un enemigo del estado?

CORONEL LANDA

Oh, no creo que el estado corra demasiado peligro, ¿no crees?

CHÓFER

Supongo que no.

CORONEL LANDA

Me alegra que lo veas como yo. Además, no pegarle un tiro por la espalda a una

quinceañera no es necesariamente lo mismo que dejarla escapar. Es una chiquilla

sin comida, ni cobijo, ni zapatos, que acaba de presenciar la masacre de toda su

familia.

Puede que no sobreviva a esta noche. Y después de que se corra la voz sobre lo

que ha pasado hoy, es muy improbable que encuentre a algún granjero dispuesto a

ayudarla. Si tuviera que adivinar el destino que le espera, diría que posiblemente

será entregada por algún vecino. O que será descubierta por algún soldado

alemán. O que encontraremos su cuerpo en el bosque, muerta de hambre o de frío.

O quizá… sobreviva. Quizá logre que no la capturen y escape a América. Se

trasladará a la ciudad de Nueva York. Y allí será elegida presidenta de Estados

Unidos.

El coronel de las SS se ríe de su propia gracia.


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